viernes. 24.05.2024

Informe Pisa: Competencia lectora

nuevatribuna.es | 10.12.2010Uno de los aspectos, del que quiero hablar, se refiere al de la lectura comprensiva, una capacidad en la que el alumnado de este país, según el informe, sigue padeciendo el síndrome de abstinencia. Un hecho sobre el que se viene informando de forma apocalíptica desde hace unas décadas. Y sobre el que se seguirá hablando dentro de diez años, si no se atajan las causas que lo hacen posible.

nuevatribuna.es | 10.12.2010

Uno de los aspectos, del que quiero hablar, se refiere al de la lectura comprensiva, una capacidad en la que el alumnado de este país, según el informe, sigue padeciendo el síndrome de abstinencia. Un hecho sobre el que se viene informando de forma apocalíptica desde hace unas décadas. Y sobre el que se seguirá hablando dentro de diez años, si no se atajan las causas que lo hacen posible.
Y la tarea no será fácil, porque si algo no dice el informe, como no lo hacen la mayoría de las estadísticas de cualquier realidad estudiada, es cómo se puede salir de esta engolfada situación vergonzante, sobre todo si uno quiere ser coreano o finlandés, los mejores parados en el informe, en estos ámbitos del conocimiento.

Bien. Aceptemos que un 21% de la población escolar española no llega a los mínimos exigidos de una competencia lectora apetecible, según los cánones marcados por la OCDE. Unos cánones que habrá que darlos como exactos y rigurosos. Porque tampoco estamos por creernos del todo que las pruebas y la metodología empleadas para realizar tales estadísticas sean las más científicas posibles para medir la competencia lectora de un determinado segmento de la población. Pero, sin entrar en estos asuntos, que no son de poca monta desde luego, discutiré acerca de las posibles causas de ese bajón en la competencia lectora del alumnado.

Algunos profesores han saltado a la palestra de la opinión publicada y han arrojado como causas explicativas las siguientes: “El gran problema es la desmotivación”; “los alumnos no quieren aprender, no se dejan enseñar, no les interesa nada”; “el alumnado está inmerso en una pérdida de la cultura del esfuerzo”; “con la LOGSE los alumnos se han acostumbrado a pasar de curso”; “la familias no ayudan nada”; “el enfoque de una enseñanza lúdica enfrentada a la de una enseñanza del trabajo”, y así sucesivamente.

Ninguna de estas razones me parecen convincentes; al menos, en el ámbito que a mí me interesa señalar: el desarrollo de la competencia lectora.

Desde mi punto de vista, en este país y en el sistema educativo actual no se ha tenido jamás como objetivo curricular el desarrollo de la competencia lectora del alumnado. La obsesión de este sistema ha sido “hacer lectores”, que, aunque pertenezca a la misma partitura general, no es, en absoluto, la misma música en particular. La escuela y el instituto no tienen ninguna obligación de hacer lectores, pero sí la de enseñar a leer. La escuela y el instituto son responsables de los niños que no saben leer, pero no de quienes no quieren hacerlo.

La responsabilidad de la escuela y del instituto es desarrollar la competencia lectora del alumnado para que, cuando quiera leer, lo haga sin problemas.

Leer es comprender e interpretar. Si no se comprende, tampoco se puede sentir. Ni imitar ni transformar lo que leemos y nos interesa, siguiendo unas pautas precisas y creativas para hacerlo.

Ni en la escuela, ni en el instituto, se trabaja la competencia lectora del alumnado. Y no lo hacen, porque la mayoría de las escuelas e institutos de este país trabajan lo que se denomina “lectura comprensiva” mediante el envase exclusivo de los libros de texto. Pero quien tenga tiempo y entusiasmo podrá analizar cualquier plan de lectura de los que vienen en los libros de texto para darse cuenta de que en ellos no hay ningún programa de desarrollo de la competencia lectora. De los libros de texto que yo he analizado, las diez editoriales más importantes del ramo, ninguno de ellos tiene un plan de lectura desde la perspectiva del desarrollo de la competencia lectora. Ninguno.

Por tanto, y aunque el informe de PISA no lo diga, una de las causas fundamentales de que el alumnado arroje unos niveles de competencia lectora tan deficientes es el pésimo enfoque de lectura comprensiva que tienen los libros de texto.

¿Cómo es posible que un alumnado, sometido diariamente al desciframiento de textos de todo tipo y después de un montón de años, tanto en Primaria como en Secundaria, no sea capaz de responder satisfactoriamente a las pruebas presentadas por el informe PISA? La respuesta es bien sencilla: trabajando la lectura comprensiva en la escuela y en el instituto de un modo que nada tiene que ver con el desarrollo de la competencia lectora. Y la responsabilidad de tal desastre radica tanto en el profesorado, que acepta sin crítica alguna dichos textos, como en las editoriales del ramo que llevan desde hace treinta años con los mismos planteamientos y, por supuesto, en el propio Gobierno, incapaz de plantear y exigir un serio Plan de Lectura en todas las instituciones educativas.

Mi opinión es que la lectura comprensiva que se trabaja con los libros de texto es un verdadero despropósito, una pérdida de tiempo y un golfo de desesperación para el profesional de la tiza. Las actividades que proponen buscan que el alumnado responda correctamente a unas preguntas, pero no el desarrollo de su competencia lectora. Y todo profesor de lengua sabe que un niño puede responder perfectamente a diez preguntas de un texto y no haber entendido nada del mismo. La mayoría de las preguntas que se hacen sobre los textos leídos son inútiles. Porque toda pregunta que tiene una respuesta evidente en el texto no incide en el desarrollo de la competencia lectora.

El desarrollo de la competencia lectora exige conocer aquellas destrezas que subyacen en el acto de la lectura. Desarrollarlas es el objetivo de una verdadera competencia lectora. En las preguntas que hacen los libros de texto no existe tal objetivo, sino única y exclusivamente responder bien a unas preguntas determinadas. Si un lector competente es aquel que alcanza un desarrollo óptimo y eficaz en las habilidades de memorizar, identificar o seleccionar, valorar, interpretar y organizar lo leído, es lógico considerar que el trabajo del profesorado en el aula deba seguir esa orientación.

Un enfoque, que busque el desarrollo de estas destrezas y que están en la base de la competencia lectora, exigirá del profesorado un compromiso inmediato e ineludible, al menos si no cambian su enfoque las editoriales del ramo: ser más creativo en la preparación de aquellos materiales utilizados para desarrollar la competencia lectora de su alumnado. O, en su defecto, reciclar todas las lecturas de los libros de texto siguiendo este enfoque.

De lo contrario, es muy posible que, dentro de cuatro años, nos veamos en las mismas. Yo estoy convencido de que, si el desarrollo de la competencia lectora se hubiera planteado, desde hace unos años, como objetivo específico e interdisciplinar de las escuelas y de los institutos, otro PISA, desde luego, nos habría cantado... y pisado.

Víctor Moreno | Escritor y profesor.

Informe Pisa: Competencia lectora
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