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sábado 21/5/22

Gigi L’Amoroso

Benedicto XVI luce resuelto con sus puntillas y su canesú mientras regala saludos a sus fans. Su sonrisa recuerda a la del niño travieso y repelente que tras cometer una fechoría, celebra haber burlado el pertinente castigo. En un mundo idealista no existe el reproche para quien se erige en portavoz de la razón de Dios.

Benedicto XVI luce resuelto con sus puntillas y su canesú mientras regala saludos a sus fans. Su sonrisa recuerda a la del niño travieso y repelente que tras cometer una fechoría, celebra haber burlado el pertinente castigo. En un mundo idealista no existe el reproche para quien se erige en portavoz de la razón de Dios. Desde la universal vocación católica, es el Papa de Roma quien ostenta la única Autoritas posible respecto al análisis más juicioso de la realidad. Benedicto es el portero de la disco y sólo él permite el acceso a la Verdad. Lo relevante de todo este carnaval no está en perpetrar el ideal, sino en revestirse de dignidad; en esgrimir ese plus añadido que para muchos merece la creencia, como si Dios -el Dios de los católicos en este caso-, lo que valorase fuera "las creencias".Para muchos, hace siglos que lo importante no es ya la fe, sino la diplomatura -cara a terceros-, de nuestra moralidad y nuestros dudosos comportamientos.

Pocos placeres confesables deben resultar más gozosos que el de ser Papa y exigir cuentas a los fariseos. “En nombre de Dios todopoderoso, me dirijo a las grandes Compañías, a los grandes Fondos, a los auspiciadores de un capitalismo sin alma, a todos aquellos poseídos por la usura y la codicia, verdugos de la humanidad...”. Nada de vagas insinuaciones "a la economía" para salvar la vergüenza torera vaticana. Cada domingo, la lista completa del consejo de administración de tal o cual Corporación. Los nombres más poderosos arrojados a la Gehena Urbi et Orbe, desde el mayor desprecio y sin la más mínima compasión. Por mucha disparidad protestante existente, eso sí que "no se lo saltaba un gitano". Pero Benedicto y sus obispos hace tiempo que sólo muestran preocupación por lo que realmente les pone: los homosexuales, la píldora postcoital, los preservativos o la "revolución sexual" -que diría el divertido entertainer alcalaíno Reig Pla-. Benedicto hace tiempo que olvidó que a quien hay que arrojar a los infiernos, es a los malos. Diríase que el principal problema para llegar a ser Papa es la fe: por lo visto hay que carecer de ella. Si eres Papa y tienes fe puedes durar a lo sumo un mes, que es lo que duró el bueno de Juan Pablo I.

Lo propio en un mundo donde predomina la impostura es "adecentarse", revestirse de fe. A mayor indecencia, más pulcro el atuendo. Precisamente por pretender corregir los vicios católicos, los protestantes comenzaron a exigirse más. Se trataba, no ya de “aparentar ser”, sino de “ser plenamente y esforzarse en ello”. Con el tiempo, tanto unos como otros, han demostrado que lo que sale realmente a cuenta es la apariencia. En el estercolero financiero de la globalización, lo que cuenta es enarbolar a Dios como estandarte para nuestra redención. Dios bendice todo lo que se pone por delante. Si la diferencia entre el bien y el mal la establece Dios, y yo me exhibo como su más fiel valedor, elimino sospechas y gano sin duda en decoro e impunidad. Soy yo -con mis pecados y mis turbios negocios- quien proclamo y esgrimo a Dios; soy yo quien me encarno en Dios mismo y decreto mi propia absolución -junto a la de mis actos-. Diríase que para muchos, la fe se confecciona a medida, como anticuerpo de un insoportable remordimiento en el más acá. ¿El más allá? Ni siquiera cuenta de momento; se deja para más adelante. Es todo una delirante cuestión de higiene. Benedicto, como Gigi L'Amoroso, "por donde va / con su mirar hace caricias...”.

 

Gigi L’Amoroso
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