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miércoles. 10.08.2022

En medio de la recesión

Como era de esperar, la recesión de la economía española se profundiza. Los datos son oficiales, en el segundo trimestre de 2012 el PIB experimentó un retroceso del -0,4% y acumula un decrecimiento del -1,3% en los tres últimos trimestres. La austeridad extrema impuesta desde mayo de 2010 revela su completa ineficacia para lograr los objetivos que se dicen pretender y deteriora el tejido productivo, destruyendo empleos y crecimiento potencial.

Como era de esperar, la recesión de la economía española se profundiza. Los datos son oficiales, en el segundo trimestre de 2012 el PIB experimentó un retroceso del -0,4% y acumula un decrecimiento del -1,3% en los tres últimos trimestres. La austeridad extrema impuesta desde mayo de 2010 revela su completa ineficacia para lograr los objetivos que se dicen pretender y deteriora el tejido productivo, destruyendo empleos y crecimiento potencial.

El nuevo paquete de austeridad aprobado por el Gobierno Rajoy el pasado 13 de julio incluye la reducción de las prestaciones a las personas desempleadas, la supresión de la paga extra de todos los trabajadores de las Administraciones Públicas, una rebaja de dos puntos porcentuales en la seguridad social a cargo de las empresas y un incremento de la presión fiscal sobre el consumo, entre otras decisiones. La aplicación efectiva de esas medidas ya ha comenzado y será plenamente efectiva en los próximos meses, lo que hundirá aún más la actividad económica, el empleo, los salarios y las rentas asociadas a la protección social. De hecho, todas las previsiones, incluyendo las más optimistas que publican fuentes gubernamentales, apuntan que la recesión se prolongará al menos hasta la segunda mitad de 2013; la reactivación posterior sería, en el mejor de los casos, si la situación de las economías más saneadas de la eurozona y la inestabilidad financiera no se degradan, muy lenta y precaria.

Con las medidas que están imponiendo los mercados y las instituciones europeas y que ha hecho suyas el Gobierno de Rajoy hay crisis y post-crisis para rato. Dicho de forma algo más precisa: durante los próximos cuatro trimestres, periodo en el que las previsiones económicas tienen algún fundamento, la economía española seguirá inmersa en la recesión, la actividad seguirá decreciendo y las personas que se queden sin empleo o no tengan posibilidades de encontrarlo seguirán aumentando. Mientras las previsiones del Gobierno consideran retrocesos del producto del -1,5% en 2012 y -0,5% en 2013, las del servicio de estudios del BBVA apuntan decrecimientos de similar cuantía, alrededor del -1,5%, tanto en 2012 como en 2013. Respecto al empleo, el Gobierno contempla nuevas reducciones del -3,7% en 2012 y -0,2% en 2013 que en las previsiones del BBVA empeoran hasta alcanzar una pérdida de empleos netos del -4,5% en 2012 y del -3,8% al año siguiente.

Dadas las incertidumbres existentes y la estrategia de salida de la crisis que se está aplicando, nadie sabe sobre qué bases se puede asentar una nueva fase de reactivación económica y hasta los más optimistas voceros gubernamentales tendrían enormes dificultades para explicar en cuánto tiempo y en qué sectores se van a generar los empleos perdidos. El deseo de un pronto final de la recesión alienta unas optimistas previsiones gubernamentales (Escenario macroeconómico 2012-2015) que anuncian, tras dos años de decrecimiento, un nuevo impulso de la actividad económica. El producto crecería en un 1,2% en 2014 y otro 1,9% en 2015 y el empleo, en porcentajes ligeramente inferiores del 1,1% y 1,7%, respectivamente.

Más allá de la fe ciega en que el retroceso de los salarios incrementará la competitividad de las exportaciones españolas y permitirá aumentar la actividad económica gracias a unos aumentos de las ventas exteriores en un 7,1% en 2014 y un 7,7% en 2015 no hay nada. Las autoridades económicas españolas presumen una recuperación definitiva de los mercados de exportación, especialmente los de una eurozona que querrían en fuerte expansión, pero que sólo da señales de estancamiento. Y confían en que una mayor desregulación y una mengua sustancial del espacio económico del sector público, que pasaría a ser ocupado por agentes económicos privados, logren una mayor presión competitiva capaz de convertir en menores precios la caída de los salarios. Y creen que esos menores precios de exportación se traducirán automáticamente en un mayor volumen de las ventas exteriores. Repito, demasiada fe. Y un encadenamiento de causas y efectos que evoca en mayor medida al cuento de la lechera que al análisis económico.

