miércoles. 17.04.2024

Lo imprescindible y sus variantes o los casos de Rajoy y Mas

Artur Mas se escondió en el cuarto lugar de su lista en las pasadas elecciones catalanas porque, se decía enfáticamente, que lo importante era el procés. 

Artur Mas se escondió en el cuarto lugar de su lista en las pasadas elecciones catalanas porque, se decía enfáticamente, que lo importante era el procés. Un argumento un tanto chusco porque todavía está sin explicar qué relación existe entre ser el cuarto y el proyecto, máxime cuando no había discusión -que nosotros sepamos- para ocupar la cabecera del cartel soberanista. Sea como fuere, ahora los convergentes y sus diversos hologramas afirman que Mas es “imprescindible”, ante las exigencias de la CUP, para ocupar la presidencia de la Generalitat. (Por cierto, hasta ahora no figura ninguna que tenga relación con que la dirección de nuestra Señora Volkswagen dé cuentas en el Parlament de Catalunya u otra quisicosa semejante). Desde tiempos de antañazo sabemos que la lógica política tiene un carácter completamente extraño al de la disciplina que construyera Aristóteles. La lógica política tiene, en estos casos, un estatuto epistemológico basado en el aforismo “era de noche y, sin embargo, llovía”, que es mitad surrealismo y mitad anacoluto.

El Partido Apostólico nos dice también que “Rajoy es imprescindible como presidente del gobierno”. Lo que parece responder a esas voces cercanas al Manzanares que indican que el grupo dirigente de Ciudadanos pone, como condición para una futura coalición de gobierno con los apostólicos, que Mariano no sea el candidato. Pero hasta los frailes del Monasterio de Silos saben que: a) los de Albert Rivera, depende cómo vayan las cosas, son capaces de tragar, no sólo a Mariano, sino hasta el caballo del Espartero; y b) que los apostólicos, depende también cómo vayan las cosas, podrían tragar que Mariano volviera a su vieja profesión de registrador de la propiedad u otras de mayor fuste. Tragaldabas unos, tragaldabas otros.

Digamos, pues, que lo “imprescindible” es una chuchería que no marida bien con el relativismo de la política que es capaz de teorizar cómo se plancha un huevo y se fríe una corbata. Con lo que las varas de medir la imprescindibilidad de Mas y Rajoy tienen tantas variables como artificialmente sean de menester. Torres más altas lo prueban, como es sabido.

Tengan ustedes por no descabellada esta hipótesis: hablar de la imprescindibilidad de un líder es una manera de endurecer las posiciones negociadoras, una forma de que los cromos a intercambiar sean más caros. Que es algo que ya conocían sus Paternidades, los cardenales, a la hora de elegir al Sumo Pontífice desde tiempos inmemoriales. De manera que si el Enviado de Cristo en la Tierra nunca se refirió a un imprescindible, no veo la razón de que Mariano y Mas lo sean. Entre otras cosas porque, para organizar un estropicio, importa poco quién es prescindible o imprescindible. Ven, cómo hasta el imprescindible Pirro fue tan prescindible a la hora de gestionar sus victorias militares como lo fue otro imprescindible, Aníbal, que también consagró su prescindibilidad en el post Cannas. Naturalmente, sin entrar en vanas comparaciones entre estos dos generales antiguos y los sargentos de semana que hemos citado anteriormente.

Queda en pié la sugerencia que antes se le ha hecho a la CUP, y en todo caso se la hace extensible al resto de las fuerzas parlamentarias catalanas. No me igan ustedes que no es pertinente. ¿Acaso nadie se atreve a meterle mano a Frau Vw?

Lo imprescindible y sus variantes o los casos de Rajoy y Mas