viernes 06.12.2019

Encendamos la luz también en los centros de trabajo

La Reforma Laboral y la crisis económica han fundido muchas de las bombillas necesarias para realizar la acción sindical en las empresas y centros de trabajo. Se percibe la oscuridad en el bloqueo de la negociación colectiva y en las dificultades para alcanzar acuerdos en cientos de convenios pendientes de renovar hace uno, dos e incluso tres años.

La Reforma Laboral y la crisis económica han fundido muchas de las bombillas necesarias para realizar la acción sindical en las empresas y centros de trabajo. Se percibe la oscuridad en el bloqueo de la negociación colectiva y en las dificultades para alcanzar acuerdos en cientos de convenios pendientes de renovar hace uno, dos e incluso tres años. Una oscuridad que contrasta con la claridad que percibimos en nuestras plazas y calles llenas de trabajadores y trabajadoras movilizados en defensa de sus derechos convocados por los sindicatos. El 14 de noviembre ha sido un claro ejemplo de liderazgo sindical en la acción sociopolítica, como lo expresaron en todo el país las inmensas manifestaciones.

Pero esa luz, o incluso el resplandor de la movilización sostenida en la calle, no nos debería hacer olvidar que para muchos de los problemas de la clase trabajadora, en particular los relacionados con su puesto y condiciones de trabajo (salario, futuro profesional, formación, etc.), es imprescindible buscar la solución a través de la acción sindical y la negociación colectiva, y ésta sólo es posible en y desde los centros de trabajo, por mucha oscuridad que percibamos en ellos. Las soluciones están ahí, aunque en muchos de ellos nos sintamos débiles, pero donde nadie más que el sindicalismo, la fuerza organizada de los trabajadores y las trabajadoras, las puede plantear y conquistar. Y ello incluso, o mejor dicho con más motivo, si hay poca luz, porque no podemos hacer lo del paisano de la metáfora:

Había un paisano que estaba buscando afanosamente algo alrededor de una farola. Un transeúnte pasó junto a él y se detuvo a contemplarlo. No pudo por menos que preguntar:

¿qué se le ha perdido?, ¿qué busca Vd.?

Sin dejar de gemir, el paisano, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:

Busco mi anillo que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarlo junto a este farol.

Así como el paisano no encontrará su anillo en la calle, aunque esté más iluminada, el sindicalismo tampoco encontrará su función si no se corrige el déficit de la poca organización en la empresa, la sección sindical. Ahora más que nunca, precisamos articular una ofensiva, casi tan potente en medios y esfuerzos como los desarrollados en todas las movilización generales, que trate de desatascar la negociación colectiva y construya un nuevo cuadro reivindicativo para atender la nueva heterogeneidad de intereses en las empresas. Son intereses cada día más complejos de representar, y la ausencia de atención sindical facilita, en muchas ocasiones, la total libertad de maniobra para el empresario. Cuando los convenios colectivos son rígidos en su estructura salarial y en su clasificación profesional, con decenas de categorías profesionales pensadas para el trabajo fraccionado en tareas e incluso repetitivo y poco cualificado todavía, revelan que en la mayoría de empresas, están desfasados con la realidad y necesidades  de estas.

Salvo excepciones, la negociación pone de manifiesto que en España ni los partidos de izquierda, ni lo sindicatos, hemos sabido cortar, como sí han hecho en otros países europeos, con el viejo pensamiento fordista que hoy sigue mayoritariamente vigente en nuestra sociedad. Así lo reflejan las muchas empresas verticalmente organizadas y sin participación de los trabajadores. Así lo defiende, con uñas y dientes, nuestra anticuada derecha política y económica, como ha reflejado la última reforma laboral. Un pensamiento reaccionario, retrógrado, cuya superación hemos de conseguir con urgencia si aspiramos a cambiar el modelo productivo de este país.

La nueva empresa precisa de un marco laboral distinto al actual, que supere el viejo postulado de que "la organización del trabajo es facultad exclusiva del empresario", como se recoge aún en muchos convenios colectivos, y como la Reforma Laboral pretende perpetuar. Hay que corregir urgentemente ésta, que además ha impulsado de forma abusiva la opción de incidir en el volumen del empleo, en su cantidad, a través de los despidos como respuesta a los cambios en el ciclo económico, en lugar de incentivar la opción de su calidad, del coste del producto, a través de la mejora de la productividad, salarios, los cambios organizativos, la formación etc. convirtiendo la flexibilidad interna en la principal herramienta.

El II AENC podría o puede seguir siendo un buen instrumento. CCOO y UGT lo firmamos con la intención de avanzar en un nuevo marco laboral. Y así podría ser si muchas de las patronales dejaran de jugar con ventaja pretendiendo reducir su contenido exclusivamente al capítulo salarial, y éste sólo a la moderación de los salarios, obviando el resto de materias que refuerzan la negociación colectiva y el papel de los sindicatos. 

El Movimiento Sindical tiene muchos retos a los que responder: seguir combatiendo las injustas políticas iluminando las calles con la movilización social, y también para ello, desarrollar un esfuerzo añadido para impulsar la afiliación y organizarla en las empresas -sección sindical-, para generar la energía que nos permita encender también todas las bombillas en los centros de trabajo para la acción sindical, y para que, como aconseja el dicho catalán, "Que el llegir no ens faci perdre l'escriure".

Encendamos la luz también en los centros de trabajo