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domingo. 26.06.2022

El Gato Gamboa, un extraordinario periodista chileno

Alberto, Gato Gamboa fue el último director del diario Clarín hasta su cierre por el gobierno militar del dictador Pinochet.

Se acaba de publicar en Chile el libro del escritor y periodista Francisco Mouat: ”Las siete vidas del Gato Gamboa: conversaciones con Alberto Gamboa, último director del diario Clarín” (Santiago de Chile, Lolita editores, 2012). Alberto, Gato Gamboa, que a día de hoy tiene 92 años, es uno de los periodistas más prestigiados de la historia del periodismo chileno, bien conocido en el Cono Sur americano y nada conocido en Europa. Por eso es positivo trazar unas pinceladas de su trayectoria profesional porque estamos hablando de un excelente periodista que nunca se dejó condicionar por intereses económicos, empresariales y/o publicitarios y se mantuvo siempre fiel a sus ideas progresistas y a la figura del Presidente Salvador Allende y su empeño en construir la “vía socialista y pacífica al socialismo”.

Alberto, Gato Gamboa fue el último director del diario Clarín hasta su cierre por el gobierno militar del dictador Pinochet. Comenzó su carrera periodística muy joven, a los 17 años, como columnista deportivo en el diario La Opinión. Fue uno de los fundadores del Colegio de Periodistas de Chile y trabajó en diversos medios (Ercilla, Última Hora,  del que fue director), hasta que en 1960 se hizo cargo de la dirección del diario Clarín.

Clarín  se destacó por su línea crítica hacia los gobiernos derechistas, especialmente el del presidente Alessandri, lo que le valió a su director más de veinte condenas a prisión por injurias, desacato a la autoridad y otras lindezas. Una de sus bazas de éxito fueron sus titulares, salidos del ingenio indiscutible de su director, como aquel que publicó a propósito de la visita a Chile de la reina Isabel II de Inglaterra: “La chabelita [diminutivo de Isabel] es liviana de sangre: tiene buenos choclos [pantorrillas]”; o este otro, propio de la crónica roja, género también cultivado por el diario: “En el cine King violaron a una lola [muchacha] y le echaron la culpa al malo de la película”. Contribuyó sin duda al buen nombre del diario entre sus lectores el titular que el nuevo director acompañó siempre a la cabecera: “Firme junto al pueblo”.

Una de las secciones de más éxito del diario fue el consultorio sentimental, firmado de puño y letra por el propio director usando el seudónimo, “Profesor Jean de Fremisse”. El consultorio causó sensación entre los lectores de ambos géneros.

Pero fue en los años del Gobierno de la Unidad Popular cuando Clarín alcanzó su máximo apogeo. Amigo íntimo de Allende, su director no dudó en consagrar las páginas del periódico a la causa allendista, de tal modo que el diario pronto se convirtió en el de mayor tirada.

Era imposible que un periódico como Clarín sobreviviera a la cruenta dictadura fascista que asoló Chile tras el golpe militar perpetrado por el general Augusto Pinochet, a la sazón, colaborador y hombre de confianza de Salvador Allende. Su director pagó cara no sólo su amistad con el Presidente electo; sobre todo, su profesión consagrada a través de Clarín a la defensa de la Unidad Popular. No tardaron los milicos en apresar a su director en el entonces funesto Estadio Nacional de la capital chilena, transformado en un infierno por los golpistas, donde los presos eran sometidos a todo tipo de vejaciones y torturas.

Cuenta Gamboa en la entrevista con Francisco Mouat cómo acabó una de las sesiones de tortura en la conocida en el argot de los presos políticos como parrilla o superficie de alambre (generalmente, un somier viejo y oxidado) con cables que se pinzaban en el cuerpo desnudo del detenido para someterle a fortísimas y muchas veces mortales descargas eléctricas: “Terminaron cuando uno de los torturadores le dijo al otro que tenía que irse al cine, porque su señora lo estaba esperando para ver El Padrino en el centro de Santiago.” 

Del Estadio Nacional fue trasladado con otros presos al campo de concentración de Chacabuco, situado a más de 2000 kms al norte de Santiago, en plenas salitreras del desierto de Atacama. Una de las formas de que se sirvió el Gato para sobrevivir en Chacabuco fue ejercer aquello que mejor sabía: su profesión de periodista. Para ello logró convencer a otros presos para hacer un periódico mural con las noticias más destacadas, que gozó de enorme aceptación entre los confinados. Entre las secciones más exitosas destacaba el ya famoso consultorio sentimental del “Profesor Jean de Fremisse”, que los internos leían con verdadera delectación. Pronto se corrió la voz en todo el campo que el tal Jean de Fremisse escribía unas cartas de amor dignas del mejor amante ilustrado, de modo tal que no tardaron en formarse largas colas para encargarle misivas dirigidas a las esposas, a las novias o a las amantes. No faltaba quien quería escribir una carta a su mujer suplicándole que no le pusiera los cachos o cuernos con ningún pata negra [así llamados los tipos que cortejaban a las mujeres de los presos]; o el que aprovechaba su condición de presidiario y la distancia infinita para anunciar a su madre su homosexualidad oculta.

Un año y diez días estuvo preso Gato Gamboa en el infierno de Chacabuco, desde el 19 de septiembre de 1973 al 29 del mismo mes de 1974, tal como también cuenta en su anterior libro, Un viaje por el infierno (Forja, 2010). Una vez en libertad, no quiso abandonar el país.

Vetada por el gobierno militar toda opción de volver al periodismo, el Gato Gamboa trabajó de lo que pudo para subsistir. Así, fue obrero en la construcción del metro de Santiago, hasta que sus jefes supieron de su historial “delictivo”  contra la dictadura y lo pusieron en la calle. Tras pasar por otros trabajos, poco a poco fue haciendo pequeñas y clandestinas incursiones en prensa utilizando seudónimos, colaborando cuando podía en medios como la revista Hoy o el diario La Época. Su larga y renombrada trayectoria le valió para ser contratado como asesor de un nuevo periódico, La Cuarta, del que llegó a ser uno de sus fundadores. En 1987, dos años antes del fin de la dictadura, cuando en Chile empezaban de nuevo a aflorar tímidamente ciertas libertades, Gato Gamboa pasó a dirigir el también diario crítico con el gobierno militar, El Fortín Mapocho.

En octubre de 1989, una consulta popular puso fin a 17 largos años de oprobio militar y represivo. A pesar de la fortísima y contundente campaña del gobierno pinochetista con todos la TV y todos los demás medios de información en sus manos, la oposición logró alzarse con la victoria del “NO”. Para emitir su voto, los electorales tenían que marcar con una cruz la casilla correspondiente. El entonces director del Fortín Mapocho, fiel a su ingenio como creador de titulares únicos, celebró el triunfo opositor con el siguiente: “Le ganamos con un lápiz”.

Pero el titular que dio la vuelta al mundo y sin duda ha pasado a la historia del periodismo escrito dentro y fuera de Chile, fue el que puso de cabecera en la portada del Fortín, seis días después del triunfo: “Corrió solo y llegó segundo”.

No existe en esta vida mayor felicidad que ser amigo del Gato Gamboa. “Amistad a lo largo”, en palabras de Gil de Biedma; amistad “para ser de otro mundo”, en palabras del Gato.

El Gato Gamboa, un extraordinario periodista chileno