sábado 14.12.2019

Haití, después del terremoto

NUEVATRIBUNA.ES - 18.1.2010Que vienen los marines. Estados Unidos se ha comprometido a proteger con sus fuerzas armadas el reparto de ayuda humanitaria entre los haitianos, diezmados por un seísmo que marcó 7.3 en la escala Richter y que ha vuelto a demostrar que no sólo nos encontramos ante eso que ahora llaman los tertulianos “estado fallido” sino ante uno de los lugares con peor suerte del planeta.En Haití, llueve sobre mojado.
NUEVATRIBUNA.ES - 18.1.2010

Que vienen los marines. Estados Unidos se ha comprometido a proteger con sus fuerzas armadas el reparto de ayuda humanitaria entre los haitianos, diezmados por un seísmo que marcó 7.3 en la escala Richter y que ha vuelto a demostrar que no sólo nos encontramos ante eso que ahora llaman los tertulianos “estado fallido” sino ante uno de los lugares con peor suerte del planeta.

En Haití, llueve sobre mojado. La última catástrofe natural que vivió el país más pobre de América Latina antes del último seísmo fue el huracán Hannah, en 2008, pero lo que lleva media historia arrasándolo son los desastres políticos. Nadie parecía predecirlo cuando en 1804 fue uno de los primeros países en alzar la voz de independencia y desgajarse de Francia en 1804. Luego, ayudaría a otras naciones del continente a romper con España como metrópolis colonial: de su solidaridad, en aquel momento, supo mucho Simón Bolívar.

Sin embargo, su deriva política del siglo XX le ha llevado a una situación insostenible, para lo que quizá habría que remontarse al siniestro periodo de Papa Doc y los terribles Tom-tom Macute, sin olvidar el fenómeno de los zombies, que más allá de la magia negra resulta tan natural como la vieja explotación del hombre por el hombre. El autoritarismo militar y una clase política ligada a la oligarquía local –que también la hay—contrasta con la miseria absoluta de su pueblo; éste, lejos de los sueños expansionistas del ejército haitiano en el pasado, ha buscado refugio y trabajo en la vecina República Dominicana donde, en los últimos meses, ha prosperado un peligroso discurso político anti-haitiano que esperemos que no influya en su condición de puente para la recepción de auxilio internacional para con sus vecinos.

El terremoto ha demostrado a las claras los problemas de infraestructuras que arrastraba Haití y que no sólo afectaba a las infraviviendas, sino a edificios históricos, inmuebles utilizados por los servicios diplomáticos o, desde luego, carreteras y el precario aeropuerto de Puerto Príncipe. Pero después de la devastación no llegó la calma: los enviados especiales se hacen eco del pillaje y del expolio, aunque algunos lo atribuyen al hecho de que el temblor de tierra provocó que cientos de presos abandonaran las cárceles. ¿Cómo se nos pasa por la cabeza que los haitianos en general vayan a comportarse como boys scouts cuando llevan décadas siendo entrenados para la supervivencia a toda costa por una tierra poco feraz y unos gobiernos demasiado feroces?

La Misión Especial de Naciones Unidas en Haití lleva tiempo informando sobre la necesidad de buscar una solución de futuro para la gestión del día a día en ese sector de la isla. El envío de marines por parte de Estados Unidos tendría que ser estrictamente coyuntural y no convertirse en una intervención permanente y definitiva como ya han denunciado algunas voces de la región como el gobierno nicaragüense. Tampoco parece demasiado viable el runrún que tomaba cuerpo en la Organización de Estados Americanos (OEA), en aras de una unificación política entre Haití y Dominicana. ¿Y qué decir de la oferta de suelo por parte de Senegal para que los haitianos que lo deseen viajen hacia Africa para reencontrarse muchos de ellos con la tierra de sus ancestros o, simplemente, con una tierra que poblar, cultivar y de la que alimentarse? Algo es algo, habrá que decir.

Pero mejor sería que la comunidad internacional, ahora tan consternada y tan concernida por estos tremendos acontecimientos, ensayara una solución compartida por los propios representantes legítimos de los haitianos: a pesar de que su parlamento también se haya desplomado y a pesar de que su gobierno no merezca semejante denominación. Un gabinete de concentración, en donde también estuviera presente la oposición e incluso la disidencia, podría ser una buena primera piedra para empezar de nuevo. Eso sí, cuando sean retirados los cadáveres. Y cuando sean atendidos los heridos y los sin techo.

Juan José Téllez es escritor y periodista, colaborador en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Fundador de varias revistas y colectivos contraculturales, ha recibido distintos premios periodísticos y literarios. Fue director del diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como periodista independiente para varios medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha firmado los libretos de varios espectáculos musicales relacionados en mayor o menor medida con el flamenco y la música étnica. También ha firmado guiones para numerosos documentales.

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