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miércoles. 10.08.2022

Intimidad, curiosidad y sociedad

Olvido, la concejala de Yébenes, lo está pasando mal. Su familia, seguro, peor. Porque, tiene familia, y, seguramente, estos aspectos deben tener dimensión notable. Y esto tiene pinta de que va a durar un tiempo. Los caza-miserias humanas, que llenan las horas de audiencia “comprometida” en las televisiones, seguro que están en ello. Sería raro que no lo hicieran.

Olvido, la concejala de Yébenes, lo está pasando mal. Su familia, seguro, peor. Porque, tiene familia, y, seguramente, estos aspectos deben tener dimensión notable. Y esto tiene pinta de que va a durar un tiempo. Los caza-miserias humanas, que llenan las horas de audiencia “comprometida” en las televisiones, seguro que están en ello. Sería raro que no lo hicieran. Pero, este es un caso que deriva en un sabor agrio, que a las sensibilidades medio normales, les debería provocar rechazo. Mostrar las imágenes, que están al alcance de cualquiera, no deja de ser la difusión de un video contra la voluntad o no siendo ésta expresa, autorizando, una especie de robo de la intimidad, no consentido. Y todo lo no consentido es un acto contra la libertad de las personas, que tienen su límite en los derechos de los demás. Es un logro de la edad moderna, en el que se basa nuestra convivencia, no conviene olvidarlo.

Otra cosa parece que es la curiosidad malsana por escudriñar el tal video, y juzgar atributos y cualidades. Parece que alguna gente olvida, en este caso, que la intimidad exhibida no ha sido mostrada libremente. ¿Cómo vamos a contemplar una grabación cuya protagonista nunca pretendió que la viéramos? ¿Qué derecho nos ampara para contemplar tal cosa? Y mucho más todavía, ¿qué falta estamos cometiendo cuando lo hacemos y sobre todo cuando lo mostramos a terceros? Porque, a ver, pongámonos en el caso de que el protagonista de tal evento seamos nosotros, ¿qué pensaríamos? Si al que primero publicó el video, se le somete a la acción de la Justicia, ¿qué corresponde a los que lo difunden, en mayor o menor grado, mostrándolo a terceros?

No cabe duda alguna de que la difusión solamente se puede completar si hay video-videntes a los que satisface su contemplación. El que lo muestra, sólo completa su acción por la reacción o satisfacción que le retorna el que lo visualiza. Ambos están en la tostada. Ambos incumplen los elementos básicos de los derechos de intimidad. No hay más remedio que inducir que lo que ha ocurrido tiene como elemento fundamental el carácter atractivo para una sociedad que maneja unos valores enfermizos. Casi nadie parece reparar en el fondo, que puede haber llevado a que los hechos se dieran que, a buen seguro, pueden justificar determinadas conductas, que habrá que respetar por corresponder a la esfera estricta de la propia conducta personal. Algunas personas han manifestado públicamente el apoyo a Olvido y yo mismo lo reitero, desde estas líneas. Su dimisión como concejal, por un acto como éste, no se puede ver más que como un acto de responsabilidad, pensando en el daño que pudiera producir a la organización a la que pertenece; pero viene provocado por un acto canalla y ajeno a su propia voluntad y no es proporcionado. Del mismo modo, nadie parece recordar que las formas, incluyendo la difusión original y las actitudes de propagación posteriores, violentan severamente la más mínima protección de la intimidad. No solo es curiosidad lo que aflora, sino algo más, catadura ética deficiente y nos pone de relieve, una vez más, la necesidad de rearme ético que precisa nuestra sociedad.

Nuestra Sociedad adolece de un pasotismo proverbial que consiente atropellos de aspectos sumamente sensibles de la persona. Son derechos inalienables los que con demasiada frecuencia se ven violentados. Y callamos. En otros casos, como el que nos ocupa, la misma dotación ética es la que está en entredicho, por cuanto somos copartícipes de abominables actos, siendo muy grave que no seamos capaces de radiografiarlos con toda crudeza. Los actuales dirigentes políticos no están siendo lo ejemplares que debieran y suelen no dar importancia a las formas. Las acciones de nuestros políticos actuales, tampoco ayudan, por cuanto parecen olvidar que la educación es el futuro de un país. Seguramente, si no hubiéramos, como país, dejado en el olvido estos aspectos hace años, ahora no recogeríamos estos frutos. Lo único que puede preocuparnos es que amparados en la crisis que atravesamos, la educación siga en el furgón de cola y dentro de algún tiempo, haya que seguir escribiendo sobre el rearme ético de la Sociedad. Es posible que no tengamos ya papel para escribir estas cosas, ¡Quién sabe si ordenadores, tampoco!

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