lunes 10/8/20

La mayoría silenciosa de Rajoy, el "Nixon" español

El 3 de noviembre de 1969, Richard Nixon se dirigió al pueblo estadounidense -inmerso en el conflicto bélico de Vietnam-, en un discurso que se conoce como “The Silent Majority speech”, para decirles que por muchas demostraciones públicas que hicieran en la calle manifestándose en contra de la guerra, no iba a cambiar su política, puesto que su obligación era tomar decisiones independientemente de lo que las minorías fervorosas

El 3 de noviembre de 1969, Richard Nixon se dirigió al pueblo estadounidense -inmerso en el conflicto bélico de Vietnam-, en un discurso que se conoce como “The Silent Majority speech”, para decirles que por muchas demostraciones públicas que hicieran en la calle manifestándose en contra de la guerra, no iba a cambiar su política, puesto que su obligación era tomar decisiones independientemente de lo que las minorías fervorosas quisieran imponer con sus algaradas callejeras. Él gobernaba para la “mayoría silenciosa”, a la cual vinculaba con los principios constitucionales más rectos y al futuro como nación libre de los Estados Unidos. Este es un extracto:

"Reconozco que algunos conciudadanos están en desacuerdo con el plan para la paz que he elegido. Honestos y patriotas americanos han llegado a conclusiones diferentes sobre cómo debe alcanzarse la paz. En San Francisco hace unas semanas he visto manifestantes llevando pancartas donde se leía: "Derrota en Vietnam, trae a los chicos de vuelta a casa". Bueno, una de las fortalezas de nuestra sociedad libre es que cualquier americano tiene derecho a alcanzar esa conclusión y a defender ese punto de vista. Pero como Presidente de los Estados Unidos, estaría incumpliendo el juramento de mi cargo si permito que la política de esta nación sea dictada por una minoría que comparte este punto de vista y que trata de imponérselo a la nación a través de manifestaciones en la calle. Durante casi 200 años la política de esta nación se ha realizado en base a nuestra Constitución por los líderes en el Congreso y en la Casa Blanca electos por toda la ciudadanía. Si una ruidosa minoría, por más ferviente que sea su causa, prevalece sobre la razón y la voluntad de la mayoría, esta nación no tiene futuro como sociedad libre." (Discurso de la Mayoría Silenciosa”. Richard Nixon) 

Esas minorías fervorosas que trataban de “imponer” -según Nixon- otras políticas, que trataban de romper el recto principio constitucional emanado del Congreso electo por los norteamericanos, protestaban nada más ni nada menos que contra la Guerra de Vietnam. Dicen que la historia está condenada a repetirse, y ha tenido que ser el Presidente de España el que de manera tan nefasta reeditara esta triste página de la misma. Desde un punto de visto sociológico y desde el análisis político, los errores de Nixon y de Rajoy son innumerables. Tantos son los errores que es difícil pensar que estas cosas se digan por equivocación.

Seguramente el error más grave sea asociar los principios constitucionales y democráticos con los que no se rebelan en la calle contra las medidas del Gobierno, mientras que los movimientos legítimos de protesta social se connotan negativamente asociándolos con minorías que tratan de saltarse el orden establecido para imponer sus propias normas no decididas por el conjunto de los ciudadanos. Esto no es así. Los movimientos sociales suelen recoger estados de ánimo de una población que no se siente representada con las políticas de sus gobernantes y utiliza la protesta como medio inmediato de expresar democráticamente su opinión. Son microreferendums donde no se trata de saltarse el orden constitucional sino de adaptarlo a la voluntad de la ciudadanía.

De esta forma, tampoco es correcto pensar que los ciudadanos que no marchan en manifestación en la calle son partidarios de las medidas que adopta el Gobierno, puesto que es absolutamente común que los movimientos sociales supongan avanzadillas del sentir ciudadano que también representan miles de voluntades de ciudadanos que se sienten afines a la protesta pero que no acuden por su menor hábito reivindicativo o por simple delegación en estos movimientos que ejercen su libertad de oponerse a las medidas de los gobiernos en la calle. Conviene recordar que las manifestaciones que se están produciendo en España, Portugal, Grecia, Nueva York,...así como en su día fueron las contrarias a la Guerra de Vietnam, son reivindicaciones donde encajan grupos sociales de muy diferentes tipos y no pueden vincularse exclusivamente como se pretende con movimientos sindicales, siendo estos un importante canal de movilización puesto que representan a un gran número de ciudadanos. La que protesta es la sociedad en su conjunto.

