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miércoles. 10.08.2022

Futbol y política: ¿amigos o enemigos?

Para muchos la esfera política y la del futbol nunca están claramente delimitadas. Sin embargo para muchos otros, vincular fútbol y política es caer en un error propio de quienes pretenden realizar demagogia barata. Lo cierto es que la historia no miente, y tanto el deporte que más fervor despierta en el pueblo (el futbol) como el ejercicio del poder al servicio del pueblo (política) han estado estrechamente ligados.

Para muchos la esfera política y la del futbol nunca están claramente delimitadas. Sin embargo para muchos otros, vincular fútbol y política es caer en un error propio de quienes pretenden realizar demagogia barata. Lo cierto es que la historia no miente, y tanto el deporte que más fervor despierta en el pueblo (el futbol) como el ejercicio del poder al servicio del pueblo (política) han estado estrechamente ligados. Solo hay que remontarse al siglo XX, momento en el que se identificó el fútbol como aliado inseparable de fascismo y dictaduras que hallaban en los éxitos futbolísticos un mecanismo generador de ideologías y acción propagandística. Mussolini, Hitler y Franco fueron 3 de las principales personalidades mas activas en la utilización del balón como proveedor ideológico de sus respectivos regímenes.

Italia organizó la II edición de la Copa del Mundo, utilizando el fútbol como instrumento de presión diplomática. La máxima expresión de esto fue la influencia que ejerció “Il Duce” para quitarse de encima a Suecia (país que candidato a albergar el campeonato mundial). Uruguay por su parte se negó a participar “No iremos en rechazo al régimen fascista italiano y a la utilización política que se hara del evento”.

Alemania, con Adolf Hitler a la cabeza y Joseph Goebbels como ministro de Propaganda, hizo usos similares del fútbol en la XI edición de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Hitler fue un gran especialista en hacer de la manipulación del deporte una obra de arte. En la ceremonia de apertura, después del himno oficial, más de 100.000 personas entonaron el Heil Hitler en el estadio de Grünewald. Alemania fue el país que más metales se adjudicó en el evento, 89 en total: 33 de oro, 26 de plata y 30 de bronce. Los alemanes triunfantes eran exaltados en los periódicos como los «rubios vencedores». La primera medalla olímpica fue también para un alemán, Hans Woellke, que lanzó el peso a 16,20 metros, lo que le sirvió para ser ascendido a teniente «por sus servicios a la patria».

Durante el franquismo España no fue indiferente a la explotación política del fútbol. Con la llegada al poder del Caudillo tras la Guerra Civil (1936-1939) comenzó la instrumentalización política del fútbol. La Delegación Nacional de Deportes (DND) −cuyo lema era «haga deporte y mejore la raza»−, dependiente de la Secretaría General del Movimiento y a cuyo frente estaba el general José Moscardó, fue creada con la finalidad de utilizar el deporte como exhibición internacional de la virilidad hispana al estilo de los regímenes totalitarios de Italia y Alemania en los decenios 1930 y 1940. El equipo nacional fue un gran socio de Franco para exaltar la furia española y explotar el concepto de madre patria. El Mundial de Brasil de 1950 constituyó uno de los acontecimientos de mayor exaltación patriótica.

Paralelamente a este periodo histórico singular, el futbol también ha sido utilizado como “agente social” o mejor dicho, “droga social”: Término acuñado por el historiador Paul Preston y entendido como la capacidad de mantener a la población en un estado de pasividad política de tal manera que se eviten levantamientos y manifestaciones. Este concepto ha sido uno de los aspectos habitualmente más utilizados por los regímenes políticos de todo el mundo como herramienta de control de la población. La técnica del fútbol como droga social tiene raíces consolidadas en las dictaduras sudamericanas: Brasil (1964-1985), Chile (1973-1989), Uruguay (1973-1985) y Argentina (1978-1983). Los gobiernos, en general, prefieren un pueblo desmovilizado desde el punto de vista político, ya que esa pasividad facilita el ejercicio del poder. En los regímenes autoritarios esa ausencia de movilización adquiere matices más significativos.

Hoy en día, y para evitar debates más profundos lo que es evidente para todos es que el futbol es utilizado a veces (últimamente, muchas) como trampolín hacia el ejercicio de la política. La visibilidad –popularidad- que suministra el fútbol hace que resulte difícil resistirse a entrar en la política: «El más pequeño responsable de un club pesa socialmente más que la más alta autoridad, y su capacidad de movilizar masas es muy superior» Ramón Mendoza dijo en su día que ser presidente del Real Madrid era más que ser ministro de la nación. Berlusconi (dueño del Milán CF) o Laporta (expresidente del Barcelona FC) supieron verlo a tiempo. Tanto uno como otro decidieron crear un nuevo movimiento político. La rentabilidad electoral no se hizo esperar. Otro de los que tuvieron éxito fue Mauricio Macri (expresidente del Boca Juniors) que en 2003, año en el que la economía argentina pasaba por momentos delicados presentó su candidatura a las elecciones a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En España otro que triunfó fue Jesús Gil en Marbella con su partido el “Grupo Independiente Liberal” , llegando en uno de sus discursos a afirmar que “con la popularidad que tengo, podría ser Dios”.

Pero no solo los presidentes de entidades futbolísticas deciden pasar al otro lado. Los futbolistas también. Aparte de que son muy atractivos a la hora de ser politizados (Zinedine Zidane o Beckham son dos de los ejemplos más clarividentes por su carisma, sirviendo como transmisores políticos) algunos se decantan por trabajar en política tras retirarse del fútbol. Este es el caso hoy del delantero ucraniano Andrei Shevchenko. Que a sus 35 años ha decidido retirarse de este deporte para dar rienda suelta a sus ambiciones políticas. “Dejo el futbol para dedicarme a la política de mi país”, escribió en la web de su actual equipo el Dinamo de Kiev. Anunció asimismo que en breve ofrecerá una rueda de prensa para explicar los detalles de su marcha.

Después de este breve repaso de la intromisión de la política en el fútbol y viceversa se me han planteado algunas dudas: Lo que sabemos con certeza es que el futbol es un deporte que prepara bien al hombre desde el punto de vista físico. Pero, ¿y desde el punto de vista intelectual? ¿Están capacitados a llevar los asuntos públicos tan bien como el balón?

Futbol y política: ¿amigos o enemigos?
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