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jueves. 01.12.2022

Directiva de Defensa Nacional (I)

La Directiva de Defensa Nacional (DDN) es el documento máximo del planeamiento de la defensa en España y ocupa el lugar principal tras la Ley Orgánica de la Defensa Nacional (5/2005) en la política de defensa española. Ha habido ocho D.D.N.

La Directiva de Defensa Nacional (DDN) es el documento máximo del planeamiento de la defensa en España y ocupa el lugar principal tras la Ley Orgánica de la Defensa Nacional (5/2005) en la política de defensa española. Ha habido ocho D.D.N. desde la transición (1980, 1984, 1986, 1992, 1996, 2000, 2004 y 2008, coincidiendo con la asunción de los nuevos gobiernos, ya que cada uno ha elaborado la suya al asumir el poder), aunque es imposible encontrar en la red el texto de aquellas previas a la de 1996, ni siquiera en la página web del Ministerio de Defensa (esto habla bien a las claras de que no se favorece el conocimiento íntegro de las políticas de defensa en el estado y que entorpecen hacer análisis de evolución histórica). 

En la D.D.N. se establecen las líneas generales de la política de defensa y las directrices para su desarrollo. Estas directrices constituyen la base que orienta todo el posterior proceso de Planeamiento de la Defensa. Es pues, el documento máximo en cuanto a fijar objetivos y metodologías en las cuestiones de Defensa, de ahí su importancia y la necesidad de democratizar su elaboración.

Una de las primeras medidas que adoptrá Rajoy será, precisamente, firmar una nueva D.D.N. y de ahí nuestra preocupación por intentar evitar que, una vez más, se haga de hurtadillas y sin transparencia ni debate democrático.

¿Cómo se hace?:  la falta del mínimo proceso democrático.

Desde la primera Directiva de Defensa Nacional en los años 80, el trámite de aprobación de las directivas ha sido bastante asombroso y de bochornosa ausencia de calidad democrática: eran aprobadas por el presidente del gobierno y, más tarde, éste desclasificaba el secreto del documento, parcialmente, para darlo a conocer al parlamento (por donde no pasaba para ser debatido y votado) y a la opinión pública.  Nótese bien el hecho: lo daban a conocer, pero no a aprobar (ya lo estaba), ni importaba nada lo que se opinase de él porque ya era un documento oficial firmado por el gobierno.

Este sinsentido atravesó los gobiernos de González y Aznar y sólo en 2004, con Zapatero como presidente y Bono como Ministro de Defensa, la DDN se desclasificó totalmente y pasó a ser pública (Europa Press, 10 diciembre 2004). Algo se avanzó, pero no todo lo preciso, porque al Parlamento la seguían llevando ya aprobada, con lo que se continuaba imposibilitando el debate, el control parlamentario, la aprobación de modificaciones, alternativas u otros peros.

A pesar de la importancia del documento, ningún partido político ha incluido hasta ahora en sus programas electorales la necesidad de democratizar la metodología de la toma de decisión.  Es curioso, y da a entender que todos los partidos están de acuerdo en que el documento máximo en política de defensa no se apruebe de manera democrática, con debates parlamentarios públicos, con un periodo previo de información y participación social, con debates parlamentarios, con presentación de enmiendas, con votaciones,... Lo anterior es totalmente válido para PP y PSOE que han detentado el poder y no han hecho los esfuerzos necesarios en pos de la profundización democrática en este crucial aspecto de la política nacional.  También lo serían en muy buena medida para socios parlamentarios de ambos partidos que han sostenido diversos gobiernos (PNV, CiU, Coalición Canaria).  Pero se entiende poco por qué los partidos de izquierda han aceptado este sinsentido y tampoco han sido críticos ni propositivos al respecto.  Parece que a la mayoría de los partidos les interesa mantener el status quo y los demás se dejan llevar por una cierta desidia que desdice mucho su vocación de oposición o de alternativa.