Otro grave error es asociar las decisiones que toman los gobernantes con la verdad absoluta decidida por el conjunto de los ciudadanos en los procesos electorales. Esto tampoco es así, ya que a ningún ciudadano estadounidense se le preguntó cuando votó a Nixon si quería ir a la Guerra de Vietnam. Esto es pervertir el concepto de representatividad, dando por sentado que cuando el ciudadano vota delega todas sus opiniones, intereses y sentimientos en el político electo. Los que piensan de esta forma hacen un flaco favor a la democracia, puesto que esta debe entenderse como un proceso continuo de consulta y análisis del sentir ciudadano.

Cuando la sociedad protesta, generalmente es por que no se ve reflejada en las decisiones que se adoptan por su gobierno, y esto sucede cuando se toman medidas y decisiones que no cuentan con el respaldo de la ciudadanía, independientemente de que haya habido un proceso electoral. Las elecciones en democracia sirven para otorgar un mandato democrático que debe estar en constante revisión por parte de los ciudadanos, ya que los votos no dan legitimidad a los gobernantes para tomar las decisiones que les plazcan (no consultadas con el pueblo). Eso no es la legitimidad democrática de las urnas. Por eso existen los movimientos sociales. Porque la ciudadanía advierte que se está pervirtiendo su voto o que se están lesionando sus intereses de una manera excesiva o porque intuye que hay una falta de transparencia en las medidas que se adoptan.

Sobre falta de transparencia en cuanto a los motivos de las medidas que está adoptando el Gobierno español ver el demoledor y muy didáctico análisis de Vicenç Navarro en “La gran estafa: el presupuesto aprobado por el Gobierno” (Diario Digital Nueva Tribuna; 1/10/12), pero vamos a tratar de hacer más transparente aun los por qué de las protestas sociales en la calle contando lo que la cancillera alemana no cuenta.

Desde hace algún tiempo el Ministerio de Trabajo alemán está contactando con todos los servicios públicos de empleo de las regiones europeas con mayor tasa de desempleo juvenil. El motivo: pues que los demógrafos alemanes han advertido al Gobierno que en poco tiempo no alcanzarán la tasa de reposición de efectivos. Esto supone -por decirlo en términos sencillos- que no tienen jóvenes suficientes como para sostener su sistema productivo. ¿Qué están haciendo? Pues se han lanzado a firmar acuerdos con regiones europeas, especialmente España, que necesitan desesperadamente una salida laboral para sus jóvenes, donde ofrecen su famosa formación en prácticas en Alemania, pero aquí viene la sorpresa...los jóvenes que acudan a las prácticas se quedarán en Alemania. El acuerdo contempla facilidades para adquirir una vivienda e incluso plazas de guardería. Tan brillante es el plan que hasta en eso han pensado, ya que de esta manera evitan la destrucción de empleo en las guarderías del Estado y dan salida a viviendas vacías. Por eso darán preferencia en las prácticas a aquellos jóvenes que ya tengan algún hijo a su cargo. La idea está clara: una persona muy joven y con hijos en cuanto pase allí algún tiempo con trabajo, guardería y casa...es difícil que retorne a su país. La inversión queda en Alemania. Lo que España invirtió en ese joven se pierde.

Fíjense hasta qué punto el Gobierno alemán se dedica a construir su propio futuro que están intentando a través de estos acuerdos reorientar la inmigración en su país hacia una inmigración más latina, menos relacionada con lo árabe y con los posibles conflictos religiosos derivados. Es decir, prefieren a los españoles que a los turcos. Suena mal pero es así.

En resumen, nuestros jóvenes se irán a Alemania (como antiguamente) pero esta vez no volverán, y la pregunta que debemos hacernos no es sólo cómo evitar esta pérdida irreparable de nuestro capital humano y nuestro tejido social sino cómo podemos pensar a estas alturas y después de leer esto que Alemania va a contribuir en algo a ayudar a España a salir de la crisis. Lo que no cuenta Angela Merkel es que hasta que no haya cubierto su tasa de reposición con jóvenes españoles no dará orden al Banco Central Europeo de que fluya el crédito.

¿Hablamos de transparencia?

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