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lunes. 27.06.2022

El estado de salud de nuestra sociedad

Parece inevitable, que en tiempos de crisis, la sociedad se comporte de un modo distinto. Valores como: la solidaridad, la generosidad, el compañerismo, se ven reducidos, hasta llegar a desaparecer, en muchos casos. Por el contrario, surgen de manera manifiesta: el egoísmo, la envidia, la delación, la intriga... y empiezan a desarrollarse y, lo peor, a aceptarse, como algo normal entre los ciudadanos.

Parece inevitable, que en tiempos de crisis, la sociedad se comporte de un modo distinto. Valores como: la solidaridad, la generosidad, el compañerismo, se ven reducidos, hasta llegar a desaparecer, en muchos casos. Por el contrario, surgen de manera manifiesta: el egoísmo, la envidia, la delación, la intriga... y empiezan a desarrollarse y, lo peor, a aceptarse, como algo normal entre los ciudadanos. Hasta conseguir imponiéndose como las normas de conducta que deben regir, toda nuestras actividades, negocios, intercambios, labores y hasta, en algunos, casos, las relaciones personales, y si me apuran, las familiares.

También, y por la misma razón probablemente, algunos dirigentes políticos, terminan generalizando un modo de conducirse, como si fuera la hora de sacar a la luz todas sus realidades ocultas.

De ese modo, el que es un machista de ‘tomo y lomo’, deja de disimular, y se manifiesta como lo que es, sin pudor alguno y sin tener porqué aparentar algo distinto, a lo que realmente piensa y siente. Se relaja, y hasta desaparece, aquello de lo: ‘políticamente correcto’.

El que carece del más mínimo sentido democrático, por mucho que esté en política y ocupe algún cargo público, saca a relucir su discurso más rancio, más reaccionario, más insolidario, incluso su lado xenófobo. Justificando cualquier medida a adoptar, sobre la base de la mala situación, a la falta de presupuesto, y a la coyuntura económica en la que vivimos.

Algunos miembros de la sociedad, no la mayoría por suerte, dedicados a la actividad empresarial, poseen la coartada perfecta para reducir los beneficios sociales de sus trabajadores, e incluso hasta los salarios, endureciendo las condiciones de las personas que prestan su trabajo, amparándose en la crisis, y en la auténtica necesidad, del que se ve obligado a vender la fuerza del trabajo para poder subsistir.

En estas situaciones, se da el caldo de cultivo, para que hasta el ciudadano mejor intencionado y más honesto, acepte y llegue, incluso, a entender; la economía sumergida. El incumplimiento de ciertas normas básicas, el trapicheo, la relajación de un comportamiento ético mínimo, que debe presidir todas las actuaciones y los acuerdos, y demás modos de actuar. Y que en condiciones normales, no entendería y, por supuesto, no aceptaría.

Todo este panorama, nos sitúa, ante un diagnóstico que denotan una patología clara y manifiesta de una muy mala salud social.

Con la desesperación que suele comportarse el enfermo muy grave. Nuestra sociedad se comporta del mismo modo.

Algo atolondrada al principio, una vez aceptada y asumida la grave dolencia, su comportamiento de enfermo empieza a manifestarse, y a justificarse. Haciendo todo aquello, que en estado de buena salud no haría.

Otra muestra más que evidencia la mala salud que la sociedad actual padece, es en acontecimientos como los sufridos en Londres, primero, y en otras importantes ciudades inglesas después, que comenzaron el pasado sábado día 6, y que todos conocemos sobradamente.

Pero lo que realmente prueba, de manera evidente, el poco saludable estado general de nuestra sociedad, son las explicaciones, ante los acontecimientos, del primer ministro del Reino Unido; Sr. Cameron.

Desde decir que lo sucedido -en un ejercicio de simplismo de tamaño monumental-, es consecuencia de la falta de disciplina en las escuelas, de la poca autoridad de los padres, del poco sentido cívico de las gentes que provocaron los conflictos.

Confundiéndose, en el análisis, y confundiendo a los ciudadanos, reduciéndolo a la actuación de una pandilla de delincuentes, que se dedicaron al pillaje, al robo y a la alteración, sin más, del orden público, como si de un divertimento, se tratara. Alegando falta de dureza en la policía, e incluso lamentar que las conexiones por BlackBerry, los SMS y las redes sociales, estén permitidas, por ser, según parece, el medio por el que se organizaron los actuantes.

¿No se le ha ocurrido al Sr. Cameron, pensar, ni por un momento? Es lo que tiene ser conservador-liberal ¿Qué lo sucedido, puede ser fruto del hartazgo de los ciudadanos menos favorecidos? ¿De los que mal viven en los barrios más marginales de las ciudades?.

Como para que, incluso acompañados con sus padres, a los que acusa de no saber educarlos, se hayan visto obligados a manifestar su desencanto, a mostrar su desacuerdo con la paupérrima vida que llevan.

Sin duda, que entre todos los elementos participantes, se encontraban los que han sabido aprovecharse y robar, destruir, hacer daño.

Pero sorprende, y a la vez, demuestra la mala salud social, que comento. El que el primer ministro, ponga el foco, sólo y exclusivamente, en los actos de delincuencia, que no fueron pocos, obviando al resto.

Es como si a un enfermo con un grave cáncer, se le quisiera tratar como si tuviera un simple constipado.

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