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jueves 19/5/22

Falsa alarma

NUEVATRIBUNA.ES - 24.6.2010El 14 de septiembre de 2008, Lehman Brothers quiebra arrastrando un pasivo de 639.000 millones de dólares, 430.000 millones de euros,- aproximadamente el 80% del total de la deuda privada en España 600.000 millones de Euros. El gobierno Bush deja caer a la compañía.El 17 de septiembre de 2008, el mismo gobierno de Bush acude al recate de (AIG) American International Group con 85.
NUEVATRIBUNA.ES - 24.6.2010

El 14 de septiembre de 2008, Lehman Brothers quiebra arrastrando un pasivo de 639.000 millones de dólares, 430.000 millones de euros,- aproximadamente el 80% del total de la deuda privada en España 600.000 millones de Euros. El gobierno Bush deja caer a la compañía.

El 17 de septiembre de 2008, el mismo gobierno de Bush acude al recate de (AIG) American International Group con 85.000 millones de dólares, dos veces el total del ajuste que ha impuesto el gobierno de Sarkozy a los franceses de aquí a 2012.

El 12 de diciembre de 2008, Bernard L. Madoff ex director del Nasdaq (la bolsa estadounidense), es detenido por un fraude estimado en al menos 50.000 millones de dólares, el equivalente al recorte para 2011 que Cameron aprobará en la Cámara de los Comunes para los ingleses.

Unos años antes, febrero de 2004, los directivos de Enron, la mayor compañía de gas y electricidad de EEUU, fueron juzgados y posteriormente condenados por ocultar una deuda de su compañía estimada en 35.000 millones de euros, aproximadamente el montante del ajuste que sufrirán los italianos a lo largo de 2011 y 2012.

En los días que mediaron entre la quiebra de Lehman y el rescate de (AIG), el mundo capitalista, el mundo, contuvo la respiración ante la posibilidad más que cierta del hundimiento del sistema financiero internacional. Lo más suave que se escuchó fue: “hemos estado al borde del abismo”, “se ha salvado una situación de emergencia internacional”, “el mundo tal como lo conocemos ha estado a punto de desaparecer”, etc,etc,etc.

Inmediatamente se alzaron voces, todas autorizadas, para explicar que la situación era producto de que la economía no se sustentaba en bases reales, el valor de millones de empresas en el mundo era un mero apunte contable, producto de sucesivas operaciones financieras ficticias de compra-venta, absorciones, ampliaciones, cambios de titularidad, operaciones en definitiva tendentes a ocultar su verdadera situación, que no era otra que la de no estar respaldadas por una actividad productiva sobre la que asentar su continuidad.

Por primera vez en la historia del capitalismo, el discurso dominante pasaba de sustentarse en los valores culturales de los últimos dos siglos; capital y trabajo, a olvidarse del trabajo y otorgar al capital una preponderancia absoluta hasta convertirlo en puro artificio, en un simulacro.

El discurso del pensamiento único, simbolizado por Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal (el Banco Central de EEUU) nada menos que desde el 11 de agosto de 1987 al 1 de febrero de 2006, es el discurso de la riqueza exponencial basada en el crecimiento sin fin. Discurso que ha contaminado a instituciones y a particulares que se creían poseedoras de lo que no tenían. Todo el mundo puede tener todo aquello que pueda imaginar. ¿Hay algo más alejado de la realidad?

Ese es el discurso que ha desplazado el valor del trabajo como el eje principal que cohesiona y hace prosperar a nuestras sociedades. Un discurso que es vital combatir como creímos estar haciendo durante unas pocas semanas, después de aquellos acontecimientos que sacudieron al mundo financiero, con el impulso de parte de los gobiernos y de sucesivos GES; 7-8-20, todos los GES. Un combate que al poco se desvaneció como un espejismo.

Después de dos años escasos, las soluciones vuelven a estar de parte de los especuladores, las reformas que se acometen en buena parte del mundo no son en ningún caso límites o controles para impedir que vuelva a ocurrir lo que ocurrió con Lehman, con AIG y con tantas otras. Las reformas se hacen para cumplir con las exigencias de quienes provocaron aquella situación. ¿Existe mayor paradoja?

De nuevo se desplaza el valor del trabajo hacia la periferia, cuando debería colocarse en el epicentro de la recuperación económica. Los planes de ajuste salvaje de los países europeos no son otra cosa que el empobrecimiento de los trabajadores y trabajadoras, para hoy y para mañana, y en esas condiciones la salida de la crisis no va a producirse.

El caso español es paradigmático. Años y años escuchando que nuestra economía no puede competir por la falta de formación de los trabajadores españoles, que hay que invertir en formación… ¿Quién lo duda? pero ¿para qué economía?, ¿para la del artificio?, ¿para la que propone la reforma laboral? Cuando se escucha hablar de la reforma a los miembros del Gobierno, incluido el presidente, uno imagina que está diseñada para empresarios al frente de verdaderas empresas instaladas en polígonos industriales poco menos que de Holanda o del norte de Alemania. Luego, cuando se lee su contenido, no se tarda ni un segundo en advertir que es una reforma más, la enésima, para un tipo de empresarios que desconocen los verbos innovar, desarrollar e investigar, que sólo reclaman medidas para ajustar despidiendo sin ningún control.

Habrá que insistir: la marca España no son sólo los Botín y los Rato. La marca España son millones de trabajadores y trabajadoras que antes de Sarkozy ya se levantaban a las siete de la mañana para acudir a multitud de empresas, muchas de ellas obsoletas y viejas, cobrando salarios escasos en jornadas interminables y no siempre en las mejores condiciones de salud y seguridad.

¿Para cuando esa reforma?

Pedro Reyes

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