jueves 21/10/21

La necesaria movilización como elemento reequilibrante de la accion política

Asistimos a un momento histórico: un punto de inflexión en nuestro hasta ahora estado de derecho y del bienestar. Una vez superado el impacto de conocer la degradante reforma laboral, asistimos al intento del Gobierno de justificar con todos los medios a su alcance las esclavizantes medidas laborales que el texto contiene. Este punto en el que nos encontramos promete ser duro y controvertido, toda vez que la estrategia del Gobierno no ha dado el fruto esperado.

Asistimos a un momento histórico: un punto de inflexión en nuestro hasta ahora estado de derecho y del bienestar.

Una vez superado el impacto de conocer la degradante reforma laboral, asistimos al intento del Gobierno de justificar con todos los medios a su alcance las esclavizantes medidas laborales que el texto contiene. Este punto en el que nos encontramos promete ser duro y controvertido, toda vez que la estrategia del Gobierno no ha dado el fruto esperado. Rajoy deliberadamente, en un fingido episodio de “micrófonos abiertos”, dejó que oyéramos su preocupación por la “posible huelga” que le costaría la “agresiva reforma laboral”. Este sainete pretendía que las organizaciones sindicales nos apresuráramos en convocar una huelga, que con poco tiempo en la explicación y preparación de la misma, tenía serios riesgos de no ser suficientemente secundada.

Sin embargo, la calle está marcando un revés que puede ser mucho más difícil de digerir, a la vista de los resultados, para el Gobierno: a muy pocos días de la promulgación de la reforma laboral, las manifestaciones del 19 de Febrero han sorprendido como una de las protestas más multitudinarias de la democracia, dato incontestable. Pero lo mejor es que esto no ha hecho más que empezar. Esa potencialidad en la protesta creciente es la que posiblemente le pueda costar cara al Gobierno (con cualquier otro gobierno la protesta del domingo 19 sería suficiente para determinar que la reforma laboral no ha superado el referéndum de la calle).

De momento, los apoyos crecen: más de cuarenta organizaciones sociales y sindicales han firmado una manisfiesto en defensa del estado de bienestar y los servicios públicos, mientras se prepara la próxima cita: manifestación en toda Europa el próximo 29 de Febrero, día en el que los trabajadores y trabajadoras de la Comunidad de Castilla la Mancha, gobernada por Cospedal (recién ratificada como Secretaria General del PP), han convocado la primera Huelga General autonómica de todo el país.

En la batalla por convencer, el Gobierno esgrime el argumento de la CEOE que viene a decir que la anterior normativa laboral impedía la creación de empleo. Esto es rotundamente falso y demostrable. ¿Olvidan que fue con esa misma normativa laboral con la que se creó empleo durante la época de Aznar en plena burbuja inmobiliaria, algo de lo que han presumido hasta la saciedad durante la campaña electoral? Además, ocultan que en aquellos momentos la normativa laboral española servía para que creciéramos por encima de países como Alemania (un 6,2% frente a un 6% alemán en el periodo 1995-2007), incluso en el primer gobierno de Zapatero, cuando el debate sobre la flexiseguridad se instaló ya con fuerza en Europa, pues las economías se estaban ralentizando e incluso parando como era el caso de Alemania. Entonces España, que aún crecía al 5,4%, desafió las recomendaciones europeas y estableció una reforma laboral garantista, absolutamente contraria a las tesis de la flexiseguridad recomendadas por el Eurogrupo.

Y aun crecimos más. El problema es que, aun con esta normativa más garantista, el empleo creado durante la burbuja inmobiliaria era de tan baja calidad que la sangría de puestos de trabajo al estallar ha tenido graves consecuencias. Y el dato más clarificador: la mayoría del empleo destruido durante la crisis en España corresponde a los autónomos, a los que no se les aplica el Estatuto de los Trabajadores.

Aquí entra en juego otro factor que demuestra la falsedad de las teorías del Gobierno y de la CEOE: la calidad del empleo creado es un factor para la continuidad del mismo. Si la normativa laboral es la culpable de que se destruya empleo y la responsable, a la par, de que no se pueda crear ¿por qué entonces en el País Vasco apenas ha crecido el paro con la crisis? ...si tienen la misma normativa laboral que en el resto del país. Lo que sí es diferente es el tejido industrial y, sobre todo, el empresariado, comprometido en algo que, en plena crisis, debería ser un elemento de gestión prioritario y un colchón para evitar la fractura social del desempleo: la responsabilidad social de las empresas.

Sí, ya sé, pensando en algunos responsables de la CEOE, a buen seguro que algún lector habrá soltado una carcajada. Pero es cierto, el empresariado vasco practica el compromiso con su sociedad poniendo en valor la empresa, como motor de creación de riqueza y desarrollo del entorno en el que, por otra parte, todos han de convivir. Esta definición está en las antípodas de episodios de quiebras empresariales que aún tenemos en la retina: ¿Spanair?

