jueves 21/10/21

Israel: Los herederos de Stern

Siempre admiré la lucha del pueblo judía a lo largo del siglo XX por lograr una patria en Palestina. Se que esta afirmación puede ser impopular, sobre todo en los tiempos que corren, pero así es y así lo manifiesto. Por eso, cuando podía procuraba leer todo lo que cayera en mis manos sobre esa lucha.

Siempre admiré la lucha del pueblo judía a lo largo del siglo XX por lograr una patria en Palestina. Se que esta afirmación puede ser impopular, sobre todo en los tiempos que corren, pero así es y así lo manifiesto. Por eso, cuando podía procuraba leer todo lo que cayera en mis manos sobre esa lucha. Como dijo un líder político y militar israelí poco antes de la partición, tanto los árabes como los judíos podían esgrimir argumentos históricos para tratar de quedarse con esas tierras. Había verdad en ello, pero añadía que para que una nación nazca, sus comadronas son la sangre y el terror y que las palabras solamente produce abortos. Así se recogía en una película sobre aquellos tiempos.

Después de la rebelión árabe a mediados de los años treinta en Jerusalén, los judíos contaban con dos organizaciones terroristas y un ejército secreto. El Irgún era un grupo minoritario de izquierdas, pero muy activo que colocó, por ejemplo, la bomba en el hotel Rey David. Stern era el otro, de derechas, que atacó, por ejemplo, un pueblo árabe y lo hizo a sangre y fuego, asesinando a hombres, mujeres y niños y rajando a mujeres embarazadas. La opinión pública se estremeció entonces.

Luego estaba la hagganna, el ejército secreto a las órdenes de la agencia judía, que organizó la defensa de cara a la guerra civil que la partición aprobada por la ONU iba a provocar con toda seguridad, como así fue. Era el grupo mayoritario, disciplinado, con su área de jóvenes soldados, hombres y mujeres, el Palmach. Combatieron siempre, pero sin usar el terrorismo. Luchaban para ocupar posiciones que poder defender luego y condenaban la acción de los otros grupos terroristas.

Los árabes, instigados por el Gran Muftí de Jerusalén, que había pasado la Guerra Mundial invitado por Hitler en Berlín, declaró que había que echar los judíos al mar y los países árabes se unieron a su llamamiento. Eran cincuenta millones de árabes contra seiscientos mil judíos. Nadie dudaba de quien saldría victorioso, sobre todo si se contaba con la Legión Árabe jordana mandada por oficiales ingleses. Pero por el valor de los judíos, la tozudez de Ben Gurión, la ayuda americana después y una serie de factores y errores de los árabes, el alto el fuego propuesto por la ONU y aceptado por las partes, llegó y se mantuvo.

Luego vino una larga historia, en la que los palestinos negaban el derecho de Israel a existir, las guerras posteriores del 56, 67, 72 -Yon Kipur y lo que ahora sucede. No son, en realidad, guerras, sino partes de una sola en la que el Haggana paso a convertirse en el ejército más poderoso de la región y en la que los palestinos fueron expulsados de sus tierras, refugiados en campos y a veces expulsados de ellos. Cuando Arafat reconoció la existencia de Israel, podía haberse abierto un verdadero camino para a paz, que se quebró por errores de unos y de otros.

Hemos llegado a una situación en la que cabe preguntarse:¿Dónde están los herederos del Haggana, aquel ejército que lucho por la supervivencia de su país, que se batió como lo hizo en Latrún, que mantuvo Jerusalén comunicado hasta la tregua? A la vista de los sucedido en Gaza, quienes dirigen ese ejército son más los hijos de aquellos asesinos terroristas de Stern. Y estos “hijos de Stern” no están luchando ahora por su supervivencia, pues pocos son los países árabes que mantienen la traída y llevada “agencia oculta” que tiene prevista la desaparición del Estado de Israel. Parece terrible y lo es, que unas barbaridades como las que el Gobierno israelí comete en Gaza sean calificadas tan fríamente y en el mejor de los casos, como “desproporcionadas” y nada más y que, a mayor abundamiento, el factor electoral también opere en la toma de decisiones.

A pesar de todo, creo que la paz es posible, aunque la barbarie del Gobierno de Israel haya exacerbado aún más si cabe el odio entre los palestinos masacrados en la franja de Gaza. De no ser así, y contando Israel, que se sepa, con doscientas cabezas nucleares, no hablamos del futuro de la zona, sino del de todos.

Fernando Reinlein
Periodista

Israel: Los herederos de Stern
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