miércoles 11.12.2019

Europa, festina lente (apresúrate lentamente)

NUEVATRIBUNA.ES - 29.3.2010Los acontecimientos políticos y económicos del mundo caminan a una velocidad de vértigo. Las instituciones europeas y nacionales, apenas tienen tiempo de gestionar y digerir una crisis, cuando tienen que lidiar con la siguiente. No hay posibilidad de pensar, sólo reaccionar.
NUEVATRIBUNA.ES - 29.3.2010

Los acontecimientos políticos y económicos del mundo caminan a una velocidad de vértigo. Las instituciones europeas y nacionales, apenas tienen tiempo de gestionar y digerir una crisis, cuando tienen que lidiar con la siguiente. No hay posibilidad de pensar, sólo reaccionar. Ahora más que nunca, la política tiene que ver más con la gestión de crisis que con la gestión de la complejidad natural de las sociedades modernas. En ese nuevo escenario, ¿están las instituciones europeas capacitadas para poder responder a nuestras expectativas ante la velocidad de los acontecimientos?

Antaño, para los Jefes de Estado y de Gobierno, las reuniones y cumbres europeas eran una oportunidad para escapar de los problemas nacionales por unas horas y sentarse a pensar y a decidir sobre el siempre estimulante futuro de Europa. Hoy, son todo un vía crucis que les exige una alta dosis de “expertise” en múltiples temas y gestionar los problemas y presiones de la agenda europea e internacional en apenas unas horas. Las instituciones europeas en general, y las reuniones del Consejo Europeo -Jefes de estado y de Gobierno- en particular, se caracterizan por desarrollarse en una situación de emergencia permanente. Están forzados a llegar a acuerdos en pocas horas, conciliando expectativas e intereses muy variados y a veces contradictorios, pero todos saben que no hay otra opción posible que el acuerdo, aunque este llegue con fórceps y en el minuto de descuento. La discusión, división y finalmente acuerdo sobre el plan de rescate de Grecia de la semana pasada, constituye uno de los actos de ese nuevo escenario. La primera gran crisis de la zona Euro, es la confirmación palmaria de que la interdependencia entre los 27 es tal, que estamos condenados a entendernos aunque no necesariamente a querernos. En la UE de hoy, un ”no” acuerdo ya no es una situación de suma cero, por el contrario, todos corremos altos riesgos de perder las plumas por el camino.

Los acuerdos de mínimos y de última hora, son sólo remedios paliativos para los acuciantes e inaplazables problemas que padecemos. La UE requiere de un proyecto político sólido a medio y largo plazo, de una narrativa propia que sea comprensible, de un propósito claro, en definitiva de una pasión colectiva que vuelva a ilusionar a gobernantes y gobernados. Pero todo eso brilla hoy por su ausencia, y la desconfianza, es probablemente el vocablo que mejor define el estado de ánimo de unos y de otros. Nadie se fía de nadie. Por el contrario, si queremos ser realmente un “global player”, un actor global acorde con nuestro potencial político, económico, social y cultural en el mundo, tenemos que aprender a mover las caderas más rápidamente, a ser más audaces, más atrevidos, más innovadores. Y para ello debemos exigir a nuestros líderes algo más de coraje, generosidad y liderazgo. Coraje para tomar decisiones colectivas difíciles y complejas compartiendo el riesgo. Generosidad para aquellos que están en una situación de desventaja. Y liderazgo para mostrar el camino que tenemos que recorrer entre todos.

Europa y sus instituciones no pueden seguir actuando como un espacio de “mucho proceso y pocas nueces”, porque nos conduce a la anemia política, social y económica. Tenemos que dar un paso adelante y reinventar formas deliberativas nuevas e innovadoras para complementar y enriquecer el tradicional sistema de toma de decisiones basado en el método europeo. Necesitamos un modus operandi europeo más ágil, más abierto, más trasparente, más innovador y más acorde con un mundo nuevo que nos interpela a encontrar soluciones rápidas para los viejos y los nuevos problemas. Y entre los más urgentes, urge caminar hacia un gobierno económico europeo, algo que hasta ahora era considerado tabú. El llamado método comunitario ha sido útil, pero necesitamos “más madera”, más eficacia, más agilidad. No podemos enredarnos en estériles discusiones entre los servicios jurídicos de las instituciones sobre quién tiene las competencias para tal o cual cosa como vemos estos meses con desesperación en los casos de la vigilancia de fronteras marítimas (Frontex), con el bloqueo de la orden europea de protección de víctimas contra la violencia de género, la batalla por la comitología, los obstáculos para el rescate de Grecia…etc, mientras se pudren los problemas y la gente lo pasa mal.

Debemos exigir a las instituciones europeas, eso que nos ha recordado estos días el periodista Lluís Bassets: festina lente. Europa debe apresurarse lentamente, es decir, debe aumentar la velocidad a la que se toman las decisiones para ser capaces de responder en tiempo real a los retos del siglo XXI, así como para ser capaces de colmar las expectativas de los ciudadanos, ahora en horas bajas, ante la percepción de la incapacidad de las instituciones para responder a sus problemas. Sabemos que elaborar o diseñar políticas públicas bajo presión o urgencia no suele ser buena táctica, pero tampoco lo es dilatar o posponer ciertos debates y decisiones hasta que el listón se rebaja tanto que esa decisión deja de ser útil y llega demasiado tarde. La cooperación y la colaboración entre europeos, ha constituido y constituye el ADN del proyecto de construcción europea, y gracias a ello, hemos conseguido alcanzar – a pesar de las crisis de todo tipo- éxitos inimaginables hace décadas. Abandonar o dejar que se deteriore ese espíritu de compromiso mutuo, es el mejor camino para conseguir que la UE se deslice por la senda de la irrelevancia. Y es precisamente la irrelevancia, el mayor de los desprecios que pueden hacernos tanto los ciudadanos como nuestros socios del resto del mundo.

Pau Solanilla es asesor en asuntos europeos y autor del libro “Europa en tiempos de cólera”.

Europa, festina lente (apresúrate lentamente)
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