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sábado 21/5/22

El cambio climático es cosa de todos

El calentamiento global no es un calentón de neuronas de los ecologistas. Y no ha sido la campaña mediática de Al Gore la que ha llevado a esta certeza, aunque hay que reconocerle que ha servido para proyectar mundialmente el problema más grave al que se enfrenta el conjunto de la humanidad.
El calentamiento global no es un calentón de neuronas de los ecologistas. Y no ha sido la campaña mediática de Al Gore la que ha llevado a esta certeza, aunque hay que reconocerle que ha servido para proyectar mundialmente el problema más grave al que se enfrenta el conjunto de la humanidad. Hace ya más de veinte años que la comunidad científica viene advirtiendo a través de informes periódicos de lo que se nos venía encima y por ello en 1997 las Naciones Unidas aprobaron el Protocolo de Kyoto, que debería haber sido el instrumento de la comunidad internacional para combatir el aumento galopante de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que es la causa del calentamiento.

El último informe del Grupo de Expertos de la ONU, confirmó las investigaciones anteriores y situó aún más alto el nivel de inquietud de los científicos ante este fenómeno, que han determinado que la velocidad y alcance de las alteraciones son mayores de las previstas, adelantando a las próximas dos décadas, los cambios que en estudios anteriores se preveían a más largo plazo y que se prevén catastróficos para numerosos ecosistemas y las especies que de ellos dependen, así como para las condiciones de vida de cientos de millones de personas.

Cabe preguntarnos si cada uno de nosotros podemos hacer algo para influir de alguna manera en un proceso que nos supera.

Las decisiones en una economía globalizada y regida por complejos mecanismos son tomadas por los agentes económicos transnacionales, las grandes corporaciones financieras e industriales y en menor medida por los organismos de gobierno económico mundial y comunitario o nacional. La “mano invisible del mercado” es hoy un entramado regido por mecanismos no siempre controlables, en los que la racionalidad y el objetivo social que debería tener la economía brillan por su ausencia, por lo que los cambios para reconducir el actual modelo hacia la senda de la sostenibilidad son complicados y están, en principio, muy alejados de los ciudadanos corrientes. Sin embargo, como sujetos conscientes de un país democrático, perteneciente a la Unión Europea, sí tenemos la responsabilidad de hacer lo que esté en nuestra mano para mitigar este problema, ya que están a nuestro alcance mecanismos de participación social y política que no se tienen en muchos otros lugares del mundo. Desde luego, cualquier ciudadano europeo, por poco que pueda hacer ante esta situación, siempre será infinitamente más de lo que pueden plantearse aquellos de otras latitudes, cuyo objetivo es conseguir cada día la ración de alimentos mínima vital, para ellos y sus familias.

Es posible influir positivamente, forzando a las administraciones públicas a tomarse en serio el problema, a legislar y adoptar medidas de gobierno que vayan encaminadas a cumplir el Protocolo de Kyoto, del que nos estamos alejando y a cumplir nuestro compromiso como país de que nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en 2012, no excedan del aumento del 15 % con respecto a las de 1990, cuando ya estamos por encima del 50 % de incremento.

Podemos y debemos exigir que nuestros gobernantes adopten medidas para limitar el uso del vehículo privado en la ciudad, que utilicen combustibles limpios para el transporte público y que doten de sistemas de energías renovables los edificios públicos, que ahorren emisiones de CO2, como los sistemas de captación de energía solar térmica y fotovoltaica.

En otros países ya lo han conseguido en alguna medida, por ejemplo en Alemania, en donde la presión de los movimientos sociales y de la opinión pública, han conseguido que la gran potencia industrial europea, haya logrado estabilizar sus emisiones de gases invernadero.

Podemos hacer mucho por mitigar el cambio climático: participando activamente en las movilizaciones, como las manifestaciones que se convocan,
apoyando las medidas en cumplimiento de los acuerdos internacionales de España, aunque algunas veces nos causen molestias y también aplicándonos el cuento a nuestra vida privada: por ejemplo, en días de lluvia o nieve, lo más cómodo y racional es ponerse el chubasquero o el abrigo y no “ponerse el coche”.

Quizás estemos aún a tiempo, pero todo depende de nosotros, de todos y cada uno de nosotros.

El cambio climático es cosa de todos
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