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jueves. 11.08.2022

La contabilidad creativa y el déficit público

Resulta patético observar al Ministro Montoro intentando demostrar que por fin hay brotes verdes en la economía española. Y como en lo fundamental, el crecimiento y la creación de empleo, el fracaso del gobierno es total, acude a variables instrumentales como el déficit público. Pero también aquí hace trampa. A los ciudadanos y a sí mismo.

Resulta patético observar al Ministro Montoro intentando demostrar que por fin hay brotes verdes en la economía española. Y como en lo fundamental, el crecimiento y la creación de empleo, el fracaso del gobierno es total, acude a variables instrumentales como el déficit público. Pero también aquí hace trampa. A los ciudadanos y a sí mismo.

El gobierno alardea de haber cerrado el ejercicio de 2012 con un déficit del 6,74% del PIB y lo presenta como la demostración del éxito de su gestión. Y sin embargo hay una serie de datos que demuestran que la realidad es muy diferente. En primer lugar no se incluye en la cifra oficial de déficit el coste del saneamiento del sistema financiero y sin embargo los miles de millones aportados por el FROB equivalen a 4 puntos de PIB.

En segundo lugar el gobierno ha retrasado hasta enero de 2013 devoluciones de impuestos que tendría que haber pagado en 2012 por un importe de 4.985 millones de euros. Esto es, otro 0,5% de PIB que no se contabiliza. Por lo tanto, sin la utilización de estos criterios contables más que discutibles y poco ortodoxos por decirlo de forma suave, el déficit público real de 2012 fue superior a 11% del PIB.

Estamos por lo tanto ante un fracaso en toda regla en lo que es la prioridad extrema de la política económica del gobierno, que ha tomado decisiones muy duras para intentar cumplir con el objetivo del control del déficit. Por ejemplo, el gobierno incumplió la Ley de la Seguridad Social y no compensó a los pensionistas por la desviación del IPC en noviembre, lo que supuso un menor gasto público de 0,4 puntos de PIB. Y una cifra similar de reducción del gasto supuso suprimir la paga extra a los empleados públicos.

Por lo tanto el 2012 no se cerró con un déficit del 6,7% sino del 11% del PIB y además, para acabar en ese fracaso, el gobierno les quito, a pensionistas y empleados públicos, una cifra equivalente a casi el 1% del PIB. Pero hay más. En 2012 el gobierno de Mariano Rajoy aplicó la mayor subida de impuestos de nuestra historia reciente y las retenciones más altas del IRPF y los nuevos tipos del IVA han reducido el poder adquisitivo y el nivel de bienestar de la inmensa mayoría social con ese objetivo de la consolidación fiscal. Y ni aún así.

Es difícil saber de lo que presume el Ministro Montoro. Ha hecho contabilidad creativa, ha desplazado gasto a otro ejercicio, no contabilizó el rescate bancario, le metió la mano en el bolsillo a los ciudadanos, les quitó a pensionistas y empleados públicos la extra de diciembre y aún así no fue capaz de cumplir con el objetivo de déficit que era, al empezar el año, del 4,4”% del PIB. Y es que no se quiere enterar que en recesión, sin crecimiento económico, por mucho que se recorten los gastos es muy difícil reducir el déficit público.

Para terminar, hay una demostración irrefutable de esta contabilidad creativa en el cálculo del déficit y es lo que ha pasado en 2012 con la deuda pública. En principio la deuda sirve para financiar precisamente el déficit y solo lateralmente otras operaciones financieras que no tienen carácter de déficit. Pues bien, en 2012 la deuda pública española se incrementó en 145.000 millones de euros, una cifra que multiplica por más de dos la del déficit oficial, ya que ese 6,74% equivale a unos 70.000 millones de euros.

¿Como se explica esta enorme diferencia? Una parte menor es la nueva formula de contabilizar la deuda con proveedores. Otra algo mayor, en el entorno de 25.000 millones, es el conocido como plan de pagos a proveedores. Pero la mayor parte de la diferencia e, precisamente, la financiación de esa contabilidad creativa, esto es, de las operaciones para ocultar el déficit real. O dicho de forma coloquial, hacerse trampas jugando al solitario.

La contabilidad creativa y el déficit público