domingo. 19.05.2024

El sistema bancario, en tiempo de descuento

nuevatribuna.es | 24.02.2011Con ser eso malo, aun peor fue el haber conformado el sistema financiero para efectuar ese desvío como tarea prioritaria. Hace meses señalé que el cambio de modelo productivo no es cuestión de talismanes como el automóvil eléctrico, sino que presenta una faceta financiera sin resolver la cual todo cambio es ilusorio.

nuevatribuna.es | 24.02.2011

Con ser eso malo, aun peor fue el haber conformado el sistema financiero para efectuar ese desvío como tarea prioritaria. Hace meses señalé que el cambio de modelo productivo no es cuestión de talismanes como el automóvil eléctrico, sino que presenta una faceta financiera sin resolver la cual todo cambio es ilusorio. Y añadí que, hasta que una empresa innovadora no obtuviera crédito para sus proyectos con la misma facilidad que los obtenía el promotor inmobiliario, llevando a la oficina bancaria una nota del registro de propiedad y un cálculo a ojo de cuántos apartamentos se podían levantar sobre ese suelo; hasta ese momento, no se podría hablar verdaderamente de cambio del modelo productivo. Hoy creo que los bancos (y las cajas) nunca estarán preparados para eso.

Todas las reformas financieras que ha emprendido el gobierno hasta ahora son una patata, y una patata muy cara. Llevamos tirados 11.000 millones del FROB y estamos a punto de tirar otros 20.000 millones del Fondo de Adquisición de Activos Financieros, que el gobierno acaba de rescatar pero ya ha empeñado en la recapitalización de las cajas de ahorros. Voy a ser extremadamente claro. Lo que digo no es producto del capricho o de una idea peregrina. Me baso en las lecciones de tres años de crisis financiera, aquí y en otros países de nuestro entorno.

No hay que meter un euro más en el sistema bancario, porque todo lo que se meta será dinero perdido. Si tienen que quebrar bancos o cajas, porque sus errores de gestión les llevan a una situación de quiebra, que quiebren. El gobierno deberá seguir garantizando los depósitos, e incluso diría que debe extender la garantía desde los 100.000 euros actuales al 100 por 100 de los mismos. Pero, si las cosas vienen mal dadas, los inversores privados, tanto accionistas como tenedores de deuda, lo mismo preferente que subordinada, deberán asumir íntegramente la pérdida que corresponda, que para eso están cobrando una prima de riesgo. Esto lo hemos aprendido en la crisis de Irlanda.

La economía española está en exceso bancarizada; será bueno desbancarizarla en medida apreciable. Para ello, hay que ampliar la financiación de las empresas a través de los mercados. El gobierno debería utilizar los 20.000 millones que quiere enterrar en desembarazar a la banca del crédito promotor (para lo cual esa cifra es totalmente insuficiente) en fomentar, en su lugar, la negociación de instrumentos como bonos de riesgo incierto emitidos por la pequeña y mediana empresa, especialmente la innovadora. Para ello, habría que capitalizar entidades de capital riesgo que adquieran esos bonos, los estructuren y emitan contra ellos bonos de titulización de capital-riesgo. Técnicamente, todo esto es bastante sencillo. No necesitamos los astrofísicos expertos en cálculos orbitales, que Bear Stearns dijo que necesitaba pagar (para justificar las altas comisiones que cobraba). ¿Que volveremos a correr la clase de riesgos que nos arrojó a esta crisis? De acuerdo, pero ahora sabemos más y estamos mejor preparados para evitar la difusión de activos potencialmente tóxicos, y sin correr riesgos no habrá inversión ni reactivación ni nada.

El gobierno tiene mucho que contribuir a todo esto. Podría desgravar la inversión en capital-riesgo - sobre todo, para proyectos innovadores - con el mismo entusiasmo con que se desgravó la inversión en vivienda o se desgravan todavía los planes de pensiones; creo que lo justo sería combinar ambos incentivos en uno solo, doble. Podría fomentar entre las empresas, con reducciones del impuesto de sociedades, la constitución de esquemas de garantía recíproca, que emitan los bonos de riesgo incierto, que así evitarán la calificación de “basura”. Y, si llegara a ser necesario, podría organizar un mercado oficial específico para la negociación de esta clase de activos emitidos por pymes y sus titulizaciones, mercado que acaso debería desvincularse del AIAF, demasiado especializado en grandes empresas.

Enrique Viaña | Catedrático de Economía Aplicada. Universidad de Castilla La Mancha

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