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lunes 23/5/22

Inmigración en tiempos de crisis

La crisis económico financiera que afrontamos, es un escenario donde directores, actores, técnicos, figurantes, extras, distribuidores y los propios espectadores, constatamos que el guión sobre el que actuamos ya no sirve. Hemos de levantar otras ideas, otros paradigmas para reescribir el guión del progreso, la justicia, la seguridad y la confianza para todos y todas.


La crisis económico financiera que afrontamos, es un escenario donde directores, actores, técnicos, figurantes, extras, distribuidores y los propios espectadores, constatamos que el guión sobre el que actuamos ya no sirve. Hemos de levantar otras ideas, otros paradigmas para reescribir el guión del progreso, la justicia, la seguridad y la confianza para todos y todas. Es la hora de abandonar los atajos de la rencilla particular partidaria y las trincheras para empujar todos en la misma dirección, incluyendo en ese “todos” a los y las inmigrantes que forman parte de esta realidad y que son entre otros los sacrificados en aras del desaguisado de la codicia y del dejar hacer, de la desregulación y de la mano invisible del mercado que llega a todos los rincones.

He de empezar recordando algunos procesos de la inmigración y de la economía que han cambiado nuestra sociedad en el reciente pasado:

1) Hasta 1990 España era un país emigrante, Los datos más recientes dicen que España ha recibido más de cuatro millones de inmigrantes, a un ritmo de 600.000 por año. Más del 87% de estos inmigrantes están en edad de trabajar. Ha sido una inyección de capital humano, sin coste alguno para esta sociedad, puesto que todos saben leer y escribir, tienen experiencia laboral y la mayoría tienen además formación profesional y universitaria, La inmigración impactó, hasta hace un año, de forma positiva al empleo con tasas de ocupación superiores a la población nativa (68% frente a 65,5%).

2) En esos seis años, antes del actual descalabro financiero mundial, España llegó a construir 800.000 viviendas al año de manera privada, en un país con un dinámico mercado de vivienda de protección social . En 2007 el 33% de los 2 millones de empleos creados en la zona euro se generaron en España, especialmente en el sector de la construcción. El sector servicios llegó a ser el sector más productivo de la economía española en 2007. Aún y con ello, tras quince años ininterrumpidos de expansión, la economía española se contrajo bruscamente el pasado año y todos sabemos el por qué.

3) España recibe un gran flujo migratorio en muy poco tiempo que, en sus inicios, se produce de forma irregular. El país tampoco había vivido una bonanza económica en tan poco tiempo y caído aún más rápidamente, debido al estallido largamente anunciado de la burbuja inmobiliaria, y a las consecuencias que han traído las operaciones financieras fraudulentas especulativas a nivel internacional. Así, el modelo de desarrollo económico neoliberal ha tocado techo y demuestra que es insostenible a la largo plazo.

4) España, en su tardía incorporación al mundo desarrollado, ha vivido un capitalismo basado en el uso intensivo de mano de obra y una economía sustentada en el sector de la construcción y los servicios. Las/os inmigrantes con una media de cualificación superior a los autóctonos, trabajaron -hasta que fueron dispensables- en sectores “productivos” que se volvieron exclusivos para ella/os (construcción, servicios, agricultura, cuidados ancianos, niños, enfermos) en la medida en que los autóctonos se habían desplazado hacia nichos laborales más rentables, más dignificados, menos duros pero igualmente frágiles (ahora lo sabemos), como vienen a demostrarnos las cifras actuales del paro.

Basta recordar la última campaña de la aceituna en Andalucía, en la que trabajadora/es española/es en paro y desempleados volvieron a ocupar esos puestos de trabajo desplazando a una importante cifra de inmigrantes que venía empleándose en el sector desde que los autóctonos lo abandonaron por ocupaciones mejor remuneradas y con mejores condiciones laborales.


5) Al inicio del 2000 contábamos con una mano de obra inmigrante bastante desregulada, con un número muy alto de indocumentados, y con una economía sumergida que acumulaba capital sin pagar impuestos, ni Seguridad Social al Estado, lo que llevó a las sucesivas regularizaciones que hizo el Partido Popular y a la de 2005 del Partido Socialista. Ahora hemos constatado que la inmigración se hizo estructural y que la gran mayoría vino para quedarse. Pero no son ellos los culpables de la situación actual de desempleo, ni de crisis y en este punto soy categórica. Yo me propongo hacer la mejor política con este tema, esto es, hacer pedagogía, con responsabilidad política y ciudadana, antes que utilizarlo para la contienda partidista.

Durante los primeros años del flujo migratorio hacia España, se generó un largo proceso de desestructuración familiar de impacto negativo insospechado para el desarrollo de los países de origen y un traslado del modelo consumista aprendido en el destino, satisfecho por las remesas enviadas a las regiones de procedencia de todos estos inmigrantes, sin orientación, ni acompañamiento para su mejor uso.

6) Los municipios, las autonomías y el gobierno central empiezan a dotarse de planes de integración, poniendo en marcha otro de los pilares ya definidos en la política de inmigración europea, así como el apoyo a iniciativas puntuales y coyunturales inacabadas en la idea de articular migración y desarrollo.

Grosso modo, este es el camino que hemos recorrido. La necesidad de adaptar la sociedad a esta nueva realidad social está pendiente de solución tanto en los aspectos formales como en su dimensión cultural. Por no hablar de la adecuación de los servicios públicos al crecimiento de población que ha supuesto la inmigración. Es urgente construir ese nuevo “nosotros”, algo que no puede aplazarse por mucho tiempo y en lo que la política debe jugar un papel primordial.

