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miércoles. 08.02.2023

Fraga: misión cumplida

Ignoro cuáles habrán sido los últimos pensamientos de Manuel Fraga, pero, dejando de lado las íntimas aflicciones generadas por el deterioro de la salud o por cercanas pérdidas familiares, difíciles de conocer, en lo referente a su vida política sus sentimientos finales sólo pueden haber sido de gran satisfacción, pues ha fallecido cuando el partido que él fundó, en cierto modo confundido con su propia personalidad,

Ignoro cuáles habrán sido los últimos pensamientos de Manuel Fraga, pero, dejando de lado las íntimas aflicciones generadas por el deterioro de la salud o por cercanas pérdidas familiares, difíciles de conocer, en lo referente a su vida política sus sentimientos finales sólo pueden haber sido de gran satisfacción, pues ha fallecido cuando el partido que él fundó, en cierto modo confundido con su propia personalidad, acaba de llegar al Gobierno y ostenta, además, el máximo poder municipal y autonómico alcanzado por la derecha desde el fin de la dictadura, incluso en territorios donde le ha sido muy difícil crecer.

La trayectoria política de Fraga, que sus seguidores llaman servicio a España, es larga y comprende dos etapas bien diferentes y formalmente contradictorias, pero defendidas por sus hagiógrafos como un signo de coherencia. Hasta 1975, Fraga fue una pieza importante de la dictadura, a la que sirvió con lealtad desde sucesivos cargos -Secretario General del Instituto de Cultura Hispánica, Secretario del Consejo de Educación, Secretario General Técnico del Ministerio de Educación, procurador en Cortes, Consejero Nacional de Movimiento, ministro de Información y Turismo (1962-1969) y embajador. Tras la muerte del dictador, fue vicepresidente del Gobierno y Ministro de Gobernación entre diciembre de 1975 y julio de 1976, en el Gobierno de Arias Navarro.

En estos años, fundó Godsa y Fedisa, dos gabinetes de estudios que eran dos tapaderas de las que saldría Reforma Democrática, uno de los casi 400 partidos políticos que aparecieron entonces, embrión de Alianza Popular (luego Partido Popular), con el fin de intervenir en los cambios que ya se gestaban entre bastidores.

Catedrático de Teoría del Estado y de Derecho Constitucional, era un profundo conocedor del aparato gubernamental, conocimiento que supo aprovechar para transformar el régimen desde dentro pero cuidando de preservar lo esencial del franquismo. Se le presenta como un reformista del régimen, pero su objetivo nunca fue acabar con él. Sólo cuando Franco murió percibió que el franquismo carecía de un futuro creíble sin su fundador, pero tampoco estuvo entre los que dieron los pasos más decididos para acabar con la dictadura. Su labor durante la transición consistió en impedir que las reformas fueran demasiado lejos y en mantener la legalidad de la dictadura mientras se realizaban los cambios, ante los intentos de la oposición democrática de forzar una ruptura.

Fraga fue toda su vida un conservador autoritario, que actualizó el legado de Romero Robledo y Cánovas del Castillo.

En términos generales, el ideario conservador pivota sobre la defensa del sistema tradicionalmente establecido. Asegurar la ley y el orden es la labor fundamental del Gobierno y las instituciones. Orden jurídico y orden moral, que emanan del sabio y universal mandato divino ante la débil naturaleza humana, la cual precisa la constante vigilancia de un gobierno fuerte y de una Iglesia celosa de su misión. Orden basado en una jerarquía que tiene su justificación en la natural desigualdad de los seres humanos, por lo cual el gobierno de la sociedad debe ser entregado a los mejores, que suelen provenir de las clases superiores, pues, al estar mejor instruidas y ser propietarias, están interesadas en mantener la ley y el orden. La propiedad deviene, así, en un componente de la estabilidad, que refuerza la aversión de los conservadores al progreso y a los cambios, sólo admitidos si son lentos y respetuosos con la tradición.

El actual conservadurismo español tiene rasgos propios, como la preferencia por el Estado centralista (unidad de España) y el gobierno fuerte; democracia, la justa y sistema electoral mayoritario (lo más cercano al partido único son dos únicos partidos con posibilidad de gobernar); desconfianza en las clases populares, que conviene mantener entretenidas y disciplinadas; aversión a las actitudes progresistas y a las ideas de la izquierda; propiedad privada y libertad de mercado (con protección del Estado cuando haga falta, que es siempre); defensa de la familia y del matrimonio cristiano; moral católica inspiradora de la ley; Estado confesional o casi confesional, y estrecha relación con la Iglesia (Concordato). De modo que cuando sus biógrafos alaban el servicio prestado por Fraga a la democracia, se refieren a esta democracia, no a otra; a esta democracia de cortos vuelos, que Fraga contribuyó a instaurar con su decisiva participación en el proceso constituyente y que su partido ayuda a mantener. Y, en consecuencia, que su también celebrado servicio a España, lo fue a lo que él entendía por España, esa noción arraigada en la derecha desde el siglo XIX.

Su gran mérito fue fundar un partido para que esa derecha, que había confiado en el régimen franquista la defensa de sus aspiraciones e intereses, una vez superado el desconcierto provocado por la muerte del dictador, pudiera frenar los intentos rupturistas de la oposición y situarse en el nuevo régimen parlamentario en disposición de frenar la labor de las izquierdas y encaminarse a la conquista del Estado. Le ayudaron los errores de sus adversarios y la oleada conservadora que desde los años ochenta recorre victoriosamente el mundo.

Presumiblemente, Fraga ha muerto con la satisfacción del deber cumplido. La derecha surgida del régimen franquista, que él configuró y aglutinó en el Partido Popular, vuelve a ser hegemónica en España… y sin haber tenido que renegar de la dictadura.

Fraga: misión cumplida
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