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viernes. 19.08.2022

La intolerable levedad de la prevención

NUEVATRIBUNA.ES - 7.8.2009Algún jurista español ya ha apuntado que el derecho español es más un derecho de deseos que realmente aplicable. Y nuestras leyes, más normativas que positivas. Ello tiene como consecuencia lo habitual de su incumplimiento y la cantidad de nuevas normas que se implementan para su aplicabilidad. Consiguiendo una complejidad inextricable.Posiblemente en el Derecho del Trabajo, esto es más cierto.
NUEVATRIBUNA.ES - 7.8.2009

Algún jurista español ya ha apuntado que el derecho español es más un derecho de deseos que realmente aplicable. Y nuestras leyes, más normativas que positivas. Ello tiene como consecuencia lo habitual de su incumplimiento y la cantidad de nuevas normas que se implementan para su aplicabilidad. Consiguiendo una complejidad inextricable.

Posiblemente en el Derecho del Trabajo, esto es más cierto. Seguramente esta concepción procede de una excesiva confianza en el Derecho y en la Ley para cambiar el mundo. Y el mundo se cambia con actos, luego vienen las leyes. Incluso en ciertos casos las leyes sirven para frenar la protesta y con el tiempo mantener la situación anterior, ahora con la flamante ley en vigor. ¡Ya tenemos una Ley!.

La Ley de Accidentes de Trabajo de 30 de Enero de 1900, fue un brindis al sol hasta que después de demostrada su ineficacia y en el primer año de la II República, momento de efervescencia social y obrera, y con la agresiva reacción de los terratenientes, que para ello fundaron la Mutua Mapfre -orígen del importante grupo actual de seguros privados- , se obliga a los empresarios a asegurar el cumplimiento de la ley.

Análogamente, después de casi un siglo, la Ley 31/1995, de 8 de Noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales que desea un cambio radical, -hacer bascular todo el sistema hacia la Prevención, más que hacia la Protección sobre la que hasta hoy descansa- , no consigue su aplicación real.

Dejar en manos de la buena voluntad de los empresarios el aseguramiento de su responsabilidad en la Ley Dato no fue buena idea para los trabajadores. Igual que no es buena idea hoy dejar a la buena voluntad de los empresarios la prevención real. En los dos casos la buena voluntad lleva aparejada costes y el empresario nunca ha respondido a los costes con buena voluntad. Si a ello se suma, como en el caso de la Ley Dato con las entidades privadas del Seguro de Accidentes, que la Prevención de la salud de los trabajadores, se contrata, se gestiona y se aplica por Empresas privadas como negocio lucrativo, entenderemos que estamos ante un problema histórico de nuestro Derecho del Trabajo.

Estas situaciones provocan insatisfacción en las dos partes. Los trabajadores observan que las leyes no sirven para solucionar sus problemas a pesar de lo que se espera de ellas; y los empresarios protestan exigiendo “aligerar” la normativa y normas más claras y sencillas de aplicar. En esta situación las leyes no cambian la realidad y generan insatisfacción. Una fundada y otra, la de los empresarios, más contestataria y en línea con “la objeción civil”.

Se inicia así un proceso helicoidal que termina con la ineficacia de la Ley y su abandono en una vía muerta. Todas las instituciones alegan razones fundadas en responsabilidades de otros para justificar la imposibilidad de aplicar la norma por su parte.

No es justo despreciar la dificultad que comportan los cambios radicales así como el tiempo y la paciencia que exigen la construcción de un nuevo sistema. Aunque todas las instituciones están implicadas tampoco sería justo asignar a todas la misma responsabilidad.

Pero privatizar la gestión de la prevención de la salud de los trabajadores es un objetivo incorrecto, ineficaz e ineficiente, como se demuestra cada día más. Probablemente inconstitucional. Más, cuando en la prevención reside el objetivo esencial del cambio que pretendía la Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 1995.

Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja. San Agustín de Hipona. Obispo, filósofo y Padre de la Iglesia Latina.

Gregorio Benito Batres - Analista de Salud Laboral.

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