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sábado. 28.01.2023

El dilema del PSOE: Bruselas o su electorado

En las elecciones del 22 de mayo para las Comunidades Autónomas, el PSOE ha obtenido 6.276.087 votos frente a los 8.474.031 del P. P. El partido de la izquierda gobernante se ha dejado por el camino un millón y medio de votos, cuando en las elecciones anteriores del 2007 dieron un ajustado empate entre ambos partidos.

En las elecciones del 22 de mayo para las Comunidades Autónomas, el PSOE ha obtenido 6.276.087 votos frente a los 8.474.031 del P. P. El partido de la izquierda gobernante se ha dejado por el camino un millón y medio de votos, cuando en las elecciones anteriores del 2007 dieron un ajustado empate entre ambos partidos. En las primeras declaraciones del presidente de Gobierno y secretario general del partido ha dicho que no han sabido explicar las medidas tomadas a partir de mayo del 2010. Puede ser cierto, pero el fondo de la cuestión es que el giro dado por el Gobierno en ese mayo fatídico ha sido espectacular: bajada de los salarios de funcionarios, congelación de pensiones (salvo las mínimas), reforma laboral, reforma sobre las jubilaciones. Es imposible, por más que se explique su supuesta inevitabilidad, que estas medidas sean aceptadas por votantes de izquierdas o, simplemente, progresistas. ¿Eran inevitables estas medidas para contentar a los “mercados” y que suscribieran la deuda pública a un diferencial razonable o había alternativas? Nunca lo sabremos, porque los ejercicios de ucronía son estériles. Veamos unos datos para comprobar el error de Bruselas al exigir una reducción brutal de los déficits, confundiendo la economía con la contabilidad.

Diferencial respecto al bono alemán en el mes de mayo (2010/2011)

• Portugal: 6,1% en 2010 y 6,9% en 2011

• Irlanda: 5,9% en 2010 y 7,4% en 2011

• Grecia: 12,4% en 2010 y 12,9% en 2011

Contemplando el cuadro anterior vemos el fracaso de las medidas que Bruselas obligó a tomar a Portugal, Irlanda y Grecia. A pesar de las brutales medidas antisociales tomadas por estos países en mayo del 2010 para reducir el déficit, los diferenciales de tipos de interés respecto al bono alemán no solo no han disminuido, sino que han aumentado, y a pesar de que ya se han empleado 273.000 millones (conjunto de los préstamos a estos 3 países) del fondo de rescate. Ahora los especuladores no confían en la solvencia de estos países y con razón: ante un déficit abultado y con el consumo estancado, a Bruselas (UE) sólo se le ocurre obligar a estos países –y también a España– a reducir el déficit disminuyendo el gasto. Con ello, la demanda agregada (Consumo + Inversiones + Exportaciones -Importaciones) no tira de la producción y se entra en una espiral contractiva de la economía. ¿Dónde habrán estudiado economía estos mequetrefes de Bruselas? En enero de este año se les ha ocurrido asentar el fondo de rescate que se creó en el 2010 en un fondo de rescate europeo (EFSF en sus siglas en inglés) por un importe de 750.000 millones de euros. Los burócratas de Bruselas discuten si esta cantidad será suficiente para futuros rescates o no, pero esa discusión está equivocada. Bruselas quiere actuar como si fuera el FMI, cuando en realidad debiera actuar su banco central como lo hace la Reserva Federal en USA. En efecto, todo eso podría ahorrarse si se variaran los estatutos del BCE para fijar como objetivo no sólo la inflación, sino el crecimiento y/o el empleo. De esta forma, el BCE debería estar dispuesto a suscribir deuda pública de cada uno de los países del euro sin previo aviso y evitando que los diferenciales de los bonos de los países del euro respecto al bono alemán se dispararan. Cometido el error por parte de Bruselas, no hay escapatoria, porque la regla básica del mantenimiento de la solvencia de los estados en la emisión de la deuda pública es la de que la tasa de crecimiento media no debe ser menor que la media de los tipos de interés a la que se suscribe la deuda, y con la obsesión de reducir el déficit por encima de todo, la insolvencia de los estados, tarde o temprano, está asegurada.

Volviendo a España, la cuestión ahora es si el PSOE tiene margen de maniobra para hacer una política social de aquí a las elecciones generales de marzo del 2012 que convenza a ese millón y medio de posibles votantes que esta vez le han negado su voto y, simultáneamente, que eso no asuste a los “mercados” que suscriben deuda española. En realidad sólo les queda una baza, una carta a jugar: el sistema fiscal. Si el PSOE estuviera dispuesta a una reforma fiscal radical, capaz de hacer pagar más a los que más tienen, a recuperar impuestos cedidos a las Comunidades (que en muchos casos estas han eliminado) y hacer creíble una lucha contra el fraude fiscal -y no sólo contra la economía sumergida-, podría tener el partido socialista gobernante alguna posibilidad, porque mostraría la diferencia entre un partido de izquierdas y uno de derechas; también porque el déficit para el 2012 y siguientes se reduciría ante el mayor aumento de ingresos sin necesidad de disminuir los gastos (6% de déficit previsto al final del 2011). Otra posibilidad -que no depende del PSOE- sería la de que el P.P. hiciera público sus verdaderas intenciones antes de las elecciones generales y que eso pudiera animar a los posibles votantes socialistas. No obstante, no hay que confiar en esa posibilidad, porque esta política de ocultación de su posible programa –según su consejero Arriola- les ha llevado a ganar holgadamente estas elecciones. Además, para mayor desastre, el presidente Zapatero ha declarado que seguirá con las mismas políticas (antisociales) hasta el final de la legislatura porque de ello –hay que sobreentenderlo– depende la continuidad de la financiación de lo público por parte de “los mercados”. En cuanto a la disminución del paro a corto y medio plazo, no hay ninguna esperanza. Tradicionalmente la economía española –al menos en los últimos 30 años– sólo creaba empleo cuando crecía a un ritmo superior del 2%. Y a ello hay que añadir que el sector de mayor crecimiento del empleo por unidad de gasto era la construcción civil y ésta ha agotado sus posibilidades. Más dificultades. El sector que podría aumentar el empleo tomando el relevo de la construcción sería el de las políticas sociales –ley de la dependencia- y estas dependen ya de las Comunidades Autónomas al haber agotado el esfuerzo la Administración Central del Estado. Y estas comunidades están en mayor medida en manos del P. P. y con las arcas exhaustas. A medio plazo quedan 3 sectores con posibilidades: el turismo, todo lo derivado del idioma español y las exportaciones. Los dos primeros sectores pueden crear empleo por la poca –¡afortunadamente!– productividad necesaria para hacerlo, pero para eso se necesita tiempo. Y en cuanto a las exportaciones, ya se están comportando mejor de lo esperado y, sin embargo, eso no está aumentando la demanda agregada lo suficiente para crear empleo. Y no hay más. No hay “cambio de modelo económico” milagroso -como les han hecho creer a los sindicatos- que suplan lo perdido en la construcción, ni milagrosas inversiones en I+D+i que vayan a crear millones de empleos. Los sindicatos debieran reivindicar ya una mejor redistribución de la renta y una cobertura universal no contributiva para las personas y familias que no tienen ninguna fuente de ingresos, porque no hay medidas milagrosas si la economía no crece por encima del dato señalado, y no lo va a hacer en mucho tiempo. Si el sucesor de Zapatero es Rubalcaba ya puede ir afinando la varita de los milagros, porque ésta sí va a tener trabajo.

El dilema del PSOE: Bruselas o su electorado
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