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lunes. 08.08.2022

La izquierda transformadora en la encrucijada electoral

Son tres las acepciones que de la voz “encrucijada” encontramos al acudir al Diccionario de la Academia, “lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos”; “ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza”; y “situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir”.

Son tres las acepciones que de la voz “encrucijada” encontramos al acudir al Diccionario de la Academia, “lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos”; “ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza”; y “situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir”. Bien parece que las tres se ajustan a la situación que debe enfrentar la izquierda transformadora en los prolegómenos de la campaña electoral y ante la cita del próximo veinte de noviembre.

En su primera acepción, y en el caso de IU-EUiA, la encrucijada representa el dilema sobre qué camino debe tomar esta fuerza política en la actual coyuntura, si bien, como diría Alicia en el país de las maravillas, ello depende de a dónde quiera ir. La cuestión se centra, por lo tanto, en la selección de la línea adecuada para cumplir el objetivo de la recuperación en el imaginario colectivo de la posición de IU-EUiA como tercera fuerza política española, es decir, lo que de hecho hoy es, pero parece no ser. Un significativo aumento en votos, traducido en un importante crecimiento del número de parlamentarios, con un grupo parlamentario en el Congreso, reinsertaría en la percepción social generalizada la idea de que, contando en los grandes debates del país, no sólo la sociedad de izquierdas resiste sino también que ésta avanza institucionalmente frente a la inercia social-liberal y a la ofensiva de la derecha.

Una posición que sirva de cauce político-institucional a la indignación y a las fuerzas sociales organizadas, que influya en la realidad para modificarla, y que complemente con ello el sentido de desbordamiento democrático de las luchas sociales desplegadas en los últimos meses, desde la huelga general al movimiento de los indignados, para continuarlas.

Para llegar a ese lugar, todo menos el quietismo del asno de Buridán, es decir, todo menos la tercera acepción, “no saber qué conducta seguir”, antes al contrario, tener la certeza de la senda electoral por la que transitar, directamente vinculada a la caracterización del momento político y a la identificación de las señas de identidad que singularizarán la etapa que se abrirá tras el 20N, lo que remite a las siguientes cuestiones clave que configuran una agenda nada oculta y constituirán a buen seguro el trasfondo de la próxima legislatura:

REFORMA EUROPEA. La persistencia y gravedad de la crisis económica ha puesto en evidencia las contradicciones de las que adolecen los elementos fundamentales de la arquitectura europea, ha arruinado la agenda Lisboa y ha resaltado las perversidades de unas políticas que han sometido la construcción europea a la globalización de unas finanzas sin regulación alguna.

La unión monetaria se antoja hoy una apuesta con excesivos costes y rigideces que han favorecido la galopada de los especuladores, imposibilitando una recuperación económica sostenible. El euro muestra que su diseño solo ha favorecido el rol exportador alemán y el acceso a una financiación tan barata como letal finalmente para una periferia europea prematuramente incorporada a la unidad monetaria.

Todo ello fuerza, y no es ningún secreto, un proceso de reformas de los tratados que sustituya la actual improvisación con que los gobiernos europeos vienen arrastrándose tras los mercados financieros. No obstante, el sesgo político de la gran mayoría de los gobiernos europeos confirma que las reformas a debatir no van a alejarse de la ortodoxia económica que los centros financieros vienen imponiendo a costa del bienestar de la población si no es con una potente presencia institucional de la izquierda transformadora en los distintos países y con una fuerte reactivación unitaria y coordinada de los sindicatos europeos en clave de conflicto a escala del conjunto de la Unión.

REFORMA MODELO PRODUCTIVO. La última etapa del PSOE en el gobierno ha consagrado el cambio de modelo productivo como un elemento de la próxima agenda. Sustituir al sector de la construcción como motor de crecimiento, aligerar el peso del consumo interior e impulsar el ahorro y el sector exportador… Las diferencias con el proyecto, apenas esbozado, del PP, podemos intuir que se centran en la modulación y repercusión de ese cambio de modelo productivo en la profundidad del estado del bienestar español. Ignorar ahora que un gobierno del PP vinculará la reducción de servicios públicos y el gasto social a las políticas de salida de la crisis (con la cobertura de lo practicado por Zapatero y la situación “heredada”) sería obviar que esta coartada neoconservadora para aplicar un reforzamiento aun mayor de las políticas de recortes no sitúa en buena posición a la izquierda para liderar la resistencia necesaria a esas políticas.

REFORMA INSTITUCIONAL. También, como un efecto más de la crisis de las finanzas públicas, podemos dar por descontada una revisión del Estado autonómico en la próxima legislatura. No se tratará solo de las Diputaciones -en ocurrencia de Rubalcaba-, sino de una autentica reconsideración de las funciones, competencias y financiación de los escalones de la administración pública (central, autonómica y local).

