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martes. 29.11.2022

Eurovegas

Los madrileños (Cataluña parece que no tiene opciones) están viviendo estos días una especie de espejismo en forma de miles de millones de inversión y cientos de miles de puestos de trabajo. Un espejismo alimentado por la esperanza de que el proyecto reactive la economía de la Comunidad y sirva de contención a la destrucción de empleo.

Los madrileños (Cataluña parece que no tiene opciones) están viviendo estos días una especie de espejismo en forma de miles de millones de inversión y cientos de miles de puestos de trabajo. Un espejismo alimentado por la esperanza de que el proyecto reactive la economía de la Comunidad y sirva de contención a la destrucción de empleo.

Algo similar, el proyecto Gran Scala, vivimos en Aragón en 2007 y, aunque entonces en nuestra Comunidad el paro era del 5,2%, también las fuerzas vivas aragonesas –incluidos los socialistas en el Gobierno- apostaron por la economía de casino. Ni siquiera la jerarquía de la Iglesia, tan puntillosa con la moral y tan preocupada por el daño que puede provocar en los jóvenes la Educación para la Ciudadanía, puso objeciones a la llegada del nuevo becerro de oro.

El Gobierno de Aragón no tuvo ningún reparo en modificar la Ley del Juego, aprobada recientemente con importante consenso político y social, la de Ordenación del Territorio… y de comprometerse a hacer las infraestructuras necesarias para suministrar agua y energía, una parada del AVE, salida de la autopista AP2… Al final parece que el proyecto ha naufragado definitivamente no porque sus promotores respondan al perfil moral asociado a estas actividades -uno de los primeros representantes del grupo promotor ILD fue acusado de matar a su mujer- sino porque han sido incapaces de hacer frente a los compromisos adquiridos para la compra de los terrenos.

En Aragón prometían 17.000 millones de inversión, 65.000 empleos (muy lejos de los 200.000 que calculan para este proyecto con una inversión total similar), 600 millones de recaudación por impuestos del juego y la llegada de 25 millones de turistas. Por supuesto, como en el caso de Eurovegas, sin ningún estudio económico que sirviese de soporte a las promesas.

Que los impulsores de este tipo de iniciativas no presenten ningún estudio está dentro de la lógica, pero lo que no es tan lógico es que los Gobiernos las acepten de manera tan acrítica. Cualquier proyecto de esta magnitud debería responder a la estrategia de desarrollo de la Comunidad en la que se instala, al diseño del modelo productivo que pretende (aunque quizás este planteamiento sea propio del progresismo trasnochado, ya regularan los mercados) y no creo que sea la mejor forma de competir con nuestros socios europeos a base de grandes complejos de juego. Parece que no hemos aprendido nada de los años en los que apostamos por la burbuja inmobiliaria.

En el plano social, al margen de que es totalmente increíble la cifra de empleos prometidos, no se puede aceptar cualquier tipo de actividad solo porque cree empleo, algún límite hay que poner si no queremos volver a la ley de la selva. ¿Qué beneficios aportan el turismo de burdel de La Jonquera o de borrachera juvenil de Salou? Para los propietarios de los locales de consumo sin duda pero para los ciudadanos de estos lugares… solo problemas. Y no serán estos los únicos que traerá el macro proyecto de juego.

Eurovegas nada tiene que ver con la cultura, la historia ni las aspiraciones de los madrileños y supondrá un gran impacto social, modificando su forma de vida. El juego trae delincuencia y prostitución que se instalará no en la zona de los casinos -ya se encargarán los promotores de tenerla “limpia”- sino en las ciudades y pueblos del entorno.

Desde el punto de vista económico los beneficios para la Comunidad son más que discutibles. No existe ninguna garantía de que el proyecto sea viable, en Europa los parques temáticos no tiene demasiado éxito -como muy bien saben los madrileños- y no hay ningún indicador que permita creer que con el juego será distinto. Es más, en el caso de Gran Scala nos decían que el éxito se aseguraba con millones de visitantes asiáticos a los que parece que les gusta más el juego. ¿Tendremos que competir con Macao? Tanto la inversión anunciada como los supuestos beneficios están en el aire.

Sin embargo lo que sí se tendrán que cumplir desde el principio son los compromisos del Gobierno tanto en materia legislativa como en infraestructuras. Además no solo son los costes de construcción de las infraestructuras y su mantenimiento posterior, a la hora de analizar la rentabilidad económica hay que tener en cuenta el gasto en seguridad derivado del incremento de la delincuencia en los municipios de la zona y en sanidad por los problemas de dependencia –drogadicción y ludopatía- aparejado a este tipo de actividades. Esto sin cuantificar las repercusiones de otros problemas sociales que se producirán.

Finalmente, Eurovegas tampoco parece superar los mínimos exigibles en una evaluación medioambiental. Al margen de las afecciones concretas en la zona en que se instale, es difícil de creer que este tipo de iniciativas presente un balance energético aceptable, y menos si los usuarios se tienen que desplazar miles de kilómetros.

Vamos, que la cosa no es tan maravillosa como la pintan la presidenta Aguirre y la alcaldesa Botella. Hace falta estar muy desesperado, ser muy ingenuo o tener muy pocos escrúpulos para apostar por el proyecto avalado por un personaje como Sheldon Adelson.

Eurovegas
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