jueves 05.12.2019

El deseado punto G (Global)

NUEVATRIBUNA.ES - 16.07.2009La crisis económica y financiera internacional ha demostrado la necesidad de diseñar una nueva gobernanza mundial para poder prevenir y dar respuesta a las diferentes crisis. Durante el último año, hemos asistido a la revalorización de las reuniones llamadas "formaciones G".
NUEVATRIBUNA.ES - 16.07.2009

La crisis económica y financiera internacional ha demostrado la necesidad de diseñar una nueva gobernanza mundial para poder prevenir y dar respuesta a las diferentes crisis. Durante el último año, hemos asistido a la revalorización de las reuniones llamadas "formaciones G". Y es que la “G” se ha convertido en la letra más representativa del siglo XXI: la “G” de la Globalización o de la Gobernanza global. Y entre las “formaciones G”, la más importante y conocida hasta ahora era la del G-8, el exclusivo grupo de países más industrializados formado por Francia, Reino Unido, Alemania, Italia, Japón y EE.UU, a los que se sumó Canadá en 1976 y Rusia en 1997. Un selecto club que ha dominado la gobernabilidad económica (y también política) hasta el "tsunami financiero" de 2008.

Tras la emergencia de la crisis financiera y económica global, el G-8 se ha visto desbordado por los acontecimientos y se ha visto obligado a ampliar la mesa a los Outreach Five, los llamados G-5, representado por las economías emergentes de Brasil, China, India, México y Suráfrica, así como a otros países importantes de diversos continentes como España, Australia, Arabia Saudí, Corea del Sur o Turquía para conformar el G-20. Un Foro que parece constituir la base de una nueva gobernanza de sistema económico y financiero internacional, para dar respuesta a la gobernabilidad de un siglo XXI que trabaja todavía con instituciones políticas y financieras del siglo XX.

Pero más allá de la discusión sobre el formato de las “formaciones G” y de quién las compone, hay una reflexión que se impone. Lo importante no es quién está sentado en la reunión, sino para que sirven y qué acuerdos se toman. Tras la reunión del G-20 de Washington del 15 de noviembre de 2008 y la posterior del 2 de Abril de 2009, teníamos la impresión de asistir al fin de una época, el del paradigma económico neo-liberal y del unilateralismo económico y político. Hoy, apenas unos meses después, no sabemos exactamente qué tipo de época estamos iniciando y hacia adonde nos dirigimos. Muchos creímos que ante las devastadoras consecuencias de las crisis, asistiríamos a la emergencia de un nuevo orden financiero y económico internacional más regulado y más justo, que veríamos emerger una nueva teoría económica que sustituyera a las utopías regresivas del fundamentalismo de mercado. Pero a medida que se va superando la parte más dura de la crisis financiera y de sus efectos sobre la economía real, parece observarse una pérdida del potencial reformista reclamado por todos tan sólo hace unos meses.

La OMC ya está avisando del daño que para los países en desarrollo ocasiona el llamado "proteccionismo financiero" debido al giro nacionalista de los países ricos. Los préstamos transfronterizos a los mercados emergentes se han reducido drásticamente. La inversión extranjera directa disminuyó en 285.000 millones de dólares en 2008, un 15% menos que el año anterior. La caída de las remesas de emigrantes es de entre el 8% y el 5%, y parece que asistiremos a una predecible reducción de la ayuda oficial por parte de varios países europeos. Todo ello se viene a sumar al llamado "proteccionismo de baja intensidad" que se difunde a través de los paquetes de estímulo económico y de apoyo financiero de los Gobiernos para afrontar la crisis, con imposiciones de compras públicas a empresas nacionales -Buy American, (compre americano) que se ven replicadas por el Buy Canadian, el Buy Chinese o el Buy French.

Las formaciones G parecen instalarse de modo definitivo como el formato más práctico para afrontar los retos del siglo XXI y en especial la crisis económica y financiera o el gran reto del cambio climático. Es el triunfo de la supuesta eficacia frente a la legitimidad democrática. Aunque la última reunión del G-8 de l’Aquila apenas hace unos días, con su flamante anfitrión Berlusconi al frente (más insignes invitados como Ghadafi), ha demostrado que Cumbre tras Cumbre se repiten las declaraciones bienintencionadas pero no se observan resultados tangibles. Eso sí, todos quieren estar allí sentados. Si no estás en ellas parece que no existes. Y es que hemos entrado en una carrera mundial de los líderes políticos por la búsqueda del deseado “punto G”. Ese punto que llena de gozo y satisfacción al que logra encontrarlo, aunque a veces puede ser tan efímero como los resultados de las reuniones de las “formaciones G”.

Pau Solanilla es asesor en temas europeos. Ha sido secretario general de los Jóvenes Socialistas Europeos.

El deseado punto G (Global)
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