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viernes. 19.08.2022

La ley de la droga

NUEVATRIBUNA.ES - 15.9.2010Durante una recepción ofrecida por el embajador de México en Madrid, Jorge Zermeño, González reaccionó a la matanza del último fin de semana en Ciudad Juárez, en una especie de gigantesco tiroteo en el O.K. Corral, que le hizo exclamar, chispa más o menos que México, «está poniendo los muertos» mientras que el dinero generado por el mercado negro de las drogas, «los 350 o 360.
NUEVATRIBUNA.ES - 15.9.2010

Durante una recepción ofrecida por el embajador de México en Madrid, Jorge Zermeño, González reaccionó a la matanza del último fin de semana en Ciudad Juárez, en una especie de gigantesco tiroteo en el O.K. Corral, que le hizo exclamar, chispa más o menos que México, «está poniendo los muertos» mientras que el dinero generado por el mercado negro de las drogas, «los 350 o 360.000 millones de dólares están en la otra parte» de la frontera con Estados Unidos.

González es consciente de que una medida de esa índole excede a las competencias de un solo país: una legalización parcial de la droga sólo crearía extraños y aislados paraísos que lejos de resolver la situación de violencia, incrementarían considerablemente su escalada. De ahí que, a renglón seguido, viniera a proponer una Conferencia Internacional sobre este asunto. En primer lugar, porque cualquier solución al respecto debería ser consensuada desde el punto de vista político, desde el punto de vista policíaco pero también desde el punto de vista social: un debate de esta naturaleza dividió ya hace años a las coordinadoras contra la droga de Andalucía, que habían plantado cara conjuntamente a los mafiosos y que terminaron fragmentándose por esta discusión que tanta sensibilidad provoca, no sólo en los salones de la burguesía bienpensante sino en los propios suburbios marginales. Y no sólo entre los profesionales que luchan contra los efectos letales de dichas sustancias, sino entre los familiares de sus víctimas: como afirmó el inquilino de La Moncloa entre 1982 y 1996, la legalización de los narcóticos provocaría, en un principio, un inmediato repunte en su consumo, tal y como alertan los especialistas en salud. Claro que también las políticas preventivas podrían arraigar de forma más contundente en un clima de transparencia que en un clima de clandestinidad. Tal y como viene ocurriendo con la lucha contra el tabaquismo, por ejemplo, aunque no ocurra precisamente lo mismo con el alcohol cuya ingesta sigue disparándose. Por cierto, ¿alguien sabría explicar la paradoja que supone que siga siendo legal una droga como la nicotina, cuya relación con diversos tipos de cáncer parece demostrada, mientras que se persigue el hachís que se administra sin embargo terapéuticamente a quienes padecen tumores?

El ex presidente español habló naturalmente de la ley seca en Estados Unidos, que provocó una sangría y pingües beneficios a los gangsters: “¿Cuando acabó esa violencia?, no cuando metían en la cárcel por razones fiscales a los capos de aquella mafia sino cuando se acabó la prohibición y el negocio, con los impuestos que fuera y la fiscalidad que fuera, se hizo legal», afirmó González en referencia implícita al caso de Al Capone. Y a su juicio, así como al de otros muchos, la criminalidad organizada no es algo que concierna exclusivamente a México, sino un peligro mundial desde el corazón de Europa al de muchos otros lugares de Africa, Asia y América, fundamentalmente.

Es muy probable que el debate que plantea González nos conduzca a un callejón sin salida y que presiones muy poderosas sigan manteniendo a este negocio en el lado oscuro de la ley. Pero basta asomarse a la realidad cotidiana de las calles, de las cárceles, de centros educativo y lugares de ocio o de trabajo, para comprobar que los estupefacientes circulan por todas partes como si estuviesen en libertad vigilada, desde la doñablanca que reina en los lavabos del weekend, a la heroína que vuelve a asomar sus pezuñas cuando muchos de sus viejos yonquis ya no pueden contar sus devastadores efectos a las nuevas generaciones de adictos. Drogas de diseño, cannabis, fármacos, pegamento, alcohol o tabaco. Ahí están, al alcance de cualquiera y libre de impuestos. No falta quien diga que de legalizarse, al menos los Estados conseguirían nuevos ingresos que, a su vez, podrían financiar las campañas terapéuticas para rehabilitar a sus consumidores crónicos. No parece que el argumento economicista sea el más lucido: resulta burdo hablar de dinero cuando tanto la sociedad actual como sus drogas suelen empujarnos de forma inevitable hacia la locura o hacia la tristeza.

Más bien cabría preguntarnos por qué el ser humano sigue drogándose desde los inicios de la historia y a pesar de que en la mayor parte de las sociedad no todas las drogas fueron legales todo el tiempo. Quizá sería más interesante legalizar otro tipo de vida, otro tipo de sociedades, otro tipo de utopías que nos condujeran a un lugar distinto al de la melancolía, la avaricia y la violencia.

Juan José Téllez es escritor y periodista, colaborador en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Fundador de varias revistas y colectivos contraculturales, ha recibido distintos premios periodísticos y literarios. Fue director del diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como periodista independiente para varios medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha firmado los libretos de varios espectáculos musicales relacionados en mayor o menor medida con el flamenco y la música étnica. También ha firmado guiones para numerosos documentales.

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