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jueves. 02.02.2023

El año en el que el euro vivió peligrosamente

nuevatribuna.es | 04.01.2011En España el PIB ha vuelto a disminuir, el paro alcanza su nivel más alto de los últimos diez años, la prima de riesgo de nuestra Deuda Pública acaba el año más alta que cuando la crisis griega, alcanzando su nivel más alto desde la introducción del euro, la Bolsa renquea y el déficit público, aunque se reduce mas rápido de lo previsto, sigue anormalmente alto para lo que nos exigen

nuevatribuna.es | 04.01.2011

En España el PIB ha vuelto a disminuir, el paro alcanza su nivel más alto de los últimos diez años, la prima de riesgo de nuestra Deuda Pública acaba el año más alta que cuando la crisis griega, alcanzando su nivel más alto desde la introducción del euro, la Bolsa renquea y el déficit público, aunque se reduce mas rápido de lo previsto, sigue anormalmente alto para lo que nos exigen nuestros socios de Maastrich.

En Europa, el último Consejo Europeo no ha disipado la desconfianza en el euro porque las medidas que ha adoptado no están a la altura de lo problemas que afectan a la moneda única. Y a pesar de que se ha lanzado un salvavidas a Irlanda las grandes cuestiones que se han planteado durante este turbulento 2010 se seguirán planteando en el 2011. ¿Cómo hemos llegado hasta esta situación, porque las sucesivas medidas adoptadas por los gobiernos no han tranquilizado a los mercados? ¿La zona euro es aún viable? ¿Qué países pueden estar tentados por abandonarla? ¿Cuáles serían las consecuencias y como podrían evitarse?

Y sin embargo , soy de los que creen que se exagera mucho el riesgo de implosión del euro y de abandono de la moneda única por parte de unos o de otros. Nadie tiene realmente interés en salir de su coraza protectora y por eso todos seguirán dentro de la unión monetaria mientras tratan de que también sea una Unión económica.

Si Grecia, Irlanda, Portugal o incluso España tuvieran que volver a sus viejas monedas de antaño, éstas se hundirían inmediatamente y los males que ello traería serían mucho mayores que las ventajas a la exportación. El pago de unas deudas, públicas y privadas, que seguirían denominadas en euros sería insoportable. Y el mayor precio del petróleo y los productos importados provocaría una inflación que devaluaría todavía más el poder de compra. No, ciertamente, la salida del euro no sería el camino de la salida de la crisis.

Tampoco los dos países del núcleo duro, Francia y Alemania, aquéllos por y para los cuales la UE existe, tendrían interés en dinamitar la pieza más importante de la construcción europea. A la que, por cierto, en enero se va a incorporar un nuevo país, la pequeña Estonia, modelo de estabilidad presupuestaria en medio de la crisis. Las razones para Francia son las mismas que para los países en dificultad. En la segunda mitad del siglo XX (1950-2000) el franco se devalúo un 180% con respecto al marco alemán y a pesar de eso el déficit comercial francés con respecto a su vecino alemán no dejo de aumentar. No es por la vía de una nueva devaluación que Francia encontraría un mayor dinamismo.

Y para Alemania, por razones inversas, una reevaluación incontrolada del nuevo “deutschmark” dificultaría gravemente sus exportaciones y no sólo hacia Europa.

Pero más que de prospectiva, éste es un momento de recapitulación. A principios de 2010 el euro gozaba de buena salud y no inspiraba desconfianza, a pesar de que los problemas nacionales eran bien conocidos: déficit presupuestario griego, crisis bancaria irlandesa, pérdida de competitividad en España. Han sido los titubeos de los gobiernos y sus compromisos para la galería los que han hecho que el euro viviese peligrosamente. Las medidas caso por caso no han hecho sino extender el contagio y señalar la siguiente víctima de la especulación financiera.

Durante el invierno no se quiso ver las orejas del lobo y se dejo que la crisis griega contagiara a otros países. Una respuesta contundente de la UE hubiera evitado que el problema de Grecia se convirtiese en un problema para el euro. Pero los gobiernos, condicionados por la actitud alemana de castigar a los que habían incumplido las reglas antes de ayudarles ,se dedicaron a jugar al póquer con los mercados, con amenazas de intervencion que ellos mismos se encargaban de desacreditar con sus contradictorias declaraciones.

En la primavera los gobiernos ya habían perdido la partida frente a los mercados. La especulación hacía imposible financiar el déficit griego y Portugal, Irlanda y España estaban en el punto de mira. Llegamos al dramático fin de semana del 9 de mayo, por ironía del destino día de Europa, con la decisión de ultima hora de crear un fondo europeo de rescate (European Finantial Stability Facility,ESFS) de 750.000 millones de euros para evitar el colapso de Grecia y una oleada especulativa contra el euro.

