sábado 14.12.2019

La salud no se vende ni se delega, se defiende

NUEVATRIBUNA.ES - 19.4.2010El trabajo ha transformado y transforma el mundo a la vez que conforma las sociedades y a los seres humanos. Es la principal fuente de producción de riqueza material, social y personal. Pero, a la vez, a causa del trabajo mueren anualmente millones de personas y millones quedan inválidas de por vida. Lesiones traumáticas y enfermedades originadas por el trabajo ocasionan dolor y sufrimientos a los trabajadores y a sus familias.
NUEVATRIBUNA.ES - 19.4.2010

El trabajo ha transformado y transforma el mundo a la vez que conforma las sociedades y a los seres humanos. Es la principal fuente de producción de riqueza material, social y personal. Pero, a la vez, a causa del trabajo mueren anualmente millones de personas y millones quedan inválidas de por vida. Lesiones traumáticas y enfermedades originadas por el trabajo ocasionan dolor y sufrimientos a los trabajadores y a sus familias.

Aunque menos visible, pero igual de real, el trabajo también es causa de insatisfacción, sufrimientos, fatiga y desgaste de los trabajadores. Los años medios de vida descienden según el trabajo sea más penoso, se trabaje durante más tiempo y expuesto a mayores riesgos. El trabajo ocupa la mayor parte del tiempo en la vida del trabajador. Si es patológico se convierte, con diferencia, en el riesgo más grave y constante para su vida. La prestigiosa revista médica The Lancet lo definía con acierto en un editorial: “El trabajo perjudica seriamente la salud”.

Los avances tecnológicos aplicados a la actividad productiva han eliminado antiguos riesgos pero originan otros. La utilización masiva de maquinaria en las sociedades desarrolladas ha reducido la carga física, pero las nuevas actividades, las nuevas tecnologías y la nueva organización del trabajo han aumentado los riesgos posturales y la carga mental. La fabricación continua y la utilización de nuevas sustancias y nuevos materiales originan riesgos nuevos y desconocidos para la salud del trabajador que sufre una exposición permanente y masiva. Los rápidos cambios en las tecnologías, la intensificación y las demandas de mayor productividad y rapidez en la adaptación para el trabajador generan estrés físico y mental. El principio del beneficio económico inmediato se antepone al principio elemental de precaución.

Los accidentes y las enfermedades del trabajo no son ni fortuitos ni inevitables. Como nos advierte Sami Dassa “La realización de un acto o proceso productivo peligroso incluye una elección humana que lleva consigo un cierto nivel de riesgo para los operadores. El riesgo ya no tiene nada de fatal, es, más o menos deliberada o implícitamente elegido. No existiría verdaderamente fatalidad”. Sólo existiría fatalidad en casos muy excepcionales. La mayoría, por tanto, tienen su causa en sistemas de trabajo con riesgo impuestos por los empresarios, que son los que eligen y deciden entre sistemas con riesgo o sistemas sin riesgo, para conseguir más beneficios económicos a costa de la vida y el sufrimiento de los trabajadores.

Se antepone así el crecimiento económico del beneficio para una minoría al sufrimiento de la mayoría. Además el empresario no recibe la represión social, económica, jurídica, política, proporcional a su comportamiento. Muchas veces, por el contrario, sutilmente, se criminaliza a la víctima, descargando sobre ella la responsabilidad. Al contrario de lo que sucede en las estrategias empresariales ante sus clientes, a los que tienen en mucha mayor consideración que a sus trabajadores. Las posibles repercusiones en pérdidas de mercado, las posibles denuncias civiles con indemnizaciones millonarias y la percepción social negativa, diferencia este comportamiento empresarial respecto al que tiene ante el trabajador. Es menos costoso económicamente sustituir a un trabajador que sustituir a un cliente.

Ante las peligrosas condiciones de trabajo y sus consecuencias dramáticas, los trabajadores han reaccionado movilizándose y esa actitud está en el origen de la mayoría de los primeros conflictos obreros, de la promulgación de las primeras normas laborales y del propio Derecho del Trabajo.

A lo largo de las historia del trabajo y de la salud de los trabajadores, la presión y movilización de éstos ha jugado el papel decisivo en los cambios. En el origen y evolución de la legislación social, en el derecho a la protección sanitaria y económica frente al daño sufrido, en la evolución de la seguridad en los equipos de trabajo, en la exigencia de prevención frente a los riesgos.

Hoy las organizaciones sindicales deben de desempeñar, con la movilización y la negociación, ese papel de promotores de nuevas normas ante nuevos peligros y de la ejecución, actualización y adaptación de las existentes. El modo de producción y la relación de fuerzas en cada fase histórica: las tecnologías, la organización de la producción y del trabajo, la capacidad, formación y habilidades de los trabajadores y las relaciones laborales y condiciones de vida tienen una influencia decisiva. Y el cuidado de la salud, la prevención y la eliminación de los riesgos en el origen son las actuaciones más eficaces en las que se necesita actuar con mucha más energía.

Si el afectado directo y su entorno familiar son los que sufren el daño mayor no se debe de olvidar que la pérdida es también para el conjunto de la sociedad. Por eso la sociedad y sus representantes, los poderes públicos y las organizaciones sociales, tienen la legitimidad y la obligación de actuar.

La Declaración Mundial de la Salud adoptada por la comunidad sanitaria mundial en 1998, reconoce que la mejora de la salud y el bienestar de las personas, constituye el objetivo fundamental del desarrollo social y económico.

Es intolerable y profundamente contradictorio e injusto que los que generan ese desarrollo social y económico, cuyo objeto fundamental es la salud y el bienestar de todos, no sólo no los disfruten, sino que paguen con su pérdida.

El trabajo ha conformado y conforma al individuo y la sociedad. Es imprescindible para uno y para otra, y la única fuente básica de riqueza. Es el modo de trabajar el que hay que cambiar.

No debemos aceptar como normal que el trabajador sufra, enferme o pierda la vida a causa del trabajo. La solución de los problemas presentes y futuros de la salud en el trabajo, sean estos del carácter que sea, pasa por el protagonismo de los trabajadores, que son los únicos que reciben sus efectos dolorosos.

Gregorio Benito Batres - Analista de salud laboral.









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