martes. 16.07.2024

La fascinación del sindicalismo

Hemos aprendido con Baltasar Gracián que «lo bueno, si breve, dos veces bueno». Muy cierto, diría un servidor...

Hemos aprendido con Baltasar Gracián que «lo bueno, si breve, dos veces bueno». Muy cierto, diría un servidor. Lo que pasa es que para ello hay que saber condensar y dar con la tecla. No es fácil. Pero Gaetano Sateriale ha demostrado que no es imposible hacer diana. Ha dejado escrito lo siguiente: «A la política del siglo XXI  no  basta contraponer el sindicato del siglo XX. Eso no funciona. Es necesario innovar el sindicato». Díganme: ¿alguien ha dicho tanto con tan pocas palabras? Le quedaré agradecido a quien me lo diga. De momento, matrícula de honor a nuestro amigo italiano. Porque, por ejemplo, nos indica a establecer una serie de reflexiones concatenadas.

Por ejemplo: al centro de trabajo del siglo XXI no se le puede encarar con el sindicato del siglo pasado: «eso no funciona». Al conjunto de las relaciones laborales de este siglo no se le puede contraponer el sindicato del Novecientos: «eso no funciona». Y así, con Geatano Sateriale, podríamos seguir razonando hasta el agotamiento. Conocemos a Gaetano desde hace muchos años y sabemos que tiene el sindicalismo italiano en su cabeza. Por lo que, se supone, se está refiriendo a las cosas de su país. Ahora bien, nosotros nos aprovechamos de su planteamiento porque nos es extremadamente útil, necesario.

Desde hace tiempo los grupos dirigentes confederales están dándole vueltas a la cabeza acerca de la manera de adecuar convenientemente el sindicato a los tiempos de hoy. Desde el tendido de Sol procuro echar modestamente una mano a través de este blog. Sin embargo, ahora caigo en la cuenta de que siempre le faltó a mis escritos –y quién sabe si fabulaciones--  una introducción, una advertencia previa: todo proyecto de poner el sindicato patas arriba debería pasar por conocer el estado de ánimo de los hombres y mujeres que lo conforman. Quiero decir,  saber qué tipo y nivel de emoción sienten los sindicalistas en su noble tarea de organizar y representar a los trabajadores. Antonio Gramsci habló con cierta frecuencia de la necesidad de «una relación sentimental con las personas de carne y hueso». De acuerdo. Pero un servidor está hablando ahora de algo previo: la relación y la emoción de los sindicalistas con toda la obra colectiva del sindicato y, a partir de ahí, con los trabajadores. Siempre lo dije en mis tiempos: la fascinación de ser sindicalistas. A saber, el vínculo de todos con todos para intervenir en lo cotidiano, partiendo del ecocentro de trabajo, y darle un sentido hacia la «humanización del trabajo», de la que tantas veces nos habló Bruno Trentin.

Un ejemplo vital de esa emoción, de esa relación sentimental la encontramos en la vida y milagros de nuestro compañero Jaime Montes, que recientemente nos ha dejado en su querida Sevilla. Con su pasión espontánea y siempre con punto de vista fundamentado. Todo lo que aquí está escrito es en sentido homenaje a Jaime, ciertamente. Pero con la intención de que su ejemplo nos sea de utilidad. Así que bienvenidos los proyectos de poner el sindicato al día, pero sugiero que arranquen del conocimiento de cómo están sus gentes: de su emoción y confianza en ellos mismos y entre ellos mismos.

La fascinación del sindicalismo