miércoles 11.12.2019

Kodak, el PSC y las elecciones catalanas

George Eastman, fundador de Kodak hace 131 años, levantó un imperio industrial que llevó a esta compañía al liderazgo mundial de la industria del filme durante más de 100 años, impulsado por la innovación permanente. Cuando el pasado mes de enero se declaró en bancarrota voluntaria, contaba con menos de 15.000 empleados, mientras que  hace 20 años tenía una plantilla de 150.000.

George Eastman, fundador de Kodak hace 131 años, levantó un imperio industrial que llevó a esta compañía al liderazgo mundial de la industria del filme durante más de 100 años, impulsado por la innovación permanente. Cuando el pasado mes de enero se declaró en bancarrota voluntaria, contaba con menos de 15.000 empleados, mientras que  hace 20 años tenía una plantilla de 150.000. No haber sabido gestionar el cambio desde una posición de liderazgo en el sector constituye la lección de este final, y ello no sólo es válido para el mundo empresarial e industrial, sino también para los ámbitos sociales, políticos, educativos, profesionales y personales.

La lección en este caso no es que un producto quede obsoleto y la empresa pierda cuota de mercado como resultado de la innovación e investigación de sus competidores, lo que es en gran parte la historia de la humanidad, el darwinismo que ha marcado la evolución de la industria y los servicios, la historia misma del progreso que aporta la innovación permanente en productos y procesos. Tampoco se trata del liderazgo que una gran empresa puede perder, quebrando incluso, de la misma forma que otra puede escalar al primer puesto mundial en un sector cuando su innovación en la gestión y/ o en el producto es acertada, de lo cual tenemos más de un ejemplo en nuestro país en el sector de la Moda o en la Industria Farmacéutica.

La lección a aprender en este caso es que el producto que desbanca absoluta y totalmente al muy rentable negocio del filme del que era líder Kodak, es precisamente la cámara digital, cuando, y esto es la enorme paradoja, quien inventó la primera cámara digital en el año 1975 fue precisamente Kodak. Ésta pudo haber liderado y conducido a paso veloz el cambio del sistema analógico a la nueva era digital.

Fueron las consecuencias del conservadurismo, o incluso la soberbia del líder, lo que  les llevó a pensar, erróneamente, que si el impulso al cambio no lo daban ellos, que tenían la mejor tecnología, la publicidad, la distribución, los puntos de venta etc, la cámara digital quedaría en el baúl de los inventos. Pero KODAK malinterpretó los cambios, los afrontó con lentitud en un mercado que exigía más rapidez, y centró la innovación en la mejora de su anterior producto por miedo a ir en contra de su propio mercado. 

La lección que KODAK enseña con mucha claridad es que gana quien desafía y arriesga con nuevas propuestas, el que encuentra aquello que la sociedad necesita y que otros no han sabido leer, quien vence el miedo, es  creativo y arriesga. La prepotencia del líder es la peor consejera para la gestión y sólo desde la modestia podemos construir un verdadero diálogo con la realidad. Las ideas para la innovación suelen provenir de la capacidad de escuchar a quienes están en primera línea de contacto con el día a día y no de la jerarquía basada en el poder; ni siquiera por haberlo hecho muy bien en el pasado. Su miedo al cambio frenó su crecimiento y el miedo a las nuevas ideas frenaron la creatividad y la innovación. El miedo a nuevos planes, a nuevas maneras de trabajar y de producir, quizás será conocido en el futuro como actitud y comportamiento "Kodak".

Algo parecido, junto mensajes confusos durante años y alianzas de gobierno contradictorias, le puede haber sucedido al ahora principal partido de la oposición en Catalunya, el Partit dels Socialistes del Catalunya (PSC), que durante un largo periodo ha dirigido con todos los medios a su alcance prácticamente todas instituciones catalanes -Generalitat, Diputaciones y los principales ayuntamientos- y no ha sabido entender la altísima abstención de su electorado año tras año en las elecciones catalanas. No ha sabido valorar o escuchar que la abstención de una parte muy importante de su base electoral situaba su interés por la acción del Gobierno y el Parlamento Catalán en un segundo nivel, entendiendo, quizás, que “eran cosas de nacionalistas”. Esta falta de interés del PSC reflejaba una peligrosa desidia, rota solamente con exclamaciones de preocupación y promesas de enmienda la semana posterior a cada elección, pero pronto olvidadas gracias el liderazgo confortable en el que han vivido durante décadas.

La cómoda mayoría institucional ha hecho de los dirigentes del PSC los principales responsables de la actual pérdida de su espacio político ("de la pérdida de competitividad"). Tan responsables directos como lo serán ahora si no demuestran capacidad de reacción para construir un mensaje político claro, comprensible para su potencial electorado; un mensaje  que esperan aquellos que aspiran a una “Catalunya Gran” por su justicia social y solidaridad en una España hecha de singularidades potentes y sensatas, capaces de entenderse y de respetar el proyecto común, de aquellos que creen que las cosas pueden ser de otra manera y luchan por una Europa, España y Catalunya mejores que las actuales gobernadas por las derechas y al servicio de los poderosos. Y para ello, es imprescindible la amplia y comprometida movilización de la ciudadanía progresista de Catalunya el próximo 25 de noviembre.

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