lunes 29/11/21

El gran patrón, despedido

NUEVATRIBUNA.ES - 6.10.2010...Parece que la gran patronal al fin se ha dado cuenta de que Díaz Ferrán era un baldón para el tipo de empresario que la CEOE quiere representar, que no es otro que el lleva difundiendo desde hace años el discurso neoliberal: el valiente emprendedor que produce la riqueza social, asumiendo riesgos en noble competición con otros emprendedores igual de audaces que él, y operando en un mercado libre de la injerencia del
NUEVATRIBUNA.ES - 6.10.2010

...Parece que la gran patronal al fin se ha dado cuenta de que Díaz Ferrán era un baldón para el tipo de empresario que la CEOE quiere representar, que no es otro que el lleva difundiendo desde hace años el discurso neoliberal: el valiente emprendedor que produce la riqueza social, asumiendo riesgos en noble competición con otros emprendedores igual de audaces que él, y operando en un mercado libre de la injerencia del Estado en el que cada uno encuentra la recompensa a sus méritos, que en el caso del susodicho no eran muchos, pues un empresario que lleva a la quiebra a la vez a dos empresas (Air Comet y Viajes Marsans), deja tirados, y repartidos por el mundo, a pasajeros que han pagado su billete, adeuda a sus casi 900 empleados el importe de la nómina de varios meses y tiene pendiente el pago de cuotas a la Seguridad Social por la suma de 16 millones de euros, no es un buen modelo de empresario.

Sin embargo, si Díaz Ferrán ostentaba ese importante cargo, que le colocaba entre la reducida élite que decide la marcha de este país, es porque contaba con el apoyo de un importante sector del empresariado que ha tenido una influencia decisiva en la actitud de los patronos en los centros de trabajo y en el conjunto de la economía española. Su antecesor, Cuevas, era un burócrata del sindicato vertical franquista, reciclado en posmoderno jefe de centuria de empresarios neoliberales amantes del capitalismo duro, que, crecidos en la dictadura del Estado proporcionada por el régimen franquista, no hacen ascos a la dictadura del mercado irrestricto.

Ferrán responde más a la categoría de los empresarios logreros, que buscan hacer dinero rápidamente mediante negocios redondos y, a ser posible, a la sombra de la Administración, y cuando las cosas van mal por culpa de su mala gestión -no son gestores, sino malos capataces- descargan las consecuencias sobre el Estado y los trabajadores. Responde bien a esa abundante categoría de empresarios españoles que son cómitres, y cuyo mérito es hacer trabajar más a sus empleados y pagarles lo menos posible, y demostrar que les dominan como señores feudales, en la empresa y fuera de ella, pues son enormes las consecuencias sociales de las decisiones patronales.

La idea de la responsabilidad del empresario y de la empresa que tiene Díaz Ferrán quedó muy bien reflejada por las opiniones emitidas, ante un micrófono que él creía cerrado, en una asamblea anual de la patronal madrileña (CEIM): el problema económico que tenemos no es la grave crisis, sino los años de Zapatero. Que luego completó con otro sobre Esperanza Aguirre: Es que es cojonuda, es cojonuda. Lo mejor que tenemos.

Lo mejor que tienen los empresarios al estilo Ferrán, y lo peor que tienen los ciudadanos madrileños, es la gestión de Esperanza Aguirre, que representa el capitalismo salvaje pero al abrigo del Estado, las empresa creadas ex profeso para hacerse cargo con poco coste de los bienes y servicios públicos privatizados o externalizados; no representa el mercado libre más que de boquilla, sino los compadreos entre amigos, no la libre competencia sino los concursos públicos amañados y unas preocupantes relaciones con una red de empresarios y políticos corruptos. Ese es el tipo de capitalismo que gusta a Díaz Ferrán y a los que hasta ahora le han mantenido en el cargo.

Pero ese tipo de empresarios son un peligro para la supervivencia del propio capitalismo, porque van contra los principios en que el sistema funda su legitimidad. En un ensayo de 1923, es decir antes de la gran crisis de 1929, Keynes escribía: Convertir al hombre de negocios en un logrero es asestar un golpe al capitalismo, porque destruye el equilibrio sicológico que permite la perpetuación de recompensas desiguales. La doctrina económica de los beneficios normales, vagamente aprendida por todos, es una condición necesaria para justificar el capitalismo. El hombre de negocios sólo es tolerable en la medida en que puede sostenerse que sus ganancias están en alguna relación con lo que, aproximadamente y en algún sentido, sus actividades han aportado a la sociedad. Más claro que el agua.

Francisco Javier Vivas

El gran patrón, despedido
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