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viernes. 19.08.2022

En la trama del PP muere hasta el apuntador

NUEVATRIBUNA.ES - 3.11.2009Ni gestos de autoridad ni puñetazos en la mesa. O en el PP vale todo o a Mariano Rajoy le toman por el pito del sereno. Para una vez que decide tomar el toro por los cuernos en lugar de ver la corrida desde la barrera, van los díscolos del partido y hacen su propia demostración de fuerza, cada uno a su estilo, para seguir poniendo en aprietos al presunto líder.
NUEVATRIBUNA.ES - 3.11.2009

Ni gestos de autoridad ni puñetazos en la mesa. O en el PP vale todo o a Mariano Rajoy le toman por el pito del sereno. Para una vez que decide tomar el toro por los cuernos en lugar de ver la corrida desde la barrera, van los díscolos del partido y hacen su propia demostración de fuerza, cada uno a su estilo, para seguir poniendo en aprietos al presunto líder.

La más espectacular, como siempre, ha sido Esperanza Aguirre. La presidenta madrileña no se corta, nunca lo ha hecho, y este lunes ha vuelto a hacerlo patente. En lugar de asistir a la reunión de la dirección de su partido, en la que ella era uno de los temas del orden del día, se ha marchado a recorrer dos pueblos de su comunidad para hacerse fotos con niños de guardería y probar aparatos de un centro deportivo. Es el estilo populista que caracteriza todas sus apariciones y que tampoco abandona cuando declara ante la prensa. Lo de que no acepta la "equidistancia entre víctimas y agresores" es todo un hallazgo en la extensa tradición del oportunismo político de consumo.

Manuel Cobo no le ha ido a la zaga. Él sí que ha asistido al cónclave de Génova y allí ha aprovechado para presentarse como otra víctima, la de los "gamoneos" y "gestapillos" de Aguirre y su consejero de Justicia e Interior, Francisco Granados. No cabe duda de que la relación Cobo-Granados es cualquier cosa menos cordial. Y, por supuesto, el vicealcalde se ha negado a pedir perdón por lo del "trato de vómito" que Aguirre y sus muchachos han dado a Rodrigo Rato.

¿Y Camps, el tercer gran tema de la agenda genovesa? Pues mientras él se desplazaba a Madrid, sus díscolos, los valencianos, volvían a las andadas. Era de suponer después de la reunión de su Comité Ejecutivo Regional, que se celebró este lunes y que según cuentan los presentes -y no paran- se desarrolló en un clima que bordeó la violencia. Como, a pesar de todo, la cabeza visible de los críticos, el alicantino y zaplanista José Joaquín Ripoll, debió de quedarse con las ganas de decir todo lo que se ha guardado en los últimos meses, un día después se ha explayado con los periodistas. Para resumir, ha dado a entender que Camps es un fascista por pretender imponer que "aquél que hable (fuera) de cosas que tiene que hablar dentro de los órganos democráticos del partido, no cabe". Lo que ha quedado meridianamente claro es que la advertencia, a Ripoll, le ha entrado por un oido y le ha salido por el otro.

Es decir, que ni en Valencia ni en Madrid puede considerarse que haya quedado cerrada la crisis que enfrenta a unos con otros y a todos con todos dentro del PP. Y esto nos lleva a plantearnos, una vez más, el futuro de Rajoy como líder. Camps hizo un apaño en su partido que apenas guardaba alguna similitud con las pretensiones de la dirección, más partidaria de remodelar el Consell para sacar a los elementos contaminados por Gürtel. Al final, los parches con los que pretendía reforzar su poder en el aparato valenciano están reabriendo una herida que se consideraba cerrada: la brecha entre 'campsistas' y 'zaplanistas'. En Madrid, la guerra entre la Comunidad y el Ayuntamiento se recrudece. Y la eterna aspirante a desplazar al líder de su pedestal para ser la protagonista del asalto a La Moncloa en 2012 no da muestras de reconocer su autoridad ni de sentirse concernida por los problemas que amenazan con romper a su partido.

Quien más, quien menos, todos parecen haber salido más heridos que cuando entraron en el cónclave pepero. ¿Todos? No. Gallardón resiste cual pequeña aldea gala. Es la excepción. El único que parece haber salido indemne. No se ha llevado ninguna reprimenda de Rajoy, como los demás actores de la trama, y su intervención se ha limitado a expresar su respaldo a su escudero (¡Faltaría más!) con un ligero mohín por el soporte elegido para hacer públicas sus opiniones. Como si él no hubiera estado al tanto de la publicación de la incendiaria entrevista en El País.

A ver si va a tener razón Jesús Cacho y lo que ocurre es que estamos asistiendo a una magistral operación orquestada por un hombre de Prisa para echar a Aguirre a la cuneta y colocar a Rato y a Gallardón en primera línea política. Rajoy, en el caso de que esto fuera cierto, habría desempeñado el papel de mero comparsa que se acuesta con el enemigo. Encima, ha allanado aún más el camino de la pareja hacia la cumbre de la derecha al advertir que las listas electorales son cosa suya y que sólo él decide quién debe figurar. Una advertencia que parece hecha a la medida de la 'lideresa' para desinflar sus pretensiones. ¡Que distinta hubiera sido la historia si esa hubiera sido su respuesta cuando Aguirre le conminó a colocarla en la candidatura al Congreso de las pasadas elecciones si también metía a Gallardón! ¡Cuantas escenas de sangre entre Aguirre y Gallardón nos habríamos ahorrado! Y sobre todo y más importante: ¿Cuántas nos quedan por vivir, ahora que todos han puesto las cartas sobre la mesa?

A mi el diagnóstico que me ha llegado al alma es el que ha hecho Esteban González Pons, vicesecretario del PP: “No hemos dado la mejor imagen, pero es la que teníamos”. Es decir, que no hay más cera que la que arde o que donde no hay...



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