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domingo 29/5/22

El Talón de Aquiles de Europa

Rajoy ha pedido solemnemente a los líderes europeos que dejen de criticar a España y de considerarnos como el mayor problema de la zona euro. Sin citarlo, se refería especialmente al primer ministro italiano Monti, habitualmente parco y prudente en sus declaraciones, pero que ha expresado dos veces su preocupación por la situación de la economía española.

Rajoy ha pedido solemnemente a los líderes europeos que dejen de criticar a España y de considerarnos como el mayor problema de la zona euro. Sin citarlo, se refería especialmente al primer ministro italiano Monti, habitualmente parco y prudente en sus declaraciones, pero que ha expresado dos veces su preocupación por la situación de la economía española. Todos tenemos problemas y todos hacemos lo posible por solucionarlos, ha venido a decir Rajoy. Pero a pesar del éxito del ‘swap’ de la deuda griega, que implica un verdadero ‘default’ aceptado sin traumas por los mercados, o el acuerdo para disponer de un potente cortafuegos financiero -de casi un billón de euros- para evitar el contagio a otros países, los viejos demonios del euro se han despertado esta Semana Santa, desmintiendo las optimistas declaraciones de que lo peor ya había pasado. Por el contrario, en la corta semana reducida por las vacaciones hemos pasado de una pequeña euforia a una grave recaída de las bolsas y un aumento de las primas de riesgo de Italia y sobre todo de España.

La causa de este brusco cambio se atribuye a las dificultades del Tesoro español para colocar su deuda. El miércoles 4 de abril preveíamos colocar 3.500 millones y solo suscribimos 2.500 millones cuando vimos que los tipos eran demasiado altos. Inmediatamente los rendimientos de los bonos españoles a diez años alcanzaron el 5,75 % en el mercado secundario.

Es cierto que España ya ha colocado casi la mitad de sus necesidades de financiación para todo el año, y que, a pesar del alza, pagamos hoy tipos mucho menores que en noviembre. Pero parece como si España hubiese reemplazado a Grecia como el Talón de Aquiles de la zona euro. De hecho, la prima de riesgo ha vuelto a escalar por encima de la italiana, y alcanzado su record desde el cambio de gobierno. A pesar de un plan de rigor sin precedentes, las polémicas palabras de Rajoy sobre el déficit que estaba dispuesto a aceptar y, sobre todo, la falta de expectativas de recuperación de la economía han creado una situación de incertidumbre que se ha traducido en esa inapetencia por nuestra deuda.

En realidad, pocos creen que el Gobierno español pueda cumplir con los objetivos de reducción de déficit en medio de una recesión. Es más, los mercados temen que cuanto mayor sea la austeridad, como la anunciada esta Semana Santa pocos días después de presentar unos Presupuestos ya de por sí muy austeros, mayor será la recesión, y mayor la agitación social sin conseguir reducir el déficit.

El problema no es solo español, ni siquiera solo europeo. Tampoco en EEUU las cosas van tan bien como parecía antes del domingo de Ramos. Las bolsas también han caído, aunque menos, reflejando a fin de cuentas la diferente situación de las economías de ambos lados del Atlántico, aquí engullidos en la crisis de la deuda soberana y allí imprimiendo tantos dólares como sean necesarios para mantener la actividad. Pero el Presidente de la FED, Ben Bernanke, ha insinuado que no va a poder continuar indefinidamente con sus programas de “quantitative easing”, que es el sinónimo de las inyecciones de liquidez que la FED viene practicando. Y el viernes conocimos las decepcionantes cifras de empleo en los EEUU. Es cierto que la cifra de paro ha caído a su menor nivel desde hace tres años, pero las expectativas eran mucho mayores que los 120.000 empleos creados, lo que demuestra la fragilidad de la recuperación.

Menos mal que la llegada de Draghi a Frankfurt nos ha salvado de una crisis bancaria, inyectando un billón de euros al sistema financiero duramente castigado por sus perdidas en deuda soberana y activos inmobiliarios. La financiación barata a tres años, suministrada por el BCE, ha sido fundamental, pero no será suficiente ni puede ser una solución permanente. Y eso se empieza a notar en los seguros de impago, los famosos CDS, que hay que pagar para asegurar el riesgo de la financiación a los bancos españoles, incluso a los más solventes y globalizados. El coste de un CDS para asegurar un crédito de diez millones de euros al Banco de Santander ha subido un 51,7 % desde el 1 de marzo. Para el BBVA aun más, un 53,8 %, según datos citados por el ‘International Herald Tribune’. Nada alarmante por el momento, porque responde también a una situación de máxima tensión en los mercados de financiación bancaria. Pero el problema es la evolución de los precios de la vivienda. Cuanto más caigan, y parece que tienen que seguir cayendo para que el mercado encuentre un equilibrio, más débil será la situación del sistema financiero, que tiene en sus balances mas de 300 mil millones de euros de activos inmobiliarios, de los cuales, 176 mil están calificados como dudosos por el Banco de España.

No es extraño que la preocupación por la economía española no haya disminuido por arte de magia con el cambio de Gobierno, como se nos anunciaba. Alemania, en cambio, se sigue beneficiando de esta situación en la que los inversores se precipitan sobre el bono alemán, considerado un valor refugio que ofrece una rentabilidad menor que la inflación. En la Italia convaleciente también la prima de riesgo ha subido, aunque menos. En Francia, siguen financiando su deuda de forma relativamente barata. Pero en estas circunstancias es difícil pensar que el BCE empiece a plegar las velas de sus actuaciones anticrisis. Sobre todo mientras no se aclare el panorama español y no sepamos qué rumbo político tomará Francia. De ello depende el futuro de Europa y, en particular, el nuestro.

Tarde y mal, los europeos hemos creado un dispositivo de gestión de la crisis, pero todavía no sabemos como recuperar el crecimiento de los países periféricos, sometidos a drásticas curas de austeridad. Y sin crecimiento no habrá forma de reestablecer el equilibrio de las cuentas públicas.

Sobre todo en España, el nuevo Talón de Aquiles de Europa.

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