Además de lo que de por si, y según cómo se aborde, puede significar en la calidad y proximidad de servicios públicos esenciales como la enseñanza o la salud, esta reforma es potencialmente fuente de tensión con las fuerzas nacionalistas en ese próximo periodo. Que, de nuevo, el debate sobre el diseño de Estado sea cosa que se ventile en ausencia de un proyecto propio de la izquierda, es uno de los peligros que unos buenos resultados de IU ayudarían a conjurar.

Pero además de los ejes mencionados y que constituirán –lo son ya- la agenda principal que se desplegará en un marco de hegemonía del PP (la dimensión de la mayoría que alcance es fundamental, pero que se discuta sólo eso evidencia lo incontestable de esa hegemonía), no nos podemos ocultar que, tras el saldo y cierre de la etapa del zapaterismo, con un PSOE en la oposición y en inevitable transición, con las izquierdas nacionalistas resaltando su conexión soberanista con CIU y PNV, los resultados de las elecciones delimitarán las posibilidades y los actores de una recomposición de la izquierda que ya empezó (en la que quieren tener su espacio expresiones como Equo o los componentes territoriales de Espacio Plural). Por lo tanto, es necesario que ese reequilibrio dentro de la izquierda, inevitablemente plural, suponga un fortalecimiento de las posiciones que hacen de la transformación social su sentido y del marco estatal (y europeo) la dimensión de su proyecto.

Volviendo a las acepciones, esta vez a la segunda, “ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza”, aplicada a las amenazas que se ciernen sobre IU, obligada es la referencia a factores que intervendrán en el clima electoral y tendrán, por tanto, un papel en la decantación del voto en una dimensión que aun no podemos calibrar, pero que podemos dar por cierta. En este sentido, el “vértigo” que produce en sectores de izquierda una excesiva concentración de poder en el PP, lo que puede vigorizar la opción Rubalcaba y la aparición de otras fuerzas que buscarán su voto en el caladero de posibles votantes de IU con el impulso de la novedad (a lo que contribuye cierto ambiente de desapego propiciado por los mensajes más adanistas del 15M), complicarán la labor de IU. Tampoco hay que desconocer que a favor juegan circunstancias de no poca entidad: la reorientación hacia la movilización por parte de CCOO (el acto del 24/9 es importante) recogida en su manifiesto confederal, y el relanzamiento de la actividad del 15M en su vertiente más económico-social.

En todo caso, lo que también aparece en la reflexión general, y que tiene relación directa con el discurso, pero de igual modo con las listas que se presentan, es lo mencionado sobre la etapa de recomposición en la que de manera inevitable se interna la izquierda. Etapa ya iniciada –los movimientos en PSOE, la apuesta de determinados medios por impulsar EQUO, la reorientación de las “izquierdas” nacionalistas o los efectos del 15M- y que, sin que vaya a cerrarse el 20N, sí tomará una u otra deriva en función de los resultados electorales.

El debate ya está presente. La banalización por ciertos sectores de lo positivo para IU-EUiA de los resultados del 22M fue el primer paso y ahora se añaden opiniones que en su misma formulación, y contradictoriamente con lo que dicen perseguir, minimizan la importancia de los acuerdos que una IU también internamente plural ha promovido con otras fuerzas de izquierda en el conjunto del Estado, señaladamente con ICV, o vienen a caricaturizar a personas elegidas y procesos de designación de candidaturas.

Frente a ello, como se decía más arriba, el objetivo central ha de ser que IU-EUiA (junto con ICV y otras fuerzas) recupere el grupo parlamentario perdido hace dos legislaturas, lo que recordamos que sucedió en medio de experimentos electorales (el pacto pre-electoral con el PSOE de Almunia que tan mal resultó para las dos fuerzas ). Este es el objetivo, pero, de ser conseguido, no valdrá nada en el medio plazo si la composición del grupo resultante no reúne los mínimos de coherencia política para afrontar la situación que generará un PSOE en la oposición dispuesto a volver a jugar el papel de atrapalotodo por la izquierda, junto con un debate sobre el modelo de Estado imposible de conjugar con unas izquierdas territoriales con sus miras estrechamente concentradas en los respectivos ámbitos propios, o la recurrente cuestión sobre el papel del ecologismo político en la articulación de la izquierda.

Sin apostar por ningún inmovilismo, todo lo contrario, las listas de IU-EUiA y los acuerdos alcanzados (especialmente con ICV) son inclusivos y recogen aquello que acerca a esta fuerza política a los sectores que aspira a representar en un amplio proyecto refundacional. También un ejemplo de ello, contra opiniones vertidas en este periódico, son las listas de IU en Madrid, a cuya Comisión ejecutiva pertenezco. Ascensión de las Heras, número dos al Congreso, es persona de integración y trabajo colectivo, de apego a la base y con una biografía vinculada a los movimientos sociales, a la lucha feminista y ecologista, también por la transparencia en la gestión pública como portavoz de IU en el Ayuntamiento de Collado-Villalba. Una trayectoria profesional iniciada hace años en el Consorcio para el realojamiento de la población marginada dice mucho sobre el compromiso social de Ascensión. Su presencia en la lista de IU-Madrid habla de renovación y de valentía, tengámoslo en cuenta.

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