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miércoles. 06.07.2022

Déficit de futuro

Los acontecimientos se precipitan y se superponen. La situación de DSK, que ha pasado de ser uno de los hombres más poderosos del mundo a un justiciable que arriesga una dura pena por intento de violación, habrá hecho más difícil un acuerdo entre los europeos y el FMI para conceder una nueva ayuda a Grecia que impida su bancarrota.

Los acontecimientos se precipitan y se superponen. La situación de DSK, que ha pasado de ser uno de los hombres más poderosos del mundo a un justiciable que arriesga una dura pena por intento de violación, habrá hecho más difícil un acuerdo entre los europeos y el FMI para conceder una nueva ayuda a Grecia que impida su bancarrota. El vapuleo electoral que hemos sufrido los socialistas en las pasadas elecciones municipales y autonómicas parece haber debilitado tanto al PSOE que el partido no puede arriesgarse a celebrar unas elecciones primarias, con más de un candidato, tal como demandan sus estatutos. Los jóvenes, y menos jóvenes, “indignados” que han ocupado pacíficamente las plazas de España en las vísperas electorales manifiestan la creciente desafección hacia la forma de hacer política practicada por los grandes partidos y el déficit de futuro que siente una parte creciente de la población, el denominado “precariado”, constituida por los perdedores de la globalización.

Las manifestaciones que han tenido lugar en España se están imitando en Europa. Miles de “indignados” bajaban a la calle en Atenas y llenaban la plaza Syntagna en frente del Parlamento con eslóganes en castellano reproduciendo las ingeniosas frases de la Puerta del Sol. Mientras, el gobierno Papandreu aprobaba un nuevo plan de rigor con más subidas de impuestos y más reducciones de salarios y gastos públicos en un intento desesperado de demostrar su voluntad de reducir el déficit público y conseguir la financiación que necesita antes de finales de mes para evitar el tan temido “default” griego.

Tanto en Syntagna como en Sol, esas manifestaciones espontáneas y modélicas por el orden pacifico que guardan, gritan la angustia de una población que se siente abandonada e indefensa ante el paro, la pobreza y la falta de horizontes y esperanzas. La desafección hacia la política refleja el gigantesco déficit de futuro que sufre una sociedad sometida a drásticos ajustes para corregir errores de los que los más débiles no se sienten responsables y ciertamente no lo son.

Los resultados electorales en España, mucho peores de lo esperado para el PSOE muestran el rechazo hacia la gestión de la crisis que ha hecho el Gobierno. No se pueden justificar apelando a la crisis misma, como si fuese una circunstancia inapelable ante la cual cualquier Gobierno hubiese sido igualmente castigado por su impotencia. Además de la crisis, cuyo origen mundial no se puede imputar al Gobierno, el electorado ha mostrado su rechazo a la gestión política con la que se le ha hecho frente. Primero no la había y luego ya habíamos salido de ella, cuando en realidad todavía no hemos tocado fondo. El 9 de mayo del año pasado fuimos a Bruselas con una política económica y salimos con otra radicalmente diferente sin que esa voltereta haya sido adecuadamente explicada en sus causas y consecuencias.

La sociedad europea en general, y la española en particular, se debate hoy ante un sentimiento de grave injusticia. La crisis fue causada por un exceso de desigualdad en la distribución de la renta y va a generar una desigualdad mayor todavía sin que los gobiernos sean capaces de poner en marcha medidas redistributivas que repartan equitativamente el coste del ajuste. Los “indignados” que no pueden pagar su hipoteca ven cómo los grandes banqueros que se las cobran siguen acumulando sueldos obscenos y fabulosos derechos de pensión de decenas de millones de euros. Y para colmo Bruselas nos tiene que tirar de las orejas por no haber adoptado en el debido plazo la directiva comunitaria que limita los sueldos y los bonus de los directivos de los Bancos. Cómo no se va a indignar la gente…

Algunas medidas que tomó el Gobierno (bien es cierto que en momentos distintos con respecto a la realidad de la crisis) como suprimir el impuesto sobre el patrimonio y congelar las pensiones, que tienen un impacto presupuestario mas o menos equivalente, se presentan por muchos comentaristas como un ejemplo de la falta de sensibilidad social de las medidas de política fiscal. Y en cambio, los escándalos de corrupción y la presencia de imputados en las listas electorales apenas han castigado al PP, lo que demuestra una peligrosa desensibilización ética del electorado.

Y mientras, después de la retirada de la Ministra de Defensa, uno de los potenciales candidatos, el PSOE va a celebrar elecciones primarias con un solo candidato proclamado previamente por el Comité Federal. Se pueden entender las razones de los que argumentan que un debate entre dos ministros del mismo Gobierno y todavía en ejercicio, sería un proceso difícil de administrar con resultados inciertos en un momento de extrema debilidad ante el electorado. Pero las mal llamadas elecciones “primarias”, a las que habría que llamar elecciones internas directas, no son un capricho ni una opción potestativa sino una insoslayable exigencia estatutaria como demuestra el que a pesar de todo se hayan convocado formalmente aunque no se llegue a votar para elegir.

Las ventajas e inconvenientes relativos de las “primarias” versus un Congreso ha sido presentadas de forma muy maniquea. Según algunos las primarias dividen y los Congresos unen… Las primarias no serían sino un casting, un desfile de modelos, una descarnada lucha personal por el poder, un enfrentamiento fraticida, una batalla interna que no interesa a la gente… mientras que un Congreso sería un debate de ideas ajeno a conflictos de poder que permitiría salir unificados por sanos consensos ideológico. Como si en los Congresos no se eligieran también personas y no fuesen escenario, ciertamente menos transparente, de la lucha por el poder dentro de la organización. Los debates deben ser de ideas pero las ideas no crecen en los árboles, las conciben y las defienden las personas.

Primarias o Congreso, todo depende de cómo se haga. Desde luego, unas primarias convocadas a todo correr y celebradas en un plazo mínimo no aportan grandes soluciones a los males que afectan al proyecto socialista. Y al final, entre primarias y Congreso, la decisión ha sido ni una cosa ni otra o mas bien una versión edulcorada de ambas. Se cumple la letra de los estatutos convocando una elección con un solo candidato y en vez de un Congreso, que significaba elegir un nuevo Secretario General y, por ende, convocatoria anticipada de elecciones, se convoca una conferencia política para debatir una profunda reorientación ideológica en el plazo de dos meses. Parece poco tiempo para tan gran empeño y menos aún para corregir el déficit de futuro que atenaza hoy a las clases populares.

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