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lunes 16/5/22

El retablo de sor Maravillas

España sigue siendo un país cervantino y Madrid, un poblachón manchego. Con Congreso de los Diputados, pero poblachón. Y digna del presidente de un casino de pueblo ha sido la idea del presidente del Congreso de apoyar la colocación de una placa en honor de una monja que nació, en 1892, en el lugar que hoy ocupa uno de los edificios de la cámara.
España sigue siendo un país cervantino y Madrid, un poblachón manchego. Con Congreso de los Diputados, pero poblachón. Y digna del presidente de un casino de pueblo ha sido la idea del presidente del Congreso de apoyar la colocación de una placa en honor de una monja que nació, en 1892, en el lugar que hoy ocupa uno de los edificios de la cámara. El motivo es baladí pero la intención es aviesa, pues la iniciativa ha partido del diputado Jorge Fernández Díaz, vicepresidente segundo por el Partido Popular y miembro del Opus Dei. La monja, carmelita intransigente que profesó con el nombre de Maravillas de Jesús, fue canonizada por Juan Pablo II por haber sufrido persecución durante la guerra civil, aunque no fue mártir (falleció en 1974). O sea, que mientras la postura oficial del PP sobre la mal llamada memoria histórica es la de que hay que dejar las cosas como están para no abrir heridas (ni fosas), cuando conviene arrima el ascua a su sardina, sobre todo si lleva hábitos. Y frente a la decisión de Zapatero de retirar paulatinamente (a lo largo de los siglos) los signos religiosos de los escenarios públicos, Bono, que es un zascandil, ha decidido remar en contra, como diría Cospedal, apoyando repentinamente la colocación de una placa en honor de sor Maravillas, propuesta por el adversario político pero hermano en la fe de Cristo.

Pero hay más en este sainete.Que la España autonómica, plural en lo accesorio y uniforme en lo esencial, sigue siendo la tierra de María Santísima lo prueba el hecho de que los partidos nacionalistas, pero católicos, ¡ojo!, PNV y CiU han apoyado la colocación de la placa, porque podrán estar peleados con el PP en el tema de la lengua pero están unidos en la misma fe católica (tendrían que estar de acuerdo en volver al latín, la lengua ecuménica par excellence).

A la decisión de la Mesa del Congreso se han opuesto los diputados de ERC, IU e ICV, y en el PSOE la decisión de Bono ha sentado como un tiro de sal en el sitio de sentarse, por lo cual el émulo de Chanfalla ha tenido que dar marcha atrás, aunque con muy malos modos para con sus propios compañeros. Así que en el Congreso no habrá ni placa ni santa, decisión justificada con el peregrino argumento de que si no hay consenso no se pone la placa. Y aunque lo hubiera. Los santos y las santas, como diría Ibarretxe, a las iglesias, y al Congreso los retratos de Azaña, Alcalá Zamora y Companys, retirados por el dictador (Franco, naturalmente).

José M. Roca
Escritor

El retablo de sor Maravillas
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