El actual Gobierno, como ya sucedió a partir de mayo de 2010 con el anterior, en esto no hay diferencias significativas, no hace nada ni tiene ningún plan de acción a medio o largo plazo para promover la imprescindible modernización de la economía española y un cambio en las especializaciones productivas que proporcionen alguna posibilidad de realización al previsto incremento de las exportaciones netas (o diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes y servicios). Nada hay en los planes gubernamentales de cara a reforzar la necesaria e imprescindible inversión destinada a mejorar la formación y cualificación profesional de la fuerza de trabajo, respaldar financieramente la investigación, fortalecer la innovación, impulsar la inversión productiva orientada a renovar el tejido productivo y empresarial, apoyar a nuevos sectores y actividades con capacidad de arrastre, reforzar a los sectores más intensivos en tecnología y empleo o promover el ahorro y un uso eficiente de recursos materiales y energéticos.

Más allá de lo que ocurra hoy con la prima de riesgo, de si será posible refinanciar la deuda pública que vence mañana o qué pueden hacer para que el reconocimiento del deterioro de los activos bancarios no repercuta demasiado en su solvencia o sus futuras cuentas de resultados no parece que haya nada que deba preocupar a los gobernantes españoles.

Lo peor de todo no es que no haya ningún plan ni se haga nada. Prácticamente todo lo que hace el Gobierno va en contra de la imprescindible superación de las debilidades del esfuerzo en innovación y la insuficiente cualificación de una parte significativa de la población activa. Los recortes presupuestarios en investigación e inversión productiva son dificultades añadidas que deterioran la estructura productiva, dañan el potencial de crecimiento y obstaculizan la futura recuperación de actividades y empleos. De igual modo, el recorte compulsivo de los presupuestos dedicados a la educación pública en todos los niveles, la reducción de las oportunidades formativas de la mayoría en aras de una cuestionable excelencia a la que sólo tiene acceso una exigua minoría y el aumento de los obstáculos para mantener el esfuerzo educativo (subidas de las tasas de matriculación y menos becas), solo pueden tener como consecuencia un empeoramiento en el nivel de formación de la mayoría y el mantenimiento de una insuficiente e inadecuada formación de la fuerza de trabajo.

Conviene repetirlo, la recesión de la economía española se agrava, como era de esperar, y va camino de prolongarse durante años o hasta que la ciudadanía imponga una rectificación de la actual estrategia de salida de la crisis.

Radiografía de la caída del producto

La reciente publicación del desempeño de los distintos componentes del PIB en el segundo trimestre de este año (Contabilidad Nacional Trimestral-Base 2008, Instituto Nacional de Estadística, 28 de agosto de 2012) arroja luz sobre las muy escasas posibilidades de que las políticas de austeridad que se están aplicando tengan éxito en sus objetivos prioritarios e inmediatos de reducción significativa del déficit público e incremento suficiente de las exportaciones netas. Respecto al primer objetivo, el impacto negativo de los recortes sobre la demanda interna, el producto y, por consiguiente, la capacidad de recaudación tributaria impide que la consolidación presupuestaria avance a los ritmos y en los tiempos comprometidos. Respecto al segundo, la innegable contribución positiva del sector exterior a la hora de amortiguar el retroceso del PIB se explica en mayor medida por el comportamiento de las importaciones asociado al retroceso de la actividad económica que por los buenos resultados de las exportaciones.

Una primera aproximación a los datos del segundo trimestre de 2012 permite observar con algún detalle las formas y los componentes de la caída del PIB.

La aportación de la demanda nacional al crecimiento interanual del PIB fue negativa en -3,9 puntos porcentuales, mientras la aportación de la demanda externa neta fue de nuevo positiva en 2,6 puntos porcentuales. Ese buen resultado de las exportaciones netas amortiguó la caída del producto en -0,9 puntos, pero no fue suficiente para impedir los nuevos retrocesos de la actividad económica y el empleo

