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jueves. 29.09.2022

El comienzo de otros treinta años de reconquista de derechos

Nadie el pasado 20 de Noviembre podía imaginar que los trabajadores afrontaríamos este primero de mayo como una fecha más que se suma a las que durante todo este 2012 están llenando el calendario de movilizaciones sociales. Y es que aún no han transcurrido seis meses desde que estrenáramos Gobierno y nuestro país comienza a estar irreconocible.

Nadie el pasado 20 de Noviembre podía imaginar que los trabajadores afrontaríamos este primero de mayo como una fecha más que se suma a las que durante todo este 2012 están llenando el calendario de movilizaciones sociales. Y es que aún no han transcurrido seis meses desde que estrenáramos Gobierno y nuestro país comienza a estar irreconocible. Y digo comienza porque casi todo lo que ahora se está haciendo -“reformando” según el Gobierno-, aún no ha tenido efectos plenos sobre la ciudadanía. Es decir, por más que a los que avisamos de los efectos de las medidas del Gobierno se nos quiera llamar agoreros, pesimistas, o creadores de alarma social, la realidad es que esto aún no es nada comparado con lo que pueda ocurrir cuando tan descomunal paquete de recortes del estado de bienestar (descenso de salarios, subida de impuestos, repagos, mas toda la letra pequeña escondida en los decretos que aparecen en el BOE cada sábado) entre plenamente en vigor.

Ninguno de nosotros podía prever que la política, no sólo económica sino social, educativa, sanitaria, etc., marcada por Alemania tenía como objetivo acabar decididamente con la historia de España, con los últimos treinta años de nuestra historia transcurrida en el periodo democrático. Incluso yendo un poco más allá, acabar con la democracia tal y como en nuestro país la habíamos conocido, imponiéndonos (aun habiéndolo votado) un presidente que cumple a la perfección con los modos y gestos de los mejores presidentes tecnocráticos europeos.

De ahí la falta de “trabajo parlamentario” de nuestro presidente o el intolerable anuncio de eliminar el debate del estado de la nación. Cierto que el Partido Popular ostenta la mayoría absoluta del Congreso, pero ello no es excusa para que los profundos cambios que se están programando y, sobre todo, si éstos afectan a derechos que hasta ahora ostentábamos los ciudadanos, sean debatidos o al menos conocidos por los restantes grupos parlamentarios. Porque la soberanía popular reside en el Congreso, no sólo en el partido que ostenta el Gobierno. A los ciudadanos se nos roba la soberanía interna y externamente. Internamente, porque el presidente aún no se ha dirigido a los ciudadanos. Y no es que no sepa hablar, es que ejerce una especie de “selección del público” hablando sólo para militantes en congresos de su partido. Para los ciudadanos, ni comparecencias en el Congreso ni una triste rueda de prensa a la salida de éste (de las que vergonzosamente le hemos visto huir). Externamente también se nos roba la soberanía al pueblo cuando los planes del Gobierno (como el último que nos condenará a pagar las autovías como si no las hubiéramos más que pagado ya), sólo los conocemos cuando se filtran de camino a Bruselas o Alemania, da igual.

El presidente pues cumple con ese papel premeditado de aguantar, resistir sin dar la cara ante el pueblo, porque en verdad él no gobierna para los ciudadanos, por tanto no considera someterse a su opinión. De ahí que sólo hable en sus congresos y sólo atienda a sus militantes, a los grupos de interés (patronal, banca, ricos, evasores fiscales, Iglesia) y, por supuesto, al Gobierno del cual España se ha convertido en protectorado: Alemania.

Pero por más que esto sea así, por más que sepamos perfectamente cuáles son las intenciones de este Gobierno y de nuestro presidente, hemos de ir con cuidado de no hacer interpretaciones erróneas de estos signos. Los últimos mensajes de Rajoy en el congreso del PP de Madrid nos dan la clave: “Aunque los ciudadanos protesten, el Gobierno seguirá con la agenda de reformas cada viernes”, agenda por cierto desconocida y que no encontramos en su programa electoral. Parecen incitarnos a que no hagamos nada, a que desistamos porque la protesta no servirá, pero esto es una gran mentira. Y lo sabemos. El asociacionismo en nuestro país está más vivo que nunca y buena prueba de ello es un detalle que quizás muchos hayan pasado por alto: este primero de mayo el protagonismo más allá de los sindicatos tradicionalmente convocantes de las manifestaciones, lo ha tenido la Plataforma para la defensa del estado del bienestar y los servicios públicos, integrada por más de cien asociaciones de todos los ámbitos, siendo éste un hecho sin precedentes en nuestra historia. Las calles están cada vez más vivas, venimos de una huelga el 29M que el Gobierno sabe que fue un éxito y que aunque la desdeñe, no lo hace así la patronal ante la posibilidad de una nueva convocatoria de huelga. Y todos, el Gobierno incluido, somos conscientes de que históricamente en nuestro país ha sido esta lucha, personificada en el primero de mayo, la responsable de los cambios y, por tanto, la única capaz de hacer rectificar a éste o a cualquier otro gobierno.

Por todo esto, el Gobierno debería saber que los trabajadores afrontamos este primero de mayo como ya se ha hecho en nuestro país en otra época. Lo supimos hacer entonces y lo sabremos hacer de nuevo ahora: en el momento inicial de la lucha por nuestros derechos y nuestro trabajo. Lo hicimos hace 30 años, tras la dictadura, lo haremos ahora que el Gobierno, lo sabemos, quiere acabar con todo. Estaremos a la altura de las difíciles circunstancias como ya lo estuvimos entonces, dando lugar, desde nuestra lucha, al desarrollo de derechos y libertades que han hecho crecer a nuestro país.

Sr. Rajoy, ni usted ni su partido tienen autoridad moral para enarbolar la bandera de la austeridad y destruir nuestro estado del bienestar. Baste mirar los casos de corrupción en la Comunidad Valenciana, medidas como la amnistía fiscal o ejemplos de falta de equidad como el del alcalde de Tres Cantos, del PP, que se acaba de subir el sueldo a nivel de presidente del Gobierno, para darse cuenta de su dudosa fuerza moral para imponer una nueva era que marque el fin del estado del bienestar, una fuerza amparada en corruptos, defraudadores y aprovechados.

Puede que necesitemos 30 años, pero la lucha no va a cesar, porque esta ya hizo crecer a nuestro país y, sin embargo, sus recortes sólo traen parálisis y recesión. Por eso, más allá del PP y de Rajoy y hasta de Merkel, la lucha sindical y su símbolo en el 1º de mayo seguirán haciendo de motor del crecimiento de la sociedad y, en especial, de sus clases trabajadoras.

El comienzo de otros treinta años de reconquista de derechos
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