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miércoles. 29.06.2022

Feliz quien conozca la causa de las cosas

Se atribuye al poeta latino Virgilio (70 a.C.-19 a.C.) la frase que compendia este texto: “¡Feliz el que ha llegado a conocer las causas de las cosas! " En su época no está nada claro cuáles eran los mecanismos de transmisión de la información, salvo para los privilegiados que se encontraban en las proximidades de su génesis. Afortunadamente, hoy no es el caso.

Se atribuye al poeta latino Virgilio (70 a.C.-19 a.C.) la frase que compendia este texto: “¡Feliz el que ha llegado a conocer las causas de las cosas! " En su época no está nada claro cuáles eran los mecanismos de transmisión de la información, salvo para los privilegiados que se encontraban en las proximidades de su génesis. Afortunadamente, hoy no es el caso. Los datos los llevamos encima, en el teléfono-computadora, que nos tiene bajo control las veinticuatro horas del día, accesibles en cualquier momento y casi en cualquier lugar. No es ningún problema ni la distancia ni el tiempo.

Otra cosa es la veracidad, la calidad en suma, de lo que nos llega. Los medios oficiales, son gubernamentales, tienen dueño, y no es el pueblo, sino el que se erige en patrón, que es quién gobierna. Los políticos del PP han nombrado a los dirigentes de los medios de comunicación y éstos tienen miedo de perder el puesto de trabajo, y se someten. Por si fuera poco, nuestra cultura democrática deja mucho que desear. Urdaci exhibió un penoso corte democrático, cuando nos aclaró que el juez le había condenado por maltratar de palabra al sindicato con aquél C,C,O,O, ¿recuerdan?. Y lo divulgó desde una emisora pública.

Recordarán una noticia de TVE sobre Irak en la que se colaron unas imágenes de Rajoy. Debió ser verdad que se colaron. Hubo todo tipo de disculpas del ente público, pero no bastaron para apagar el fuego que se había declarado. Las imputaciones del PP fueron contundentes, insistieron en la necesidad de que TVE se pareciera a la BBC, era su modelo: llegarían al poder y cambiarían las cosas, nos decían. Pero el gobierno socialista dio un paso trascendental, organizando una TVE profesionalmente impecable y exenta de influjos políticos. Era de suponer que todos los colores políticos aplaudían a una TVE que nunca, desde su instauración, había sido un ente despolitizado. Pero el PP llegó al poder y no le valía una TVE neutral, dando juego a gobierno y oposición. La doctrina única hay que imponerla, si no, hay que hacer lo posible por que se imponga. Y la impusieron. Floriano anunció que no iban a haber comisarios políticos, pero hubo, directamente, dirigentes políticos.

Las televisiones autonómicas han sido un desastre. Hay que reestructurarlas, no sólo porque la crisis lo imponga, sino porque no cumplen mínimamente con su mandato constitucional, como medios de comunicación social. No puede entenderse que la BBC no entre en la lucha por las trasmisiones de futbol y lo haga una emisora de televisión autonómica. Hay que optimizar gastos, recortar plantillas y sujetarse a las necesidades informativas de su ámbito geográfico. Naturalmente que el ejemplo estatal no es nada edificante para las autonómicas. La BBC era muy buena, incluyendo redactores de 60-65 años que no eran guapos ni guapas, ni seleccionados con ese filtro, pero, eso si, tenían crédito, la autoridad informativa acreditada hacía que se les pudiera creer. No es solo una anécdota que el entrevistador de la Thatcher, que le dijo a ésta, que habían acabado y a quién la Thatcher le hizo saber que tenía más cosas que decir, de lo que el periodista debía colegir que debía continuar, pero que desde su acreditada autoridad informativa, consideró que habían finalizado y, desoyendo a la Thatcher, terminó. En el Reino Unido el periodista siguió haciendo entrevistas, aquí hubiera tenido las horas contadas.

TVE española y los españoles nos lamentamos de que la época de esplendor informativo haya finalizado. La TVE se despolitizó, aunque Cospedal voceaba que no era imparcial en 2011, cuando no les hacían caso a los políticos para fijar los criterios informativos. Sí que urdieron un ataque planificado, medido y sopesado, contra TVE. Nada más llegar el PP al poder ha cambiado el régimen de nombramiento de los responsables: antes era necesario que los dos tercios del Congreso de los Diputados lo respaldaran, lo que obligaba a ponerse de acuerdo gobierno y oposición, ahora ya no es necesaria esa proporción al nombrarse consejo y presidencia por mayoría simple. Ahora tiene dueño. No hay más que verla.

Las Televisiones autonómicas no andan a la zaga. Contratos millonarios de grupos empresariales, próximos a los gobiernos, se reparten los ruinosos contratos, para los ciudadanos. TeleMadrid, con Leguina y Gallardón, parece que funcionaba bien. Esperanza, si no era un altavoz suyo, no le valía y cogió el mando: la Selección Española, la Roja de la Eurocopa, pasó a ser Selección Nacional; Rescate fue un término proscrito, incluso estuvo un tiempo prohibido en el léxico de la presentación de los informativos. Curiosamente, cuando Zapatero no entraba por el término crisis, TeleMadrid incentivaba el uso del mismo a gogó; fotos de una manifestación griega ilustraron las jornadas del 15-M en Barcelona en un alarde informativo rastrero de mucho alcance; la presentadora pidió disculpas y la ascendieron a subdirectora de informativos, premiando su audaz acción. Telemadrid ha perdido audiencia de forma galopante, pasando de un 17 % cuando llego Esperanza Aguirre a tan solo 5% ahora. Telemadrid, en gran medida es opinión y, curiosamente, los tertulianos deben no despreciar unos pocos o muchos euros que puedan cobrar, aunque, algunos, no tienen inconveniente, por otro lado, para hablar mal de las televisiones públicas. En otras televisiones con ingeniería creativa incluida, como en Murcia, se han superado las cotas de manipulación imaginables. Hoy están sujetas a reestructuración público- privada, de la mano de algún jurásico audiovisual, todavía vivo, mañana veremos donde va a parar.

Pero los medios en manos privadas, simplemente, ejercen la propiedad sin el más mínimo sonrojo. Los intereses privados se anteponen a los generales y las interpretaciones y las posiciones se alinean con los gobiernos en cuanto hay tajada que percibir o compartir. Es muy difícil encontrar una excepción. La tergiversación, la ocultación, la minusvaloración de hechos, datos o noticias, la inclusión de soflamas gubernamentales, la censura a las opiniones que contrastan con las gubernamentales, conforman un escenario en el que es imposible conocer lo que acontece. Las filtraciones interesadas, a veces rallando lo ilegal, el poner en debate aquello en lo que los gobernantes de turno están interesados aunque contradigan posiciones mantenidas tiempo atrás, hacen que el lector no avisado o el ingenuo oyente, configuren un ámbito que dista mucho del que puede ser real. Así es que, muchas cosas no se entienden. Así, no es posible conocer la causa de las cosas, y, por tanto lo que pasa. Si las cosas no lo hacen, tendrán que hacerlo las personas, porque así, no somos felices. Hay que elegir bien. Aquí está seguro, ¡vaya si lo está!

Feliz quien conozca la causa de las cosas