En datos intertrimestrales, prácticamente todos los componentes de la demanda doméstica decrecen. Por supuesto, dada la intensificación de los recortes llevados a cabo por el Gobierno de Rajoy, el gasto en consumo final de las Administraciones públicas volvió a caer un -0,7% y suma ya trece trimestres de retroceso desde el año 2008. Sin embargo, el principal impacto cuantitativo sobre el crecimiento negativo del producto lo sigue causando la principal partida de la demanda nacional, el consumo final de los hogares, que cae en un -1%. El consumo de las familias se ve cercenado por la acción combinada de menos salarios reales, más desempleo y un miedo fundado a lo que pueda suceder a partir de ahora. Factores, todos ellos, que explican el significativo recorte del gasto de los hogares y, como consecuencia, de la demanda doméstica. Hay otro componente de la demanda nacional que tiene especial impacto en la futura evolución de la oferta productiva: la inversión bruta (formación bruta de capital fijo) retrocede en un -3,0% y suma ya dieciocho trimestres ininterrumpidos de retroceso, desde que sufrió la primera caída en el primer trimestre de 2008.

Entre los componentes de la demanda externa, las exportaciones de bienes y servicios crecieron en un 1,6%, mientras que las importaciones retrocedieron en un -1,5%. Aunque conviene precisar que el intercambio de bienes tangibles experimentó resultados sustancialmente distintos que el de los servicios. Mientras las exportaciones de bienes aumentaron en un 0,4%, las importaciones retrocedieron un -2,5%. En el caso de los servicios ambas variables crecieron, las exportaciones en un 4,2% y las importaciones en un 2,5%.

La demanda externa, es cierto, sigue siendo el único motor de la economía española que funciona desde el año 2008; pero hay que remarcar que su notable incidencia en evitar un mayor hundimiento del PIB, como ha sucedido en este segundo trimestre de 2012, o favorecer un ligero crecimiento de la actividad económica, como ocurrió en otros trimestres, ha dependido en mayor medida del retroceso de las importaciones (o de su menor crecimiento) que del buen desempeño de las exportaciones. Esa contribución positiva de las exportaciones netas va a chocar en los próximos meses con la recesión o el mínimo crecimiento que atenaza a la mayoría de los principales socios comerciales comunitarios y al conjunto de la eurozona. De hecho, en este primer semestre de 2012, el total de las exportaciones españolas a Europa se ha estancado y solo las destinadas a Asia y África han seguido creciendo.

Los recientes datos del Ministerio de Economía y Competitividad sobre los resultados del comercio exterior de bienes (sin considerar el intercambio de servicios) en el primer semestre de este año abundan en lo mismo. Las exportaciones españolas a los otros países de la UE (que representan un 64,2% del total exportado) retrocedieron un -0,2%, mientras que las importaciones procedentes de nuestros socios comunitarios (un 50,6% del total importado) cayeron en un -5,9%. Es ese hundimiento de las importaciones, íntimamente relacionado con el fuerte retroceso de la demanda doméstica, el factor que explica en gran medida el superávit semestral de 5.539,5 millones de euros en la balanza de bienes con la UE y, como derivada, la contribución amortiguadora del saldo exterior en el decrecimiento del producto.

También la mejora de los resultados del comercio exterior de bienes tangibles con el resto del mundo (países no pertenecientes a la UE) fortalece ese efecto amortiguador. La diferencia en este caso es que en lugar del fuerte crecimiento del superávit con sus socios comunitarios, lo que se produce con el resto del mundo es una notable reducción del déficit, fruto de un avance sustancial de las exportaciones, en un 10,5%, y un crecimiento menor de las importaciones, en un 3,7%.

Finalmente, en cifras absolutas, ese incremento del superávit semestral en la balanza de mercancías con los países de la UE, hasta alcanzar esos 5.539,5 millones de euros, y la reducción del déficit con el resto del mundo, que sumó 24.181,0 millones de euros, lograron una reducción porcentual del 22,5% en el déficit comercial. Reducción más que notable que no impide que el déficit del comercio de bienes alcanzara una cuantía de 18.641,5 millones de euros en el primer semestre de 2012.

Todos los datos anteriores muestran que el comercio exterior no está generando los esperados brotes verdes de la reactivación económica y que no es razonable esperar que la mejora de las cuentas exteriores permita recuperar el crecimiento del producto mientras sigan retrocediendo el consumo y la inversión domésticos. Esos datos indican también, a todos los que no están cegados por la ideología que sustenta las medidas de austeridad, que la crisis se prolonga y que no existe ningún indicio de luz al final del túnel. Los responsables de los recortes que agravan la crisis son los únicos que ven, a dos años vista, el espejismo interesado de una reactivación propiciada por las exportaciones.

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