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sábado. 13.08.2022

Erase una vez…

No se me da a mi muy bien eso de contar cuentos pero voy a intentar narrarles aquel que se refiere a un político del Partido Popular llamado José Joaquín Ripoll que estuvo un mes y diez días cobrando el subsidio del paro y que tuvo la “gran suerte” de encontrar un trabajo.

No se me da a mi muy bien eso de contar cuentos pero voy a intentar narrarles aquel que se refiere a un político del Partido Popular llamado José Joaquín Ripoll que estuvo un mes y diez días cobrando el subsidio del paro y que tuvo la “gran suerte” de encontrar un trabajo. De antemano le advierto a quien lea esta narración que este cuento contiene una gran carga emocional nada conveniente para aquellos que sufren enfermedades cardíacas o que no soporten el sufrimiento de otras personas. Comienzo:

Erase una vez un personaje llamado José Joaquín Ripoll, fue presidente de la Diputación Provincial de Alicante durante ocho años, y tuvo la osadía de enfrentarse, como fiel seguidor del exministro Eduardo Zaplana, al hasta hace poco todo poderoso señor Francisco Camps, expresidente de la Generalitat Valenciana y a sus seguidores. Entre estos seguidores de Camps se hallaba Sonia Castedo, “retorcida” y “malvada” alcaldesa de Alicante que en varias ocasiones se había enfrentado con Ripoll y viceversa por esta cuestión de fidelidades y rivalidades políticas.

Llegó el 22 de mayo de 2011 y tuvieron lugar las elecciones municipales y en las listas del Partido Popular por Alicante iban la “maquiavélica” Sonia Castedo como número uno y José Joaquín Ripoll como un componente más de la lista. Ganó el PP en Alicante y Sonia Castedo fue designada alcaldesa. De Joaquín Ripoll, se decía que iba a ser de nuevo presidente de la Diputación Provincial pero Sonia Castedo, campista hasta la médula se la tenía jurada. No fue Ripoll el elegido para ocupar dicho cargo y para su mayor desgracia la “perversa” Sonia Castedo no le dio competencia alguna dentro del organigrama del ayuntamiento alicantino lo que provocó el que Ripoll se quedara “sin trabajo” y por tanto sin sueldo. Ante tan desgraciada circunstancia Ripoll no tuvo otra alternativa, para “poder comer”, que apuntarse a las listas del paro por lo que cobraba un subsidio como parado de 1.200 euros mensuales. Evidentemente esto supuso una gran tragedia y un enorme daño moral en Ripoll que estaba acostumbrado a desenvolverse entre las capas “más afortunadas” del Partido Popular y de la política en su conjunto. Ripoll, fue senador, y conseller de presidencia con Eduardo Zaplana, o sea que pasó del todo a la nada en menos que se tarda en contarlo.

Ripoll, lo estaba pasando bastante mal –póngase usted en su lugar- hasta que “almas caritativas” del Partido Popular, que las hay, pensaron que había que acabar con este vía crucis que venía padeciendo Ripoll, y decidieron que había que buscarle un trabajo. Pusieron manos a la obra y para llegar a tal fin acordaron cesar al presidente de la Autoridad Portuaria y a todo su equipo y nombrar para este cargo a José Joaquín Ripoll, sabido es que muchos políticos son unos verdaderos todo terreno y que siempre hay un roto para un descosido, por este hecho Ripoll, pasó de estar cobrando, durante un mes y diez días, 1.200 euros mensuales por su condición de parado a cobrar unos 4.000 euros netos al mes. Pasó por momentos de verdadera tragedia pero los “hados” le protegieron y nuevamente le situaron en ese lugar prominente al que no todos los parados pueden acceder después de llevar años en la lista de parados y cobrando, al que no se la haya acabado el subsidio, una subvención de miseria. Por mor de este cargo Ripoll tendrá la potestad de poder formar un equipo de hasta diez colaboradores, esto seguro que lo va a hacer bien pues ya en la Diputación dio muestras de su enorme capacidad para este tipo de nombramientos llegando a tener hasta 70 personas contratadas como asesores y cargos de confianza. Posiblemente esta “facilidad” para contratar a gente es una de las que le ha valido para que le designen como presidente de la Autoridad Portuaria y que sus penas, angustias y miserias se acaben. Dicen que no hay mal que cien años dure –para algunos, claro- y que cuando una puerta se cierra otra se abre – pero no para todos, claro-.

Y colorín, colorado…Este cuento se ha acabado. ¿O continuará…?

Erase una vez…
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