Cómo debería hacerse:

 

A nuestro juicio no hay que inventar nada: simplemente hacer como en tantos otros aspectos de la política pública española: con el suficiente y plural debate social y político, lo que incluye disponer no sólo de los obscuros “expertos” militares y de la influencia de los lobbys del “complejillo militar-industrial” español, sino con la opinión de las organizaciones sociales, académicas, políticas, etc., que componen la complejidad de nuestra sociedad; y mediante una oportuna, democrática y transparente tramitación parlamentaria.

A nadie se le ocurriría, por ejemplo, sustraer de estos requisitos la política educativa, o hacerla de espaldas a la comunidad educativa o al Parlamento. O, por poner otro ejemplo, para elaborar la planificación de la política de ciudadanía e integración en España, se ha contado previamente con un amplio trabajo de administraciones, organizaciones sociales, mundo académico, etc., de elaboración de propuestas y se ha generado un debate y una deliberación cualificada antes de elaborar dichas lineas maestras.

Qué suelen decir las directivas:

Hemos tomado como referencia la DDN de 1996, la primera de Aznar en el poder, porque no disponemos de otra más antigua pública y porque en esa legislatura se dieron los pasos básicos de nuestra actual (y continuista) política de defensa: pasó al ejército profesional, hito destacado en la evolución de la Política de Defensa y se emprendió el ciclo armamentista de adquisición de grandes (y costosos) programas de armamento español (justo los que ahora lastran el presupuesto de defensa y hacen inviable su pago). También porque, casualmente, en aquel entonces era protagonista principal, como Secretario de Estado de Defensa el que hoy es Ministro del ramo y es importante juzga en sus términos los “logros” de la política de defensa promovida desde el PP.

De las 4 directivas disponibles desde entonces (dos del PP y dos de PSOE) hemos entresacados los aspectos que figuran (como mantras que se repiten) en ellas y que les dan uniformidad sea cual sea el color del gobierno.  No hay que olvidar que para los dos partidos que se turnan en el poder, la defensa es un asunto de Estado (con ello entienden que ambos partidos están de acuerdo en que todo permanezca igual:  secretismo, militarismo, violencia, armamentismo, comercio de armas, favorecer a la industria militar, …).

En todas las DDN es necesario:

