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lunes. 08.08.2022

Entre el populismo y la corrupción

Recientemente saltaba a los medios de comunicación (que por cierto lo trataban con cierta distancia y poca profundidad) el descontento de una parte cada vez más importante, de la población argentina para con el gobierno de Cristina Fernández. Puedo “entender” la visión distorsionada desde la lejanía europea. Pero menos cuando las crónicas vienen firmadas por supuestos corresponsales desde la capital bonaerense.

Recientemente saltaba a los medios de comunicación (que por cierto lo trataban con cierta distancia y poca profundidad) el descontento de una parte cada vez más importante, de la población argentina para con el gobierno de Cristina Fernández.

Puedo “entender” la visión distorsionada desde la lejanía europea. Pero menos cuando las crónicas vienen firmadas por supuestos corresponsales desde la capital bonaerense.

Me tocó estando yo en Buenos Aires, presenciar el disparate de la clase política argentina cuando a principios de año decidió subirse el sueldo un 150%. Duplicaron el valor de las dietas con el pretexto de que si no “la política sería sólo para ricos y ladrones”; la cita es textual y fue pronunciada por el titular de la Cámara baja mientras defendía la medida por la que se subieron ese 150% real del dinero que se llevan a final de mes a sus casas (ya que a la subida del 100% de las dietas añadieron algunos otros pormenores).

En aquella ocasión solo hubo tres excepciones, dos diputadas y un diputado votaron en contra y plantearon subidas razonables con la marcha del IPC.

Fue el tema de conversación, indignada, de todos los ambientes en que me moví durante mi estancia.

Por eso hoy, cuando quiero recordar que todavía no se cumple un año de la elección de Cristina Fernández y que no conviene olvidar que lo fue con el 54% de los votos emitidos a casi cuarenta puntos por encima del segundo candidato, conviene analizar con un poco más de detalle el por qué de la situación actual argentina y la gran manifestación producida al margen de los partidos.

Conviene empezar por reconocer el importante despegue económico de Argentina en los últimos once años desde que llegara al gobierno Nestor Kirchner.

Y paralelamente, conviene recordar también para ponerlo en sus justos términos, que éste proceso de desarrollo económico ha sido bastante generalizado en prácticamente toda la América latina; donde Brasil ha ejercido de auténtico motor económico, y donde el reparto de la riqueza ha sido mayor; convirtiéndose en el País que más ha reducido su tasa de pobreza aunque tampoco haya escapado a procesos de corrupción.

Es precisamente por aquí, por la nula reducción de la tasa de pobreza, por donde resulta más criticable la política argentina. Se han acumulado enormes patrimonios económicos sin que ello haya servido para la creación de riqueza productiva y trabajo en términos paralelos razonables.

Esto y la corrupción es lo que ha lastrado, en menos de un año, la popularidad de la presidenta y el gobierno argentino.

Y es en éste contexto de pérdida de popularidad donde deben enmarcarse algunos de los episodios de acción-reacción que ha protagonizado la mandataria argentina: léase el tema de las Malvinas (porque sabe que es un tema muy sentido y sensible para los argentinos), léase expropiación de Repsol porque era también un clamor popular; o la última medida de la subida del subsidio por hijo justo en vísperas de esa enorme manifestación popular de la semana pasada.

Sin embargo, lo que haría falta y no acometen desde el gobierno argentino ni está entre sus planes o propuestas, son medidas eficientes para reducir la tasa de pobreza de ese enorme 30% de la población.

Lo que sería necesario es un sistema fiscal justo donde se gravaran las rentas más altas y se eliminaran las múltiples veredas de elusión y evasión fiscal que me contaban algunos amigos.

Sería imprescindible igualmente una política económica que pusiera freno a la inflación que en dígitos superiores a “veintes por ciento anuales”, es una de las mayores causas de la nula redistribución de la riqueza y de que se siga manteniendo semejante tasa de pobreza en un País rico en recursos pero muy mal aprovechado.

Estas si son algunas de las causas del profundo malestar que empieza a aflorar y que ha hecho salir a la calle a miles de ciudadanos en Argentina, y no la anécdota, cierta efectivamente, de que se haya limitado la compra de dólares a los argentinos.

Les debía este artículo a mis amigos argentinos, que tanto me ayudaron con sus explicaciones a acercarme al por qué de su situación.

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