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domingo 29/5/22

Esperar el momento

No parece que Esperanza Aguirre se presente finalmente al Congreso del PP. Ha contado sus fuerzas y ha comprobado que no tiene los respaldos suficientes. No hay nada raro en esa actitud. Cualquier general, antes de entrar en combate, cuenta sus fuerzas. La presidenta de Madrid lo ha hecho y ha decidido que vale más una retirada estratégica que una derrota.¿Quiere eso decir que Esperanza Aguirre renuncia a su lucha por el liderazgo del PP? Todo parece indicar que no.
No parece que Esperanza Aguirre se presente finalmente al Congreso del PP. Ha contado sus fuerzas y ha comprobado que no tiene los respaldos suficientes. No hay nada raro en esa actitud. Cualquier general, antes de entrar en combate, cuenta sus fuerzas. La presidenta de Madrid lo ha hecho y ha decidido que vale más una retirada estratégica que una derrota.

¿Quiere eso decir que Esperanza Aguirre renuncia a su lucha por el liderazgo del PP? Todo parece indicar que no. Como buena estratega, esperará el momento oportuno. De todas formas, lo más apasionante de la situación que vive el PP es comprobar que no era tan monolítico como podía deducirse de su trayectoria. En el Partido Popular también existe la ambición, la batalla por escalar puestos, la desazón de no sentirse cómodo en un partido que, no hay que olvidarlo, se construyó con mimbres muy diversos.

Hasta ahora, la férrea disciplina impuesta por un modelo organizativo muy peculiar había ocultado las tensiones internas, lógicas en cualquier organización. Esperanza Aguirre las ha destapado, lo que, en el fondo, ha humanizado el partido, porque le ha situado al nivel de otras fuerzas políticas que han sufrido procesos muy parecidos.

En cualquier caso, lo que está claro es que la presidenta de Madrid ha preferido la prudencia a la pasión. No es mala cosa para un político.

Sin embargo, todo apunta a que el Congreso del PP se desarrollará según las previsiones sucesorias. Es decir, al menos de momento, Mariano Rajoy seguirá liderando un PP que, tras su derrota electoral, tendrá inevitablemente que plantearse qué hacer en los próximos cuatro años. Pero que -es verdad- ha roto en buena medida sus costumbres y su cultura.

Hace unos días decíamos en estas mismas páginas que la actitud de Aguirre era muy parecida a la del bravucón cervantino que terminaba yéndose y sin hacer nada. Probablemente no sea exactamente así, porque lo cierto es que éste no es el final de una lucha que no ha hecho más que empezar. Queda mucho partido por delante y hasta el rabo todo es toro.

La presidenta no es mujer de derrotas. Y no hay que olvidar que no ha sido ella la que se ha echado a la arena. Ha contado con los miembros de su equipo que han salido a dar la cara por ella, arriesgando su propio futuro. Y ha gozado, además, de la ayuda de los medios de comunicación que han visto en ella el elemento necesario para atacar a un Rajoy que consideran tibio y traidor.

Así que Esperanza espera. El admirado Ángel González, tan lejano al pensamiento de Esperanza Aguirre escribió:

“Agazapada
bajo las piedras y las horas,

esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada

es ya posible...”

Pues, nada. Ya está dicho.

Esperar el momento
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