  1. Actualizarlas por las variaciones en los últimos acontecimientos nacionales e internacionales.  Siempre son necesarios los planteamientos novedosos y los cambios de mentalidad, por ello siempre se está buscando un nuevo concepto de seguridad y defensa:  ya en 1996 se cita a la OTAN para hablar de un nuevo concepto de seguridad y defensa.  Además, desde el año 2000 se busca realizar una Revisión Estratégica de la Defensa, donde se aborden de manera global y conjunta las cuestiones orgánicas, funcionales y operativas.  Es curiosa esta necesidad de constante actualización cuando ambos partidos están de acuerdo en todo y salvo cuestiones de redacción nada cambia de una DDN a otra.
  2. Lo militar porque siempre existen conflictos que son amenazas potenciales, siempre son un riesgo la proliferación de armas nucleares, biológicas o químicas, que según las Directivas son los elementos que configuran la novedad del escenario mundial..  También parece imprescindible esconder cuál es nuestro posible enemigo militar en frases confusas:  “el escenario estratégico actual caracterizado por la ausencia de amenaza clara y definida a nuestro territorio y por la aparición, sin embargo, de riesgos asimétricos, crisis y conflictos que comprometen la paz, la seguridad y la estabilidad en muchas regiones del mundo que pueden afectar a nuestra propia seguridad y, en consecuencia, requerir una respuesta por parte de España”  (DDN 2000).  A partir de la DDN de 2004 (con Zapatero en el poder) también se tiene en cuenta “el terrorismo de carácter transnacional y alcance global, con gran capacidad de infligir daño indiscriminadamente”.
  3. Reconocer como coartada los grandes ideales:  se busca un orden internacional estable y seguro, basado en la convivencia pacífica, en la defensa de la democracia y de los derechos humanos y en el respeto a las normas del derecho internacional.  También es necesario recurrir a las funciones clásicas del ejército:  proteger la soberanía, la independencia, la integridad territorial, el ordenamiento constitucional, proteger la vida, la paz, la libertad y la prosperidad de los españoles y los intereses nacionales.  Aunque desde hace décadas ya se reconocen a los ejércitos otras funciones más expansionistas e intervencionistas y, por lo tanto, siempre es necesario que más allá de las tradicionales misiones de disuasión y defensa del territorio nacional, que constituyen la razón de ser de las Fuerzas Armadas, se avance en utilizarlas como instrumento de la acción exterior del Estado, de nuestra presencia en Europa y del cumplimiento de nuestros compromisos.  Por ello, las FAS actúan, cada vez con mayor frecuencia, en tareas de ayuda humanitaria o en operaciones proteger los intereses estratégicos españoles allá donde se encuentren.  En consonancia, siempre es necesario consolidar la presencia de España en las organizaciones internacionales de seguridad y defensa.  También asumir las responsabilidades y compromisos que de ello se derivan.  Por ello, siempre es necesario que los ejércitos tengan capacidades conjuntas para la proyección del potencial militar (eufemismo de invasión) más allá de nuestras fronteras.  Además, en los 90 había una búsqueda de fomentar el pilar europeo de la OTAN y la propia estructura y política europea de seguridad y defensa (Política Europea de Seguridad y Defensa).  Este concepto ha ido decayendo en los discursos y sobre todo en las prácticas.  Por otro lado y como mero papel mojado se usan argumentos más pacíficos como que la política exterior española deba basarse en “el respeto escrupuloso a la legalidad internacional como medio para la resolución de conflictos;  en el reconocimiento de las Naciones Unidas como organización responsable de velar por la paz y seguridad internacionales, y hará hincapié en una utilización más eficaz de los instrumentos políticos, diplomáticos, económicos y sociales para el arreglo pacífico de controversias y prevención de conflictos, de modo que la acción militar se contemple como un último recurso”.  También se suele señalar que siempre es necesario contribuir en las iniciativas de control de armamento y desarme.  ¿Cuáles de estos objetivos se plasman en políticas concretas y cuáles no dejan de ser tinta en el papel?
  4. La modernización y mejora de las FAS, la mejora de su eficacia, la necesidad de que sean menores sus efectivos, pero a cambio de mayor operatividad y disponibilidad operativa (sobre todo para las actuaciones fuera de nuestra frontera en “intervenciones de paz”). Siempre es necesario mejorar su estructura y funcionalidad:  potenciar los sistemas y actuaciones conjuntas de los tres ejércitos, hacerles más móviles, flexibles y más aptos para la acción conjunta e interoperables con las de nuestros aliados.  También es necesario evitar duplicidades y racionalizar las estructuras, organización e infraestructuras (por ejemplo, las sucesivas reestructuraciones del Estado Mayor de la Defensa, reestructuración de los servicios de inteligencia, puesta en marcha del Mando de Operaciones de las FAS).
  5. Que la sociedad española comprenda, apoye y se sienta comprometida con los objetivos de la D.D.N.  Siempre es necesario promover una mayor implicación del sistema educativo general el conocimiento de la defensa y el compromiso de la sociedad con ella.  Por lo tanto, siempre es necesario avanzar en el objetivo de que la sociedad española en su conjunto ha de estar involucrada en la cuestión de la defensa.
  6. Son necesarios recursos, alcanzar un punto de equilibrio entre inversión y sostenimiento, estrechar los lazos con la industria militar, mejorar la tecnología.
  7. Potenciar la defensa civil que haga posible la aportación de los demás ministerios a la defensa en caso de emergencia.

Directiva de Defensa Nacional (I)
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