miércoles. 19.06.2024

Ese "gobierno del cambio"

Tengo la impresión de que Pablo Iglesias el Joven no está separando el grano del qué de la paja del cómo.

Tengo la impresión de que Pablo Iglesias el Joven no está separando el grano del qué de la paja del cómo. Y ello le está acarreando no pocos inconvenientes. Su incisiva propuesta de formar gobierno con el PSOE –el «gobierno del cambio»--  es una buena muestra de la confusión entre el qué y el cómo. Extraña confusión, además, porque a lo largo de las negociaciones para conformar los gobiernos autonómicos y locales hicieron una impecable orfebrería entre lo uno y lo otro. El qué: esto es, la cuestión prioritaria del programa; el cómo: el gobierno en coalición.

Políticamente no es conveniente que el interpelado se entere por terceros de la propuesta que se le hace. Estéticamente no parece elegante que se hagan así las cosas. Lo que ha provocado que los de Pedro Sánchez hayan reaccionado afirmando exageradamente que Pablo les hace chantaje. Francamente, no vemos dónde está el chantaje, pero real o fingidamente así dicen haberse sentido los socialistas. En todo caso se trata, a criterio mío, de una respuesta sin fundamento, pero en política el mundo de las apariencias acaba convirtiéndolas, en determinadas ocasiones, en realidades. Máxime cuando los de Pedro tienen un flanco al descubierto: es el pregoneroechao p´adelante que no  necesita que le den tres cuartos para tocar la trompetilla.

Pablo no ha estado acertado. Ha puesto primero la formación del gobierno al PSOE sin haber tenido la necesaria deferencia de haber hablado reservadamente con Pedro Sánchez. No estamos ante un problema de cortesía sino de eficacia política. De manera que las consecuencias, por lo menos hasta la presente, siguen como antes: en un infantil juego de pizpirigañas.

La reacción de los viejos galápagos, que esperan las espaldas de Pedro Sánchez, aprietan las filas a la espera de la decisión, definitiva o no, del joven secretario. De unos viejos galápagos que se sienten protegidos por la mayoría de sus colegas de la socialdemocracia europea, cuyo lema es «esperar y barajar». En esas condiciones la jugada de Pablo no tiene eficacia; mejor dicho, es contraproducente.

¿Lo sabía el primer dirigente de Podemos? ¿Ha pesado más el Alephde todas las incontinencias, que encierra Pablo, que la búsqueda paciente de una propuesta que pudiera ser asumida por Pedro y empequeñeciera el índice de resistencia del que hablara  Léandre Pourcelot  tan numantinamente expresado por esos galápagos que nunca mueren? No lo sabemos, pero podemos intuir sus consecuencias. ¿O, tal vez, Podemos no quiere formar parte del gobierno y disfraza las formas de su propuesta para no infundir sospechas? Tampoco lo sabemos.

En todo caso, lo que tiene que entender Pablo, más pronto que tarde, es que no se puede estar zarandeando constantemente a un partido que encierra todo el Aleph de las desestabilizaciones internas desde hace ya demasiado tiempo. En resumidas cuentas, a Pablo le recomendamos la lectura del verso lorquiano: «la luz del entendimiento me hace ser muy comedido».

Ese "gobierno del cambio"