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sábado 28/5/22

Diez propuestas para revolucionar la izquierda

La sustitución del franquismo se consiguió con luchas, pero sobre todo con ideas alternativas. El pragmatismo hubiera conducido a la pervivencia del sistema a través de simples reformas. Una. Ética, ideas, utopía y rebeldía en lugar de pragmatismo. Hay que proponer un sistema alternativo al del neoliberalismo actual con una democracia “más democrática”.

La sustitución del franquismo se consiguió con luchas, pero sobre todo con ideas alternativas. El pragmatismo hubiera conducido a la pervivencia del sistema a través de simples reformas.

Una. Ética, ideas, utopía y rebeldía en lugar de pragmatismo. Hay que proponer un sistema alternativo al del neoliberalismo actual con una democracia “más democrática”. La simple mejora, la simple evolución lleva al fracaso actual. Y esa “idea” debe tener un componente utópico en sus sentido original, no en el de fantasía, recuperando la ética y el bien común por encima del interés individual e individualista.

Dos. La vuelta a la sociedad. Cambiar el modelo de partido como máquina de confeccionar listas bajo el concepto de “quien se mueva no sale en la foto” y la sumisión al jefe. No es tan difícil. La sociedad civil está viva, estructurada en un montón de asociaciones como apas, centros culturales, clubs deportivos, sindicatos, universidades, fundaciones, y un largo etc. Cuando los líderes naturales de esa sociedad sean los representantes de los partidos de izquierda, partidos y sociedad habrán superado el abismo actual.

Tres. El partido en función de sus representados. Cuando ese partido esté insertado en la sociedad, su dinámica le obligará a proponer las alternativas que solucionen sus problemas, no las propuestas que contenten al líder. La conexión, y la dependencia, de un dirigente con esa sociedad le obligarán a elaborar propuestas viables si no quiere perder sus apoyos.

Cuatro. Incompatibilidad absoluta de cargos. Una persona, una responsabilidad. No se puede ser Presidente del Gobierno y Secretario del partido. Si un partido de izquierdas llega al poder, ningún miembro del Consejo de Ministros, subsecretarios y demás deben ser de la Comisión Ejecutiva. Separación total entre Gobierno y Partido. Separación total entre Ejecutivo y Grupo Parlamentario. Así a todos los niveles. No se puede ser alcalde del pueblo y el líder del partido. Las contradicciones y las polémicas que surgirían revitalizarían la democracia y la participación.

Cinco. Ni un dirigente sin una empresa detrás. Sin una nómina y una excedencia detrás, para ser más precisos. Huir del concepto actual de la profesionalización donde los políticos de izquierda acaban perdiendo la independencia y el sentido crítico porque su subsistencia depende de la decisión del jefe. Si su economía no depende de ello y puede volver a trabajar en su empresa al día siguiente de rebelarse, su partido y la sociedad ganarán con ello.

Seis. Democracia interna. No se puede dirigir a una sociedad democrática si esos partidos no lo son. En la sociedad de la información y el conocimiento todo se acaba sabiendo y la sociedad no reconoce a quien le exige una actitud democrática cuando en su partido cuesta un Potosí conseguirla.

Siete. Transparencia. El ocultismo es enemigo de la izquierda. Una vida política transparente ayudará a solucionar las contradicciones que toda organización tiene y ganará en prestigio ante la sociedad, ahuyentando a falsarios y embaucadores. Todo lo contrario de lo que se piensa y lo que se practica. A su vez , es imprescindible tener ese concepto de transparencia en la relación con los medios de comunicación.

Ocho. Institucionalización de las corrientes. Cualquiera que conozca un partido de izquierdas sabe de los bandos y hasta de las pandillas. Es mejor reconocerlos, organizarlos y darles el protagonismo que merecen. ¿Acaso alguien tiene más corrientes que la Iglesia Católica y lleva dos mil años funcionando?

Nueve. Inspección interna. Consecuencia de no aceptar algunas de las propuestas anteriores, la corrupción representa un lastre insoportable para la izquierda mimetizando un defecto que en la derecha forma parte de su adn. Si las empresas y la policía han sido capaces de evolucionar creando auditorías internas que les han librado de más de un desaguisado, no es comprensible que un partido moderno no tenga un cuerpo de inspectores capaz de combatir las tentaciones a meter la mano en la caja o al enriquecimiento a costa de la política.

Diez. Modernización de los partidos. En pleno Siglo XXI, en medio de la revolución informática, con la sociedad descubriendo las redes sociales, no se puede vivir bajo un modelo del siglo diecinueve, casi leninista, sin vida política, encerrados en sus sedes. Se debería prohibir “vivir” dentro de ellas para obligar a sus militantes a “estar” dentro de una sociedad moderna. Hay que buscar un esquema más abierto que supere el de la sede, la agrupación, la ejecutiva y las listas electorales.

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