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sábado 21/5/22

La huelgona

“Aquello no fue una huelga. Fue una huelgona. Estuvimos quince días de un mes y un mes entero y quince días del siguiente. En total, dos meses sin cobrar. Nadie entraba al tajo.

“Aquello no fue una huelga. Fue una huelgona. Estuvimos quince días de un mes y un mes entero y quince días del siguiente. En total, dos meses sin cobrar. Nadie entraba al tajo. Llegábamos a la mina, nos cambiamos, cogíamos las lámparas, nos agrupábamos, y cuando estábamos los obreros juntos, con los ojos gachos, sin hablar, esperábamos y se caía una lámpara y a continuación todas las lámparas caían al suelo. Allí nadie era el primero. Todos dejábamos caer las lámparas al suelo y callábamos. Mirábamos al suelo y callábamos. Si nos preguntaban que porque no entrábamos a trabajar: porque tengo miedo y porque no entra nadie”.

Siempre las mismas palabras. A lo largo de cincuenta años he escuchado la misma historia y siempre me ha emocionado, aunque no siempre he tenido conciencia de lo que significaba. Eran palabras que mi viejo amigo pronunciaba siempre con emoción.

Estos días las ha vuelto a contar. Dice que no se acuerda de muchas cosas, y es cierto, pero la emoción sigue en sus ojos cada vez que recuerda “no nos mirábamos, no hablábamos, todos sabíamos lo que había que hacer y lo hacíamos. Nos acostábamos antes que los guajes de la escuela. No podías estar en la calle. No se podían responder provocaciones. Callábamos y bajamos la vista”.

En estos días se cumplen los cincuenta años de la huelga que en 1962 marco un hito en la lucha de movimiento obrero en España. El movimiento huelguístico asturiano de 1962 alcanzo repercusión internacional, apoyo de intelectuales, y representó un hito fundamental en la oposición al franquismo, en el renacer del movimiento obrero. ¿Por qué hicisteis la huelga?, “porque va a ser, por el pan y el trabajo y también contra la dictadura”. ¿Cómo fue la vuelta al trabajo? “Normal. Entramos a trabajar, sin mirar a nadie, cuando conseguimos lo que pedíamos”.

Es una lección de historia y de vida que conviene tener presente. Las pensiones, los derechos sociales, la dignidad del trabajo, esta jalonada de episodios como éste, de gentes como mi querido y viejo amigo, de personas anónimas, de luchas durísimas por el pan y el trabajo, también por la dignidad de ser obrero. “Nadie era el primero, nadie podía significarse, todos sabíamos lo que había que hacer y lo hicimos”.

La huelgona
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