martes. 16.04.2024

Incógnitas españolas y europeas

Los cambios políticos que se están produciendo en este fin de curso tienen todos un plus de legitimidad democrática...

El PSOE y el PSC tienen nuevos líderes. Y la Comisión Europea un nuevo Presidente. Grandes cambios que representan muchas incógnitas.

Pero empecemos felicitándoles y deseándoles suerte, porque a todos, españoles, catalanes y europeos, nos va mucho en el desempeño que hagan de sus funciones.

Señalemos que los cambios políticos que se están produciendo en este fin de curso tienen todos un plus de legitimidad democrática. Felipe VI, el nuevo Rey de España, es el primer monarca constitucional, a diferencia de Juan Carlos I, cuyo acceso al trono fue previo a la Constitución. Los nuevos Secretarios Generales del PSOE y del PSC han sido elegidos por votación directa de los militantes, una novedad importante en la vida orgánica de estas organizaciones políticas. Al final, las cosas se caen por su propio peso, y después de haberlo rechazado tozudamente en el ultimo Congreso, y en la posterior Conferencia política, Rubalcaba optó súbitamente por la democracia directa, dejando descolocados a varios de sus colaboradores que insistían en un Congreso a la antigua usanza.

El nuevo Presidente de la Comisión Europea también es el resultado de un proceso electoral en el que el voto de los europeos ha tenido más importancia que en anteriores elecciones.

El nuevo Presidente del Parlamento Europeo Martin Schultz, en realidad no tan nuevo, puesto que repite en el cargo, hecho inédito en la historia del Parlamento Europeo, ha calificado la elección de su adversario como un “final grandioso” del proceso electoral y un “paso importante en la construcción de la democracia europea”. Sin duda lo es. El nombramiento de Juncker, como candidato a Presidente de la Comisión y su posterior ratificación por el Parlamento Europeo, refleja también otro cambio de actitud con respecto al papel del Reino Unido en el juego político europeo: por primera vez un Presidente de la Comisión ha sido propuesto por el Consejo sin tener en cuenta la feroz oposición de los británicos. Cameron se ha quedado solo en su oposición a Juncker, mientras que en el pasado el Reino Unido vetó a políticos que consideraba demasiado europeístas como Dehane y Veroshtaf.

Este acontecimiento hay que inscribirlo en el psicodrama que se vive en Europa entre los euro y los no-euro, de entre los cuales el Reino Unido es el más refractario. Ya en el 2011, cuando se aprobó el Tratado sobre la disciplina fiscal, los países del continente reagrupados entorno a los de la zona euro le dijeron al Reino Unido que no podía impedir que bloqueara sus decisiones. Y ahora han hecho lo mismo. Con razón, pero con el riesgo de reforzar las fuerzas centrifugas que pueden empujar al Reino Unido fuera de la Unión Europea.

La elección de Juncker ha dividido a los socialistas. Los franceses se han abstenido y los británicos y los españoles, por razones diferentes, han votado en contra.

Esta primera decisión del nuevo Secretario General “in pectore” del PSOE ha sido controvertida. Coherente con las promesas hechas durante la campaña de las elecciones primarias, todos los candidatos se comprometieron a no votar a Juncker, es parte de la respuesta a la emergencia de “Podemos” y visualiza el rechazo a las grandes coaliciones en España y en Europa. En España puede ser, pero de momento la Unión Europea funciona sobre la base de las coaliciones de facto entre los dos grandes partidos del centro derecha y del centro izquierda. Sin ello el funcionamiento de las instituciones se bloquea.

Juncker necesitaba el voto de los socialistas (211) porque sin ellos, incluso añadiendo al PP el voto de los centristas liberales (68), no hubiera sido suficiente para alcanzar los 367 que necesitaba. Salvo a ser elegido con parte del voto de los euroescépticos, lo que hubiera sido peor todavía. La actitud de los eurodiputados socialistas españoles era testimonial, porque sin ellos la elección de Juncker estaba asegurada. Pero la cuestión va mas allá de las posiciones izquierda-derecha, o Norte- Sur, ya que afecta también a la forma de hacer funcionar la Unión Europea tal como es actualmente.

Para aproximarse al voto de los socialistas, Juncker ha “gauchisé” su discurso. Ha prometido una Europa más social, menos austera, más industrial y menos burocrática, campeona de las energías renovables, líder en la lucha contra el cambio climático, más paritaria y con acentos keynesianos al prometer un plan de inversiones de 300.000 millones. Ha asegurado que no sería el diligente Secretariado del Consejo y que no estaría a las órdenes de los Estados. Incluso se ha mostrado dispuesto a discutir de la armonización fiscal, para hacer olvidar que fue durante muchos años el Primer Ministro de uno de los más importantes paraísos fiscales de Europa.

Todos han obtenido algún guiño de la parte de Juncker. Los socialistas franceses presumían de que con su abstención constructiva le habían obligado a aproximarse a sus tesis. Pero está por ver los actos que siguen a las palabras. En particular, de dónde saldrán los 300.000 millones.

Habrá que juzgarle por sus actos, como pidió para él el nuevo Rey Felipe VI. Y también habrá que hacerlo con los nuevos líderes del socialismo español y catalán. Pedro Sánchez es una incógnita política, que empezará a desvelarse cuando nombre su Ejecutiva. Tiene la ventaja de disponer de tiempo para concebirla, en vez de las apresuradas negociaciones de la noche congresual.

Lo ocurrido es un claro ejemplo de que en política el orden de los factores altera el producto. Si las primarias abiertas para elegir candidato a la Presidencia del Gobierno se hubiesen celebrado antes del Congreso, como estaba previsto, puede que la historia hubiera sido diferente. Pero ya no es tiempo de especular sobre por qué obtuvo más votos aquí que allá, o sobre si hubiese sido mejor hacer las cosas así o asá. Los militantes han tenido ocasión de expresarse directamente y lo han hecho de forma clara. Ahora es tiempo de cerrar filas entorno al nuevo Secretario General y de darle todo el apoyo que va a necesitar.

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