sábado 23/10/21

La responsabilidad de los sindicatos

nuevatribuna.es | 01.02.2011Estos días se está hablando mucho de la responsabilidad que han demostrado los sindicatos al haber llegado a un acuerdo con Gobierno y empresarios. Creo que es verdad, que los sindicatos han demostrado su responsabilidad, pero no menos responsables fueron al convocar la HG del 29-S.

nuevatribuna.es | 01.02.2011

Estos días se está hablando mucho de la responsabilidad que han demostrado los sindicatos al haber llegado a un acuerdo con Gobierno y empresarios. Creo que es verdad, que los sindicatos han demostrado su responsabilidad, pero no menos responsables fueron al convocar la HG del 29-S. Porque el compromiso sindical no está con las políticas liberales que hace Zapatero, sino con evitar (o minimizar) los daños que esas políticas pueden provocar en los trabajadores, fundamentalmente en aquellos sectores más desprotegidos. Es así, y solo así, como se debe interpretar la firma sindical.

Después de la reforma laboral, ante la reforma de las pensiones CCOO y UGT tenían dos posibilidades: seguir con las movilizaciones o plantearse un pacto global que limitase los efectos negativos de las múltiples reformas emprendidas por el Gobierno. Probablemente, durante el mes de diciembre han estado valorando la coyuntura política, la posición de los diferentes grupos parlamentarios, los posibles aliados, la posibilidad de cambiar la correlación de fuerzas con movilizaciones… y al final han optado por explorar la vía del acuerdo.

El acuerdo me parece aceptable, más teniendo en cuanta las expectativas de hace dos meses. Modifica decisiones tomadas por el Gobierno (elimina como causa de despido objetivo la previsión de mal resultado económico, incrementa la prestación a los parados que han acabado con el subsidio) y evita las propuestas más regresivas en materia de negociación colectiva. En cuanto a las pensiones, es cierto que se queda lejos de los objetivos sindicales pero consigue mayor flexibilidad, cotización para los trabajadores en prácticas y becarios, cotización para madres o padres por cuidado de hijos, coeficiente de reducción para trabajos penosos o peligrosos con cotización extra de las empresas, integración de regímenes especiales, mejora en la pensión de viudedad… y la posibilidad de seguir jubilándose a los 65 años para el 50% de los actuales trabajadores con más años de trabajo a sus espaldas.

Parados, mujeres, jóvenes, trabajos peligrosos, colectivos discriminados por el sistema… Para ser los sindicatos unos grupos de vividores que van a lo suyo, “unas gestorías de sus propias estructuras internas” como consideran algunos, no está nada mal.

En todo este proceso también hay elementos preocupantes. La crisis, lejos de propiciar una reforma del sistema capitalista ha reforzado los elementos más agresivos de éste y debilitado los derechos de los trabajadores, bascula considerablemente la correlación de fuerzas a favor del capital. Las reformas promovidas por Zapatero no son las que necesitan el mercado de trabajo, la negociación colectiva o el sistema de pensiones, con lo que además de ser lesivas para los trabajadores pueden ser un obstáculo para alcanzar los objetivos que dicen pretender. El ejemplo de la reforma laboral (más paro y más precariedad) es evidente.

El debate en torno a las reformas en general, pero especialmente en relación a las pensiones ha estado trufado de razonamientos simplistas, de medias verdades cuando no evidentes mentiras (que es un problema demográfico, cuando si se crease empleo los inmigrantes paliarían este déficit; no ligar la pensiones con el sistema de protección social y, por lo tanto también con la riqueza que se genera en el país, no solo con los años que vives o trabajas; dar a entender que el porcentaje de pensionistas sobre la población aumentará indefinidamente, mientras que la tendencia después de 2050 es a decrecer hasta estabilizarse…) que dificulta a la ciudadanía la comprensión de los verdaderos problemas y, por lo tanto, la búsqueda de soluciones ajustadas.

Ahora CCOO y UGT están ante otra disyuntiva, pueden sacar pecho, hacer de la necesidad virtud, cambiar la línea argumental y pretender que el acuerdo es un gran éxito o explicar las razones del mismo y cuáles son sus limitaciones. Si la opción es la segunda (otra muestra de responsabilidad) ganarán credibilidad y prepararán ideológicamente a los trabajadores ante los nuevos retos, si no, la incomprensión, el sentimiento de frustración se extenderá entre los colectivos que ven empeorar sus expectativas de jubilación.

Enrique Tordesillas | Colaborador de El Periódico de Aragón y Radio Zaragoza y miembro del Observatorio de la Fundación 1º de Mayo "Sindicalismo y cambio en el mundo del trabajo".

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