La siguiente falsedad, reconocida por Rajoy y la CEOE de forma casi simultánea, es que la reforma laboral creará empleo cuando “los vientos económicos sean favorables a España”. La falsedad, en este caso, consiste en restringir la creación de empleo en el marco de la reforma sólo en estas circunstancias. Todas las economías crean empleo cuando tienen crecimiento económico. El problema es que esta reforma nos sitúa cada vez más lejos de ese crecimiento: bajar salarios es la vía directa a la destrucción de empresas y empleo, a una mayor precariedad e insatisfacción y a una nueva recesión y crisis.

En realidad, los recortes del gasto público social, y consiguiente debilitamiento, cuando no desmantelamiento, del Estado del Bienestar, tienen como objetivo principal el debilitamiento del mundo del trabajo, implicando una pérdida de derechos sociales y laborales que los trabajadores habían conseguido en periodos anteriores.

Como ha dicho el profesor Vicenç Navarro, estamos viendo el ataque más frontal a la clase trabajadora que se haya vivido desde el establecimiento de la dictadura fascista que imperó en España hasta 1978, cuyo objetivo fue también debilitar al mundo del trabajo a costa del mundo del capital. De hecho, cuando terminó la Dictadura, España tenía los salarios más bajos de Europa.

Es lo que Noam Chomsky llama “la guerra de clases unilateral” del capital frente al trabajo, que el primero está ganando, a través, entre otras victorias, del desmantelamiento de las instituciones democráticas.

Para ello, el Gobierno simultanea la ofensiva legal o democrática (imponiendo su mayoría absoluta que refrendará la reforma laboral) con la ofensiva hacia las organizaciones sindicales, a través de una intoxicación lenta pero implacable, olvidando el respeto debido a organizaciones reconocidas en la Constitución Española, a las que respaldan más de 14 millones de votos voluntarios en las elecciones sindicales (sólo entre CCOO y UGT) y que han contribuido históricamente a la conformación democrática de nuestro estado y a la conquista de derechos y libertades sociales, pues no lo olvidemos, sistemáticamente todos los gobiernos incurren en la misma práctica: no ceder gratuitamente nada a los trabajadores.

Todos los avances logrados han sido objeto de lucha. Por eso, cuando ahora tan alegremente el gobierno del PP nos recorta o anula un derecho, se pierden años de lucha que es muy difícil de reponer. ¿Cómo recuperaremos los derechos perdidos con esta reforma que nos sitúan en el siglo XIX al comienzo de la configuración del derecho de protección al trabajador? Difícil, cuando no imposible.

Es en este punto donde la derecha, que sabe que tiene mucho que perder, despliega el juego más sucio y el ataque más vil e ignominioso a través de los medios: prensa, diarios digitales y, sobre todo, a través de un canal de televisión que tanto daño está causando en nuestro país. Sí, digo daño a nuestro país, porque que el objeto de un canal de televisión consista en el extremo de la máxima Goebbeliana, repetir 24 horas al día insultos, falacias y descalificaciones de todo tipo a los sindicatos y otras organizaciones progresistas e instituciones de nuestro país, lo único que hace es radicalizar la opinión pública y la sociedad, sembrando odio y rencor entre la población, utilizando el espíritu revanchista que aún queda en la retina colectiva, procedente de aquella funesta época dictatorial. Esta televisión repugnante, está cociendo un caldo de cultivo terrible que administra en dosis medidas para hacer el mayor daño posible a lo Público y a quien lo defiende y, con el Partido Popular administrando la mayor cantidad de poder que nadie haya tenido en nuestra democracia, todo les es más fácil. Están reeditando las dos Españas.

Frente a esta avalancha, las fuerzas progresistas debemos responder con toda contundencia ante una amenaza que quiere poner en valor unas nuevas formas de esclavitud que tienen sus raíces en el siglo XIX y pretenden su apogeo en el XXI. Y el miedo y las dudas sembradas, son sólo un artilugio más para fortalecer las cadenas.

La protesta y la movilización se vuelven herramientas que reequilibran la acción política, tal y como se expresa en el discurso pronunciado por la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, con el objeto de desacreditar la protesta del 19 de Febrero: “El apoyo al Gobierno es infinitamente mayor que el que tuvieron las movilizaciones. La respuesta que vimos no era una respuesta mayoritaria ni muchísimo menos de la población española”. Hagamos entre todos la protesta que necesita ahora España: que el apoyo sea infinitamente mayor en las calles que el que el Gobierno recibió en las urnas. Próxima protesta el 29 de Febrero, hazla tuya, sobran motivos.

La necesaria movilización como elemento reequilibrante de la accion política
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