En este pasado inmediato todos los investigadores y economistas han afirmado que la migración ha sido más que buena para el país, y si queremos aprovecharla en el nuevo despegue de la economía, -porque seguro que la volveremos a necesitar-, hemos de incluirla también en nuestras previsiones para los malos tiempos. Es precisamente lo que propone el gobierno al mantener las prestaciones sociales y defender que no se pierda la cohesión social. Por ello la solidaridad tiene un valor inestimable y la búsqueda de nuevas formas de organización social, para resolver los problemas que la crisis está planteando a las familias, una exigencia de innovación para la sociedad civil.

De lo que aquí se trata es de ver cómo podemos hacer de la inmigración un factor que contribuya al cambio de modelo económico que necesitamos para crecer de manera sostenible.

Propuestas

Es vital difundir la idea de la inclusión, que motive y que genere los factores sicológicos que necesita una situación como la actual, diametralmente opuestos a los que produce un discurso opositor catastrofista, que acrecienta el desánimo y la incertidumbre en la gente. Si la inmigración aportó con creces a la riqueza que hoy se está perdiendo y sufre igualmente las consecuencias de la crisis, ¿por qué hemos de seguir separándola de nuestro destino común, por qué hemos de seguir hablando de ellos y nosotros si sabemos que el mundo ha cambiado, y que nos necesitamos de forma mutua porque de hecho ya conviven con nosotros? ¿Por qué entonces no hemos de invitarlos/as a que formen parte de este reto? ¿Por qué no hemos de aprovechar toda su capacidad creativa y sus recursos, que han demostrado con creces? ¿Por qué no integrarlos en el esfuerzo colectivo para encarar el reto de salir de la crisis?

Inmigración y Desarrollo

Incorporar al vocabulario de la cooperación el concepto de codesarrollo implica la elaboración de estrategias que promuevan este modelo a través de la formulación de políticas públicas compartidas, lo cual requiere diálogo, interlocución y negociación pues se trata, en última instancia, del beneficio mutuo de todos los actores implicados. Hay que reconocer su capacidad y su iniciativa como actores sociales, como parte de la interdependencia, de las conexiones y de los vínculos internacionales de un mundo globalizado.

La crisis actual marca un punto de inflexión y pone en evidencia los límites del dejar hacer, dejar pasar, la desregulación al fin y al cabo. El descontrol actual del sistema financiero y la ausencia del gobierno de la política sobre los intereses económicos más particulares también han tenido sus efectos directos en las migraciones forzadas. Primero, la economía y la acumulación llama y los inmigrantes acuden ante la falta de empleo y oportunidades en el país de origen. Luego, en situación de crisis, se le incita a que se marchen aún cuando en el origen no se hayan producido cambios que les ofrezcan mayores oportunidades, lo que provoca más restricciones y controles en el destino para reducir la entrada. En la situación de desigualdad internacional en la que nos encontramos, es como ponerle puertas al campo. Así que plantearse el desarrollo en el largo plazo en regiones expulsoras no sólo es un imperativo ético, sino práctico, lo que es lo mismo ejercer el derecho al desarrollo.

El cambio de modelo de migración, que cada vez será más selectivo, exige trabajadores muy cualificados, mientras los médicos, enfermeros y otros profesionales españoles prefieren emigrar -otra de las contradicciones del modelo- porque encuentran mejores salarios en países del entorno y, porque tienen mayor estímulo a la investigación. Los profesionales procedentes de otros confines deberían retornar al origen si no queremos profundizar más la brecha del desarrollo, de manera que la Migración Laboral Temporal (MLT) debe estar acompañada de un retorno asociado a programas y proyectos que produzcan sinergias en el desarrollo social y local y estabilidad en el asentamiento definitivo a estos profesionales. Debe ser una política para el ciclo de las migraciones compartida y coordinada entre origen y destino.

No debe tratarse de una política que pretenda liquidar la inmigración, sino que acabe con las condiciones de explotación, marginalidad y discriminación bajo las cuales se están desarrollando las migraciones.

A este respecto son necesarias dos áreas de acción básica: una primera que atienda a las razones de desigualdad internacional como verdadero motivo de la inmigración y que procure estimular procesos de equidad y redistribución de la riqueza y promueva dinámicas productivas en el Sur. En esta línea se encuentran las medidas de promoción de microcréditos, estímulo a la creación de empleo en países del sur, reinversión de remesas y propuestas de cofinanciamiento de proyectos de desarrollo relacionados con la cuantía de remesas en países de origen, disminución de la deuda externa y promoción del comercio justo, entre otras.

Una segunda área de acción debería procurar la vigencia de los derechos de los inmigrantes como ciudadanos promotores de un doble desarrollo: tanto en el Norte, como en el Sur. Para ello, además de un uso productivo de las remesas, se trata de reivindicar los derechos económicos, sociales y políticos de los inmigrantes y apoyar las transformaciones sociales y políticas que requieren estos países y ellos promueven.

Las posibilidades de acceso al poder, a la participación, la influencia y la justicia como valores ilustrativos de la desigualdad dentro de los países y a nivel mundial afectan principalmente, aunque no sólo a ellos, a los emigrantes de todo el mundo, cuando lo cierto es que la vigencia de los derechos de ciudadanía, que empiezan en la dignidad e igualdad en el trabajo y se reflejan en los derechos políticos y de participación en la toma de las decisiones públicas, no deberían terminar en el espacio de la soberanía nacional sino avanzar hacia la ciudadanía global. No son reflexiones nuevas, ya estaban planteadas en los años ochenta. Quizás debamos repasar a Olof Palme, Willy Brandt y las conclusiones de la comisión Norte Sur, en definitiva, trabajar por un nuevo orden internacional.

Yolanda Villavicencio Mapy
Diputada Socialista Asamblea de Madrid

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