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miércoles. 07.12.2022

Hubo un día en que todos

NUEVATRIBUNA.ES - 20.9.2010Cómo olvidar la cálida piel de aquella primera novia. Cómo olvidar pues a Labordeta si, gracias a aquel día en que todos, sus dedos se engarzaron a los míos y uno supo en esa noche que, además de aquella que liberaría a los desheredados, había otra revolución pendiente que bullía justo por debajo de la cintura. No hay tango que diga que treinta años no es nada.
NUEVATRIBUNA.ES - 20.9.2010

Cómo olvidar la cálida piel de aquella primera novia. Cómo olvidar pues a Labordeta si, gracias a aquel día en que todos, sus dedos se engarzaron a los míos y uno supo en esa noche que, además de aquella que liberaría a los desheredados, había otra revolución pendiente que bullía justo por debajo de la cintura. No hay tango que diga que treinta años no es nada. Por ello debe ser que ya ha pasado demasiado tiempo. Tanto como para saber que cambiar el mundo debe ser maravilloso pero tener un cargo de medio pelo en la Administración tampoco está mal o que no hay utopía que perdure tanto como el pago de una hipoteca. Tanto tiempo como para eso aunque no suficiente para desterrar de la memoria las huellas de un hombre de bien. Una huella más profunda no sólo por el peso añadido de una mochila a la espalda.

También, y principalmente, porque la honestidad, la razonable coherencia, el desapego a la impostura, la sencillez o el llamar a las cosas simplemente por su nombre, por desacostumbrado, cobra la categoría de excepcional. En un océano de voces vacías y engoladas mandar a alguien a la mierda en el Parlamento se erigió en un monumento a la esperanza que hoy se desvanece en la sordidez de una esquela.

Cuando calla el cantor acaso no calle la vida pero sí que se quedan afónicos algunos recuerdos de esos que, como las brasas de una hoguera, a poco que se soplen reavivan las razones de la vida. Labordeta me regaló alguno de ellos y no sólo por tenerse uno por bien nacido se lo agradece. Lo hace también como homenaje a quien, por encima de las capillas ardientes, de las medallas y de las condolencias, acaso hubiera preferido no tener que desandar hoy alguno de los muchos caminos ya recorridos en un ayer muy lejano. Que se sepa los pasos hacía atrás jamás han sido compatibles con la palabra futuro. Nada como su voz cavernosa se prestaría a tronar contra esas injusticias que, vengan del gobierno que vengan, aunque más dolorosas cuando lo hacen desde quienes traicionan sus principios, se ceba con los más débiles en el nombre sagrado de una responsabilidad que las más de las veces sólo es coartada para las cobardías. Si apenas nos quedan sueños qué menos que algo de dignidad.

En el día en que los asesores de los mismos que se burlaban de él en el Congreso se afanan en escudriñar las letras de sus canciones para que el señorito de turno quede bien ante las cámaras, sólo se me ocurre ensalzar el orgullo propio. Aquel que me procura acordarme de ellas sin necesidad de nada que no sea rebuscar en las habitaciones más luminosas de la memoria. Brotan solas porque siempre han estado ahí. Junto a ese abuelo que pidió que se le recordara con la mejor etiqueta posible. Como un hombre sin más.

Germán Temprano es escritor y periodista

Blog: JAULA DE GRILLOS

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