Mejor tarde que nunca, podríamos decir para consolarnos, pero aunque la EFSF haya sido un paso de gigante que hubiera sido impensable unos meses atrás, lo cierto es que el ritmo y los procesos de decisión europeos alimentaron la crisis en vez de detenerla.

Si la primavera fue mala, el otoño ha sido peor. Después de Grecia, Irlanda .Y la reacción de los mercados al plan de ayuda a Irlanda a través del EFSF demuestra que el problema no es la situación de un pequeño país sino que es más de fondo. El programa de saneamiento irlandés va a machacar a las familias pero salva a los que habían asumido el riesgo de prestar cantidades irracionales de dinero a los Bancos. Y tanto en Irlanda como en Grecia, la ayuda se concede a un tipo de interés punitivo que hará muy difícil que se pueda estabilizar el ratio Deuda pública/PIB.

Hasta ahora la respuesta básica ha sido el rigor presupuestario, que se ha impuesto en toda Europa para satisfacer a las exigencias de los mercados . “Hay que calmar a los mercados”, decía Trichet en su reciente visita al Banco de España, como argumento inapelable que justificaba el retraso en la edad de jubilación. Esta frase la repiten los responsables políticos europeos y nacionales como si los mercados fuesen una especie de cruel divinidad a la que hay que ofrecer sacrificios continuamente. Pero esos sacrificios tienen un efecto cada vez más corto como el caso español e irlandés ilustran cotidianamente.

El invierno nos ha traído la última respuesta a la crisis. La creación de un mecanismo permanente por el Consejo Europeo para hacer frente a las crisis de los Estados miembros (European Stability Mechanism,ESM), que entrará en vigor cuando el EFSF caduque en 2013. Para ello hará falta una reforma “menor” del recién estrenado Tratado de Lisboa, que deberá ser ratificada a finales de 2012.

Una vez más, la decisión viene acompañada de las contundentes declaraciones acerca de la inquebrantable voluntad de hacer lo que haga falta para salvaguardar el euro. Pero también una vez más parece que Europa hace demasiado poco y demasiado tarde, o por lo menos no lo suficiente y demasiado despacio. En todo caso, como ha dicho el director del FMI, D. Strauss Kahn, “Europa va más despacio que los mercados”.

El paso del EFSF al ESM es sin duda una mejora. Pero mucho me temo que no será suficiente para vencer la desconfianza sobre el euro.

Para vencerla haría falta la creación de los eurobonos, como ha propuesto el presidente del Eurogrupo, J. C. Juncker, y que ha sido tajantemente rechazada por Alemania. Sólo así los países en dificultades podrán financiarse a tipos razonables. Se dice que Irlanda o Grecia son insolventes, pero si Alemania tuvieses que financiar su deuda al 9%, también acabaría siendo insolvente en poco tiempo.

Es imprescindible ampliar la cooperación macroeconómicas para reducir las diferencias de competitividad que son el verdadero problema, pero sin reducir al mínimo común denominador los derechos sociales. El presidente del grupo socialista en el Parlamento Europeo decía en un reciente artículo que no es recortando loe elementos básicos del sistema social europeo como vamos a salir de la crisis. Pero ,desgraciadamente, por ese camino vamos.

Hace falta también un verdadero presupuesto europeo, hoy limitado al 1% del PIB. Para ello hay que dar a la UE un sistema de recursos propios que financie las políticas comunes adecuadas para corregir de forma positiva las diferencias de competitividad. Hoy, todo el esfuerzo de solidaridad a través del Presupuesto comunitario es del orden de 40.000 millones de euros, más o menos lo que la UE va a inyectar en los Bancos irlandeses. Pero también esa vía parece cegada ante la coalición de Francia, Alemania y el Reino Unido para congelar el presupuesto europeo para los próximos siete años.

Y finalmente, hay que limitar las posibilidades de la especulación contra las Deudas públicas europeas. Para ello el BCE debe intervenir comprando Deuda pública como hace la Reserva Federal americana y se deben prohibir operaciones de venta a descubierto sin lo cual ningún fondo de salvamento podrá tapar un pozo sin fondo.

Esos son los deberes que 2010 nos deja para 2011 y siguientes, porque este programa no es para un solo año. Son objetivos difíciles de conseguir, ni son una tarea para un solo año, pero son necesarios para que el euro deje de vivir peligrosamente y se convierta en un instrumento al servicio de la prosperidad y el bienestar de la sociedad europea.

Josep Borrell

El año en el que el euro vivió peligrosamente
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