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domingo. 26.06.2022

ETA también pertenece a la política del corazón

NUEVATRIBUNA.ES - 7.9.2010De nuevo el anuncio de una tregua, o lo que sea, de ETA y las consabidas réplicas de partidos políticos y una multitud de organizaciones y organizacionitas que pululan en torno al grave problema del terrorismo, reiterando sus dimes y diretes sobre quién es más valiente. Que normalmente es el que está más alejado del riesgo, como es natural.
NUEVATRIBUNA.ES - 7.9.2010

De nuevo el anuncio de una tregua, o lo que sea, de ETA y las consabidas réplicas de partidos políticos y una multitud de organizaciones y organizacionitas que pululan en torno al grave problema del terrorismo, reiterando sus dimes y diretes sobre quién es más valiente. Que normalmente es el que está más alejado del riesgo, como es natural.

Hace mucho tiempo que se ha abandonado el tratamiento del terrorismo y la valoración de su significado, o al menos el intento de llevarlo a cabo, con el rigor que se debe presuponer al análisis político. Al igual que con la política en general, no se habla de causas y consecuencias, de objetivos y de proyectos sino simplemente de quién es más valiente, cuántos caen en manos de la policía, si son mujeres u hombres, si pertenecen a los históricos o son jovencitos de la kale borroka, si se les trata bien o mal en las cárceles y así sucesivamente.

La izquierda siempre se ha opuesto al terrorismo, que no debemos confundir con la justa lucha por la liberación de algunos pueblos colonizados y de clases sociales explotadas. Más allá del extraordinario sufrimiento que produce su auténtica y casi exclusiva consecuencia, consiste en servir de coartada para el incremento de medidas represivas, recorte de libertades ciudadanas, sobre todo las colectivas, retroceso en la modernización de las sociedades y ocultación y desvirtuación de los problemas reales de las sociedades capitalistas, de la desigualdad social, del exceso de beneficios sobre las rentas salariales, del desempleo elevado, del debilitamiento del estado del bienestar y de todo aquello que se pretende ocultar con un tratamiento del fenómeno terrorista como si se tratase de una serie policíaca o de un programa del corazón.

Este es el auténtico fondo de la cuestión. Como en cualquier caso policial o judicial la pregunta es: ¿Qui prodest? (¿A quién beneficia?). En cualquier lugar donde se ha dado este fenómeno no parece que hayan salido beneficiados precisamente los trabajadores y las clases populares. Más bien, visto con cierta perspectiva temporal, pero también política y económica, parece todo lo contrario.

¿Entonces? Las clases dominantes no parecen tan perjudicadas. Además de las ventajas que les ofrece para distorsionar la realidad, el tinte nacionalista sirve en nuestro caso para incrementar esa distorsión y la captura de incautos que olvidan que lo que principalmente define su situación no es la pertenencia nacional sino su ubicación en una determinada clase social. Por otra parte, la situación de estas clases propietarias no varía, al menos no en la medida que lo hace la de las clases populares con terrorismo o sin él. Y gracias también a las cortinas de humo continuamente creadas por los aliados políticos y mediáticos a su servicio, sus privilegios no corren nunca excesivo riesgos, pertenezcan a la nacionalidad que pertenezcan.

El terrorismo, como cualquier otra manifestación en esta sociedad, tiene que ver más con las clases sociales y la relación entre ellas que con cualquier otra cosa de la que se quiera disfrazar, y su combate, como cualquier lucha social, pasa por la organización y la movilización democrática mucho más que por la heroicidad de algunas personas o la valentía de una parte del sistema judicial o de algunos partidos políticos, con ser esto muy importante.

Es el momento de que los partidos políticos y los sindicatos encabecen una gran movilización social con el objetivo no sólo de acabar definitivamente con el terrorismo, sino de que este proceso sirva también para elevar el nivel de participación y la capacidad de responsabilidad ciudadana, para una mejor articulación de la sociedad y para avanzar en el desarrollo de una mayor profundización de la democracia en España.

La izquierda política y social debe explicar, una vez más, que la paz y la democracia son conquistas arduas, siempre en riesgo, útiles para la organización y la movilización de los trabajadores, que a su vez son el mejor mecanismo para conseguir articulación democrática de la sociedad, derechos sociales pero también ciudadanos, progreso social y desarrollo económico equilibrado. Hacer pedagogía, separar la hojarasca y traer a primer plano la información y el debate de lo fundamental. También el 29 de Septiembre.

Javier Fernández - Sindicalista





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