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domingo 29/5/22

El Parlamento Europeo ha puesto cordura en el debate sobre la duración de la jornada laboral

La decisión que adoptó el pasado 17 de diciembre el pleno del Parlamento Europeo rechazando la propuesta para la modificación de la Directiva de Tiempo de Trabajo ha supuesto un importante correctivo hacia una de las iniciativas más involucionistas que ha tomado el Consejo Europeo en los últimos tiempos, iniciativa que pretendía convertir en general y definitiva la posibilidad de superar el límite de 48 horas de jornada semanal, hasta las 60 o 65 horas, por
La decisión que adoptó el pasado 17 de diciembre el pleno del Parlamento Europeo rechazando la propuesta para la modificación de la Directiva de Tiempo de Trabajo ha supuesto un importante correctivo hacia una de las iniciativas más involucionistas que ha tomado el Consejo Europeo en los últimos tiempos, iniciativa que pretendía convertir en general y definitiva la posibilidad de superar el límite de 48 horas de jornada semanal, hasta las 60 o 65 horas, por acuerdo individual entre la empresa y el trabajador, opción que la vigente Directiva sólo contempla como excepción para aplicar en el Reino Unido y por un periodo temporal que ya ha sido ampliamente superado.

El amplio apoyo dado por el Parlamento Europeo a las tesis defendidas por el ponente Alejandro Cercas, eurodiputado socialista español, y coincidentes con las de la Confederación Europea de Sindicatos y los sindicatos de los países de la Unión, entre ellos, Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, supone la apertura de un procedimiento de mediación entre las dos instituciones europeas involucradas, el Consejo y el Parlamento, para tratar de llevar a un acuerdo, en el plazo máximo de 90 días, sobre bases más razonables.

Las enmiendas del Parlamento Europeo a la propuesta del Consejo también han rechazado el intento del Consejo de introducir una definición de los periodos inactivos durante los tiempos de guardia en el centro de trabajo, excluyéndolos de la consideración de tiempo de trabajo, para eludir, así, la doctrina sustentada por el Tribunal de Justicia Europeo que sí reconoce estos periodos como tiempo de trabajo a todos los efectos.

Comisiones Obreras felicita al Parlamento Europeo por esta importante decisión y se felicita, también, del papel desempeñado por el movimiento sindical europeo en la articulación del profundo rechazo social que ha suscitado el intento de romper los límites a la duración de la jornada laboral que establecen la Directiva actual (48 horas semanales), las legislaciones nacionales (en España 40 horas) o los convenios colectivos que reducen los máximos legales.

Es falaz argumentar necesidades de mayor flexibilidad en la duración del tiempo de trabajo con el objetivo de ganar competitividad en las empresas, cuando múltiples y solventes informes demuestran la improductividad del alargamiento de las horas de trabajo en jornadas laborales ya de por sí excesivamente largas, por no decir del aumento de los riesgos laborales que tal situación comporta. Flexibilidad que ya existe en la duración y en la ordenación del tiempo de trabajo en la vigente Directiva y que se propicia también en la legislación nacional y en muchos convenios y acuerdos colectivos, para adecuarla a las situaciones específicas de los sectores, de las empresas y de determinadas actividades productivas.

Otro argumento utilizado por los Gobiernos que propiciaron la nefasta iniciativa del Consejo Europeo, es el de que es necesaria una mayor flexibilidad del tiempo de trabajo para favorecer la conciliación de la vida personal y laboral. Una utilización cínica y tramposa de lo que es una preocupación importante para las trabajadoras y trabajadores europeos y fundamentalmente para las mujeres que ven penalizada su carrera profesional por la asunción de responsabilidades familiares que aún son insuficientemente compartidas por los hombres. Parece evidente que quien aboga por permitir jornadas laborales de hasta 65 horas semanales está en las antípodas de las necesidades de las personas trabajadoras y de la creciente demanda social de racionalizar los horarios de trabajo y disminuir las largas jornadas laborales como vía más adecuada para ganar en productividad, optimización de recursos, salud, satisfacción laboral; en definitiva, ganar calidad de vida para la población y eficiencia para las empresas.

La apuesta por el reforzamiento de la Europa Social y por garantizar el cumplimiento de la Carta de Derechos Sociales de la Unión Europea, tiene en el debate en torno a la modificación de la Directiva de Tiempo de Trabajo, un escenario concreto en el que aún queda un camino por recorrer.

Comisiones Obreras, junto con la CES y el resto de los sindicatos de los países miembros, y a todas las fuerzas políticas y sociales que se han movilizado contra la posición del Consejo Europeo, vamos a seguir muy de cerca el nuevo proceso que ahora se abre. Seguiremos exigiendo a los Gobiernos que apoyaron las propuestas regresivas que cambien su posición y seguiremos apoyando las firmes posiciones del Parlamento Europeo para frenar esta iniciativa.

Las instituciones que gobiernan la Unión Europea deben saber que, en materia de derechos sociales y laborales, hay límites que no pueden sobrepasar sin pagar por ello un alto coste en credibilidad y apoyo de la ciudadanía europea. Y Comisiones Obreras, que considera necesario avanzar en el proyecto de construcción política y social de la Unión Europea, denunciará y combatirá aquellas iniciativas que puedan causar, además de retrocesos en los derechos existentes, un deterioro de la aceptación de este proyecto entre la ciudadanía.

Ignacio Fernández Toxo
CCOO

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