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lunes. 15.08.2022

Hipatia e Isidora

NUEVATRIBUNA.ES - 19.11.2009Éste otoño han coincidido dos acontecimientos singulares que tienen como protagonista a una mujer.El 9 de octubre, se estrenó Ágora, la película de Alejandro Amenábar cuya protagonista, Hipatia de Alejandría (Egipto) fue directora de la escuela platónica donde impartió clases de matemáticas y filosofía.
NUEVATRIBUNA.ES - 19.11.2009

Éste otoño han coincidido dos acontecimientos singulares que tienen como protagonista a una mujer.

El 9 de octubre, se estrenó Ágora, la película de Alejandro Amenábar cuya protagonista, Hipatia de Alejandría (Egipto) fue directora de la escuela platónica donde impartió clases de matemáticas y filosofía. En esta obra, Amenábar saca a la luz y reivindica la figura de una mujer, secularmente olvidada y yo diría que hasta oculta por un modelo cultural basado en la preponderancia exclusiva del hombre especialmente en los espacios reservados a la ciencia y el conocimiento. Agradezco a este director español el esfuerzo y la valentía necesarios para elegir un argumento que, de antemano, choca con el desconocimiento y puede, sin proponérselo, chocar con las religiones, en sentido amplio. Una película que muestra un mundo convulso y la tensión entre la razón y el caos, entre el argumento y el fanatismo. Ágora, cuenta la historia de Hipatia, su amor al conocimiento y sus continúas preguntas para poder explicarse y explicar el mundo: ¿donde estamos?, ¿qué reglas mueven el universo? y el lugar que la tierra ocupa en él.

Narra la pasión por la erudición por encima de todo, la pasión por los libros que finalmente sucumben ante la fuerza imparable de quienes ven en ellos un peligro para su propia expansión. En ese momento son los seguidores del cristianismo, una religión monoteísta imparable, los que desafían a los antiguos dioses y con ellos un mundo, una civilización, hecha a la medida de unos pocos, de una elite que es a la que pertenece Hipatia. Una elite intelectual, económica y cultura, cuyos valores chocan con las nuevas formas de entender y ver la vida y la muerte y que, pese a aceptar con absoluta naturalidad la esclavitud, es depositaria de todo el conocimiento del mundo antiguo. Sin embargo, Hipatia es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de esos cambios y tratar de evitar la confrontación directa. Su delito para ser arrestada y asesinada fue: su inteligencia y su capacidad. Y yo diría que previamente había cometido otro, nacer mujer en un mundo en el que se imponía un único dios, con sexo masculino.

El 12 de noviembre hizo 20 años que murió Dolores Ibárruri, “Pasionaria”, o si lo queremos decir con más precisión, Isidora Ibárruri Gómez, su verdadero nombre.

También fue una mujer adelantada a su época y sumamente inteligente. Vivió, como Hipatia, en un tiempo convulso. En el caso de Dolores porque cuando nació emergía en toda Europa una nueva clase social, fruto de la revolución industrial. Los obreros que trabajan en esas primeras empresas, fábricas de manufacturas, de metalurgia, vivían en condiciones muy difíciles, con largas jornadas de trabajo y sueldos miserables, sin protección social alguna y, prácticamente sin derechos.

Desde muy joven, “Pasionaria”, seudónimo con el que firmaba los artículos que publicaba en la prensa y por el que sería conocida más popularmente con el paso de los años, entendió que su destino estaba vinculado para siempre a la clase social en la que había nacido. Podemos imaginar las dificultades que tuvo que afrontar. Casada con un minero que pasaba más tiempo en la cárcel que en su casa, tuvo seis hijos, cuatro de los cuales murieron cuando apenas habían nacido. Se Afilió al Partido Comunista y vivió con emoción indescriptible, como la mayoría de los obreros de Europa y del mundo, como la inmensa mayoría de los pobres, el triunfo de la primera revolución proletaria de la mano de Lenin en la Rusia Zarista. Después, fue diputada en la Segunda República y más tarde, para los soldados que la defendieron frente a los golpistas encabezados por el general Franco, el aliento y la luz.

El final de la guerra civil, la llevó al exilio durante 40 años. Perdida la guerra, muchos de los demócratas españoles que se habían tenido que exiliar, combatieron al nazismo en diferentes frentes. Su hijo, Rubén murió defendiendo Estalingrado.

Dolores Ibarruri fue testigo y protagonista de una época crucial. Tan importante como el avance del Cristianismo, tan importante como la Revolución Francesa y tan dolorosa como la pérdida de un hijo.

También Dolores como Hipatia, fue vilipendiada, criticada, calumniada y posiblemente hubiera sido como ella asesinada y escarnecida, si el ejército de Franco, cuando entró en Madrid la hubiera podido coger.

Es curioso y hasta paradójico que muriera el mismo día y el mismo año en que cayó el muro de Berlín, el 12 de octubre de 1989, a los 94 años de edad. Un muro que, en parte, simbolizaba la fractura abierta en Europa tras la Revolución Rusa. Una Revolución que convulsionó el mundo, que impuso un sistema llamado socialismo real, pero que tuvo muy poco de socialismo y muy pronto convirtió la vida real en pesadilla para millones de seres humanos.

Hipatia murió asesinada cuando todavía era una mujer joven. Dolores Ibárruri, tenía casi noventa y cinco años cuando falleció. Ambas son testimonios irrefutables de inteligencia al servicio de los demás. Más de quince siglos separan sus vidas, pero ambas sufrieron la violencia, no solo de tiempos convulsos, sino aquella ejercida contra sus personas. Por ser mujeres y, muy en especial, por no resignarse a ocupar el lugar que la sociedad les había asignado. Hipatia e Isidora están hoy más vivas que nunca como protagonistas de grandes acontecimientos intelectuales e históricos y también como víctimas de un mundo que todavía no les ha reconocido adecuadamente su valía. Un mundo que dentro de unos días, como cada 25 de noviembre, conmemora el Día Internacional contra la violencia de género.

Carmen Rivas es periodista. Directora del Observatorio de Medios de Comunicación y Sociedad de la Fundación 1º de Mayo de CCOO.






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